—¿Sí te has fijado que dan miedo cuando se ponen así? —preguntó Kainn en un susurro al médico a su lado.
—Ni me digas, yo por eso no me voy a casar nunca —contentó Gus.
Finalmente, después de cinco minutos de argumentos irrefutables, Alan aceptó usar una silla la mayor parte del tiempo por aquello