Esteban...
Ah, Esteban. No estaba destinado a ser una gran mentira. Sólo uno pequeño. Una pequeña ficción diminuta, de bolsillo y cómoda para hacerme la vida más fácil y evitar que mi madre me mire con ese atisbo de decepción en los ojos.
Todo comenzó el año pasado, estaba en casa durante las vacaciones, esquivando preguntas sobre mis planes futuros o la falta de ellos. Mi hermanastra, Daisy, estaba siendo perfecta como siempre (acababa de alcanzar un millón de seguidores en su cuenta de I****