—Muy bien, entonces esperemos a que llegue la Princesa Dilia. Justo a tiempo, mi evidencia también está en camino al salón.—Diego se mantuvo calmado. Laura no había dicho nada en todo este tiempo. No sabía cómo decirles a sus padres que su hija adoptiva había intentado hacerle daño a su hija biológica. Ambas eran sus hijas, y si ella misma lo dijera, el rey y la reina se sentirían aún más heridos. Por eso, decidió dejar que Diego fuera quien trajera la mala noticia.
El salón estaba en silencio,