Mundo ficciónIniciar sesiónEL ANHELO.
Diana se despertó con el roce de unos labios sobre los suyos. Era el toque más sutil y más ligero que una pluma, pero cálidos como una brisa de verano. Si eso era un sueño, no quería despertar. Tampoco necesitaba saber quién era el dueño de esos labios carnosos, delineados y masculinos.
—Ian… —pronunció el nombre con un débil susurro y luego extendi&