La Annie Muerta se había desvanecido, y Gerald seguía vivo y sin ningún rasguño...
Cuanto más pensaba Daryl en ello, más dolor sentía en el pecho. Mientras su cabeza comenzaba a dar vueltas y un flujo de sangre rodaba por la comisura de su boca, el moribundo, que todavía estaba apuntando a Gerald, solo pudo murmurar en su absoluta incredulidad: “¡Tú... Tú... Mi... Mi Annie muerta...!”.
Sosteniendo su pecho mientras continuaba murmurando para sí mismo, casi se sentía como si Daryl hubiera per