La iluminación del sótano brillaba de forma suave y romántica. El hombre que estaba frente a mí era realmente guapo.
Abracé sus piernas con ambas manos y apoyé mi cabeza en su muslo, mareada. Susurré suave y coquetamente: "Mi tolerancia al alcohol ya no es la misma. O quizá sea porque mi cuerpo se ha debilitado. Me siento un poco mareada. Ya no puedo beber más".
"Está bien. Quédate aquí conmigo".
Tarareé ligeramente y cerré los ojos. No mucho después, Zachary se levantó y fue al lavabo. Cuand