Reyona había estado inquieta desde que volvió a la oficina. El director general de Multilinks era tal y como lo habían descrito los tabloides. Retro, sofisticado y… muy peculiar. El hombre llevaba pantalones cortos, una camiseta de motero y zapatillas deportivas. Por el amor de Dios, llevaba un pendiente en la oreja. Y, por si fuera poco, unos auriculares colgados del cuello.Durante toda la reunión, se sentó a horcajadas sobre la silla en lugar de sentarse en ella, como haría cualquier director general que se precie. Si Reyona no le hubiera oído hablar, estaba segura de que lo habría tachado de holgazán que solo ocupaba el cargo porque llevaba generaciones en su familia. Bastó con escucharlo durante unos dos minutos para que ella tuviera la certeza de que, aunque a Andrew Jordan se le pudieran achacar muchas cosas, la falta de in
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