Dasha.
—Se encuentra bien señorita, está bien no se golpeó—. Lo miro a sus ojos, tiene un color exótico, uno de ellos es color miel y el otro de un café verdoso, su voz hace que mi cuerpo se estremezca y la calidades de su aliento en mi rostro hace que mi piel se erice.
Mi corazón late desbocado que me estaba pasando con ese muchachito tendría como unos veinticuatro años o veintiséis. Me separo de él, vaya escena más cliché pensé.
—Si estoy bien, lamento mucho mi torpeza—. Dije firme, ningún ho