“¡S-se lo entregaré...!”, gritó el viejo amo, con su inmensa tristeza evidente. Sin embargo, no tenía otra opción más que obedecer.
“…¡Hombres! ¡Busquen el mapa para él!”, ordenó el anciano mientras hacía un gesto para que algunos subordinados lo hicieran.
Pronto regresaron con el mapa y se lo entregaron a Gerald.
“Por cierto, también me llevaré las hierbas que les di esta noche”, añadió Gerald.
“¡Y-ya mismo se las doy...!”, respondió el viejo amo con extrema amargura.
Ellos solo le h