—Lo mismo que hace un viejo como usted, tomando aire — gruñó ella rodando los ojos y retomando su camino, su paciencia había llegado a su límite minutos atrás, si no se controlaba, posiblemente cometería un crimen en medio del sitio abandonado. Ella esperaba a que el hombre comprendiera la indirecta y continuara con su propio camino, lo cual no fue así, sino que se acercó con mayor velocidad a Roksana.
—Déjeme acompañarla, así me aseguraré de que nada le suceda — aceleró sus pasos para ir a la