La cena transcurrió como se esperaba, pero como estaban hablando de asuntos de trabajo, Luana, los niños y Vivian casi no tuvieron apetito.Incluso Mia, que siempre adoraba comer, apenas tocó su plato.Después de terminar la reunión, salieron del restaurante.Al ver que el estado de ánimo de Vivian parecía haber mejorado, Luana se sintió mucho más tranquila.Mia puso su pequeña mano regordeta sobre su pancita y dijo:—Mamá, todavía quiero comer pollo frito.—Está bien, entonces invitaré a todos a comer pollo frito, ¡pollo frito coreano! —dijo Luana.—Para celebrar.—¡Está decidido entonces! Hoy invito yo, ¡nadie puede quitarme este derecho! —dijo Vivian.—Está bien, no te lo quitaré, no te lo quitaré —respondió Luana sonriendo.Llegaron juntas al restaurante de pollo frito que Mia había visto en el anuncio ese día. Para su sorpresa, el pequeño local estaba lleno de gente y la fila llegaba hasta donde alcanzaba la vista.—¡Cuanta más gente haya, mejor debe estar la comida! —dijo Vivian
Ler mais