Bajó del auto y me ofreció su mano...
Me llamó Dushenka.
Había esperado algo más cercano a mi nombre real.
La intensidad de aquel momento en el auto persistía, despertando sensaciones que nunca había conocido. Su toque había avivado algo en mí —una sensación de libertad, de cambio inminente. Por primera vez, me habían dado opciones, algo completamente ajeno a mi vida. Podía respirar, pero no podía. ¿Qué significaba exactamente «ser suya» para Eric McCoy?
Bajé del auto y contemplé la grandeza de