Madeline volvió al coche. El aire del estacionamiento hacía que su mente fuera menos caótica que antes, pero las manos que sostenían el volante le temblaban.
Se convenció a sí misma de que debía calmarse, pero ya no tenía fuerzas para conducir.
Su mente ahora estaba llena de imágenes de Jeremy y Lana besándose.
La sonrisa triunfante de la mujer y las cejas desdeñosas del hombre se parecían a la fría actitud de él hacia ella en aquel entonces.
Sin embargo, Madeline seguía sintiendo que Jeremy