—¡Oye, niña, no vayas a hacer ninguna estupidez! —intentó detenerla Michael, pero ya era bastante evidente que las mujeres de aquella familia se mandaban solas tuvieran la edad que tuvieran.
La vieron salir como un huracán y poco después Michael sostuvo la mano de Grace para que no se fuera.
—Oye,