—Jamás, pero ya te puedes dar la vuelta. ¿Qué quieres? —contestó ella y Elliot pudo notar la molestia en su voz. Se giró, con mucho para decir, pero de nuevo se quedó paralizado mirándola. Llevaba un vestido blanco, de tirantes, con un escote profundo, abierto hasta el ombligo, y finas cadenas cruz
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