—Aliyah —gritó Irene, corriendo hacia el pasillo y detrás de ella estaba un confundido Rasmus. Todos se dieron vuelta al entrar y ella corrió rápidamente hacia Aliyah, que se estaba levantando para recibirla. —Edward... —llamó, su voz parecía fallar porque seguía abriendo y cerrando la boca, pero no salía nada excepto Edward.
—No, tengo que irme —dijo Rasmus, finalmente sospechando lo que podría estar pasando, pero cuando llegó a la puerta, se detuvo y luego se volvió hacia Alan—. ¿Puedo tomar