Capítulo cuatro:La doncella entre plebeyos.

Han pasado unos días desde que Charlotte y Achecar se hicieron formalmente amigos. Sin embargo tal acción no fue tan fácil de cumplir. En primer lugar Achecar quizo hacer las pases con Rigar, pero este le cerró las puertas en la cara como mandar a los guardias y una criatura llamada cenrrar; una criatura similar a un perro, pero de mayor tamaño como envergadura, cuyas cualidades adaptadas al mundo consistía en devorar la magia y resistír a la misma. Los cenrrar no son los únicos seres con tales cualidades, y es por eso, que la mayoria de los guardianes mágicos a parte de custodiar las fronteras también tenían que controlar la fauna silvestre. Debido a esto Achecar no podría acercarse sin correr peligro a su edad. Por lo que Charlotte se las arreglo para escapar en sus horarios libres, cabría resaltar que lo que hizo, fue algo de lo que Achecar se burló después.

—¡Señor!—grito Charlotte a un guardia.

—Sí señorita—le contestó el guardia con suma cortesía, quien estaba vestido con una armadura que cubría gran parte del cuerpo, salvo por el rostro que dejaba ver a un hombre en sus treinta y cinco años, con una barba de candado y el cabello rojo.

—Disculpe, pero ¿cuanto gana?

—Bueno, unas cien monedas de plata cada quince.

—¿Cuánto es en oro?

—Me parece que una, aunque no estoy seguro.

—Mi papá me da cien de oro desde mi quinto cumpleaños, cada quince días desde entonces, si usted me ayuda a cubrir mis salidas le daré una diaria.

—Señorita, me está sobornando—agregó el guardia con una sonrisa sarcástica.

—No, pagando por su servicio.

—Señorita, ¿a que servicio se refiere?

—A que me ayude a eludir a mis padres, para ver a unos amigos.

—Ya veo, tienes mucha suerte de que he visto tus problemas. Y no estoy tan de acuerdo con tus padres, pero mi deber es avisar sobre esto.

—¡No por favor! Si de verdad me comprende, por favor ayúdeme—insistió Charlotte casi a punto de llorar.

—Calma señorita, pero a quien visitará, si no es ver a la señorita Doroty Von Suits, que es muy conocida por sus padres.

—Hace unos días, me escape y me hice amigo de Achecar y...

—Así que por eso vino—interrumpió el guardia—y se quiso entender con él. Pero a doblado la seguridad y ordena patrullajes con el cenrrar. Te ayudaré sin que me des la moneda.

—Enserio, ¡muchas gracias señor!—dijo Charlotte al momento de abrazarlo—¿Cuál es su nombre?

—Segrat "El blanco", debido a que mi color de piel es mucho más palido. Ahora que lo pienso, hubo algo significativo del por que me eligiste.

—Bueno, lo he visto convivir con plebeyos siempre que escolta a mi papá y evita que el cochero los vea y los insulte.

—Fue inteligente lo que hiciste, pero sigue siendo muy riesgoso que le pidas ayuda a un guardia al servicio de tu padre.

—Pero, usted eligió ayudarme.

—Es por que ellos están acabando con tu infancia, tengo dos hijos y fui plebeyo, además fui un combatiente hace diez años. No creo que sea correcto que vivas en una jaula de oro.

Charlotte miró a Segrat y le sonrio. Debido a sus malas experiencias en la guardia mágica se volvió un cuidador del conde. Cuenta con el reflejo de espejo con el que es capaz de confundir a su adversario al atacar de frente, pues se confundiría al ver todo alrevesado. Con la ayuda de Segrat, Charlotte lograba ir al orfanato, por una hora y ayudaba a Ana en los quehaceres, mientras en la tarde visitaba a Achecar y al resto, aunque se mostraban recelos a aceptarla.

—No tiene por qué ayudar señorita—dijo Ana en uno de los primeros días que Charlotte asistió al orfanato.

—Quiero hacerlo, no quiero ser desagradecida con su hospitalidad.

—Me recuerda cuando tu madre venía, era un poco menor de edad que tú, pero bueno, supongo que la gente cambia.

—Ella, ¿cómo era?

—Carolina es muy amable, solo que creo que esta preocupada.

—Lo se, hay Dios, se me hace algo tarde—dijo al ver la hora en un reloj de pared

—Corre niña.

—Nos vemos mañana Ana. Hay que ir rápido Segrat, a la casa de Doroty

—¿Cómo diga señorita?

Ana miró la partida de Charlotte y recordó con nostalgia los tiempos de su niñes. Mientras tanto desde la sombra, una de las chicas que permanecía en el orfanato para ayudar a Ana, miraba con malos ojos su visita algo que llego a protestar junto a Aldar, pero no salió como esperaba.

Ese día Segrat la llevo en la tarde y Achecar la recibió, con el saludo que improvisaron, y este la presentó a todos los presentes, Arai, se había acercado tanto a Achecar que le molestaba su precensia, pues, a pesar de ser una niña, había sido algo prematura debido a ser la hija de una prostituta, Arai llevaba solo tres años en el orfanto y le fue difícil recobrar su actitud infantil. Ella fue una de las chicas que por poco fueron abusadas por un grupo de comerciantes, cuando habían salido por las compras, de no ser por Achecar. Aquel día Aldar la miró y supo que estába celosa, por lo que no tardo en persuadiarla con palabras sisañosas

—También estas molesta de que traiga a una Noble aquí, no es verdad.

—De qué hablas, han venido Nobles de todo tipo, por lástima o por consideración.

—Pero ella a estado muy junta con él, se tomó la molestia de hacer las pases, y a pesar de que lo mandaron a pelar papas básicamente, ella se tomó la molestia de disfrazarse para venir y presentarnosla.

—Lo acusare con el conde.

—Para empezar ese sujeto le da asco con sólo vernos, eso es bastante irresponsable, debemos esperar, ya llegará el momento.

Un momento que Arai esperaba pues debido a que se había enamorado de Achecar y sentía que Charlotte se lo estaba quitando. Doroty la amiga de Charlotte acostumbraba a vestir de trajes morados como de ser muy alegre, tenía muchos adornos relacionados a arcoiris, y era la hija de Brendan de Hasbal;un noble mercantil de la región, generalmente con productos marítimos que enviaba a las otras ciudades. Su madre solía mimarla mucho, correspondía al nombre de Beatriz de Sagris y hasta hace poco solía relacionarse con Carolina hasta que ella se alejo sin decir muchas palabras, por lo que las visitas de Charlotte le extrañaban por lo mismo, pero le agradaban pues no consideraba que Doroty se relacionará con plebeyos.

—¿Charlotte? Bienvenida—dijo Beatriz, que deslumbraba con su belleza y sus vestidos acampanados.

—Muchas gracias señora, espero no molestar.

—No es molestia, creo que Doroty esta atrás, ha mostrado destellos de su reflejo y parece que será uno muy poderoso.

—Eso cree señora.

—Claro queridita, eso lo podrás presenciar.

Doroty se encontraba en una habitación muy grande que usaban de sala de entrenamiento, a diferencia de Canras su maestra era Evangeline una joven mujer que no era tan extricta, y que además usaba una magia relacionada con las estrellas y su poder. Ya que al parecer Doroty tenía el reflejo de la manifestación, en especial la de sueños; con la que podría aparecer cosas o crear aquello que ella haya soñado alguna vez.

—¡Doroty!—llamó Beatriz

—Ya voy mamá, podemos descansar maestra—dijo la pequeña niña con una sonrisa simpatica

—Claro que si—dijo Evangeline con una sonrisa encantadora, a diferencia de Canras, ella se había cortado el cabello, teniendo un corte redondo y usaba una armadura plateada, era una mujer de aspecto gentil, pero con mirada feroz, de cabello rubio y unos penetrantes ojos verdes.

—Charlotte, llegaste algo tarde, vienes un rato largo o te vas a ir pronto—empezó Doroty.

—Espero sea uno largo, tengo muchas ganas de tomar el té—contestó Charlotte

—Genial, como podrás ver mi reflejo empieza a manifestarse, y parece que es muy superior al tuyo en tanto habilidad, no crees.

—Lo creo Doroty, va de acuerdo con tu espíritu soñador.

—Lo mismo con el tuyo.

Las dos niñas solían platicar niñerias de su edad, aunque con tintes más maduros, se conocían prácticamente de bebes, debido a que era una de las pocas nobles de la región que tenía una edad similar a ella. El resto de Nobles habitaban en otras ciudades, en especial la capital de Ajedraz; Armenar: una ciudad cinco veces más grande que Breñas y donde las prácticas para guardián mágico se llevaban a cabo, aunque los cuarteles de los capitanes estaban ubicados en zonas estratégicas. El período de visita acabó y Charlotte volvió a su hogar donde sin previo aviso Canras la tomó de la mano y la llevó a rastras solo por unos segundos de retraso, Segrat quizo impedirlo, pero solo recibió la amonestación de Canras.

El entrenamiento, fue todavía más duro, a modo de castigo a tal punto que le fue negado el descanso de la tarde y la pasó entrenando hasta que su cuerpo se vio tan agotado que tan pronto ceno, se ducho y fue a dormir, aunque no podía consiliar el sueño, pues Achecar iba a darle aquel día un regalo, y no tuvo tiempo de decirle a Segrat que le avisara, por lo que solo se recostó y dejó caer un par de lagrimas.

En tanto Achecar extrañado por la ausencia de Charlotte no dudo ni un segundo en ir a buscarla, a pesar de lo peligroso que podría ser esa acción. Sin embargo, se pudo infiltrar y ver a Segrat antes de su cambio de turno.

—Segrat, oye.

—¡Muchacho! ¿Qué haces aquí?

—¿Charlotte esta bien?

—Si lo esta, no pudo ir, solamente la pusieron a entrenar por un pequeño retraso al volver.

—Vaya molestia es el señor Rigar. ¿Sabe dónde está su recamara?

—Piensas meterte en la recamara de una chica, eso es incorrecto, aunque es verdad que es algo que se suele hacer de jóvenes. No piensas hacer nada raro.

—Si se refiere a lo que está pensando, es claro que no, entonces me va a ayudar.

—Si puedes trepar en el quinto piso del lado derecho de este edificio y subir al techo puedes verla si sigues derecho, podrás notar su cuarto, de un color azul celeste y marino.

—Muchas gracias señor.

—A proposito, es eI cambio de turno, por lo que se lo más sigiloso posible, me entiendes.

—Sí, lo entiendo.

Achecar con suma agilidad trepó por los muros que apenas tenían soporte para manos y pies, pero pudo sostenerse a la misma con cierta dificultad, subió arriba del techo tal cual le dijo Segrat y fue hacía allá cuidándose de los guardias que se movían por ahí, obligando a que se escondiera en pocisiones incomodas. Tras muchas complicaciones, trepó por dónde pudo hasta que llegó al cuarto.

—¡Charlotte!—grito un par de veces desde la ventana, que no estaba tan lejos de la cama hasta que ella lo escucho.

—Achecar, ¿cómo llegaste aquí ?—contestó Charlotte, quién se puso roja al darse cuenta que estaba en camisón y se cubrio.

—¿Por qué lo haces?—preguntó Achecar, pues aparte de la oscuridad, el camisón cubría todo el cuerpo de Charlotte salvo por la cabeza y manos.

—Por qué es como estar desnuda.

—No te preocupes, se trata de un camisón, es más de lo que otras tienen

—¿Ya has visto a mujeres desnudas?—preguntó Charlotte tanto con sorpresa como intriga.

—Sí, pero no de la manera morbosa como suelen hacerlo otros, sino como algo natural, pues al vivir en la playa es más que obvio que no todos se cubrían, además de que por la guerra, muchas familias no tenían muchas prendas de vestir, y si las llegué a ver.

—Charlotte se levantó de su cama colocándose una bata y pantuflas, y acudió a abrir la ventana.

—¿Por qué veniste? Podía ir a verte mañana

—Lo sé, pero quería darte esto—en ese momento Achecar le entregó una rosa encantada.

—Es muy bonita, pero ¿por qué?

—Por la capucha, quería darte algo que se equipara a una capa de segunda mano pagada con un moneda de oro, y durante estos días, logre que Valerona, hiciera un encantamiento que le permitiera a esta rosa conservar su perfume y vida, además de que fuera inmunes a ataques mágicos y físicos.

—Es un lindo detalle, pero no te salio muy caro.

—No, fue muy flexible conmigo.

—Muchas gracias—Charlotte lo abrazo, y una breve luz la hizo mirar sus ojos.

—Haz llorado.

—No, solo.

—Char.

—Está bien, solo que quisiera ser tan fuerte como dices, pero...

—Tranquila, yo estaré a tu lado, siempre que viva y pueda, y cuando no sea posible, se que tu eres fuerte, recuerda esta rosa, si bien esta encantada, y no puede ser destruida, creo que tu eres como ella, hermosa y fuerte, por eso la elegí de entre todas.

Le dijo Achecar quitándole una pequeña lágrima y colocándola en su oreja izquierda, ella se recargo en su mano y se abrazaron para contarse las cosas que los aflijian y también la que los divertían. Achecar se esfumó tan pronto vio una apertura en la ronda de los guardias, despidiéndose dándole un pellizco en sus mejillas, ella lo miró con ojos que en ese momento no sabría que significaron, que al saberlo, lo recordaría como uno de los recuerdos que más atesoraria en la que sería una vida algo complicada.

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