MíaEstaba charlando y haciendo compañía al lobo de Edward, pero eso no significaba que no estuviera tomando nota de los cambios de humor. Se relajó con nuestras conversaciones, pero la tensión y el nerviosismo regresaron en el momento en que liberé el profundo dolor que había cargado como un peso toda mi vida. Él gimió, gruñó y aulló, y ese fue un mensaje que tomé bien. Él iba a mejorar las cosas, pero no creo que necesite que me salven, especialmente de él. "Todo está bien ahora, no tienes que hacer nada al respecto ahora". El gruñido que emitió demostró que no apoyaba lo que acababa de decir. Está bien, no me importa. Tiene que dejarlo o irse a casa. "No te olvides de mi manada, lo siento, mi manada local se alió con la nuestra y no tienes derecho a causar ninguna tensión en su tierra, de lo contrario eso tendría serias repercusiones". Él gruñó de nuevo y yo gemí de vuelta. "Sabes qué, dejemos esta conversación a un lado porque es muy difícil comunicarnos ya que todo esto es m
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