— Pero después de formalizar nuestra relación, sigues siendo igual de pasiva e incluso reacia. Te pedí que te mudaras conmigo y te negaste; quise regalarte un coche y al principio tampoco aceptaste, luego me vi obligado a imponerte uno. Además, no me permites participar en ninguno de tus asuntos, ya sean familiares o con los Martínez. No me consultas nada de lo que vas a hacer...
Se detuvo, mirándome fijamente: — ¿Qué crees que pensaría yo?
Hace un momento me sentía tranquila, pero escuchando su