Eran exactamente las 5:50 p.m. cuando llegamos al Hotel La Serenissima. El alto edificio se erguía con elegancia, gritando lujo por todos lados; era un hotel de cinco estrellas con vistas al resplandeciente mar Mediterráneo.Todos seguíamos mirando el imponente edificio cuando de pronto alguien chocó contra mí por detrás. Mia y Chloe iban delante y no se dieron cuenta del encontronazo, así que siguieron caminando.—Mi dispiace, mia signora —se disculpó el caballero que me había empujado. Era alto, de rostro atractivo, hombros anchos, traje elegante, y su costoso cologne me llegó a la nariz. No estaba enfadada. Estaba deslumbrada.La barba perfectamente recortada, la expresión serena y acogedora… le sonreí. O quizás me sonrojé.—No pasa nada —dije, intentando no ruborizarme más de lo que ya estaba, y fruncí los labios.—Y oh… colpa mia. Perdóneme, mi señora. Me llamo Dante —dijo, extendiendo la mano para un apretón. Le di la mía y nos estrecharon con generosidad; su palma estaba un poc
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