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Capítulo 6    

Celos

A las 6 de la mañana me había levantado a preparar mi desayuno, me puse mis pantuflas y caminé con pereza hasta la cocina.

Me serví mi desayuno y me dirigí al baño para darme una ducha, esperando que esta me quitara un poco el sueño que mi rostro reflejaba.

Bufé enfadada mientras cerraba la ducha de golpe: no había agua.

 No entendía que podría haber pasado, todas mis cuentas estaban pagadas. Mi padre se encargaba de mandarme dinero suficiente para cada detalle del que tuviera que hacerme cargo, no tenía ningún problema con brindarme ayuda económica con tal de deshacerse de mí, de que desapareciera de su vida sin tener que preocuparse de cómo me sentía.

Me envolví la toalla al rededor del cuerpo y salí del baño, sólo quería ducharme, pero claramente la suerte no me ayudaba en absolutamente nada.

La opción que tenía era ducharme donde Maxine, pero probablemente estaría durmiendo. Además, con Matt ahí sería vergonzoso para mí, probablemente se quejaría de que paso mucho tiempo invadiendo su espacio.

Lo pensé mejor y decidí que iría, probablemente ambos estarían dormidos y ni cuenta se darían, Maxine me tenía bastante confianza y se lo agradecía verdaderamente en momentos como este.

Con la bata y las pantuflas puestas, tomé una toalla, ropa limpia, zapatillas, mis llaves y las copias que tenía del departamento de Max y me dirigí a su departamento. Ya me imagino la cara del conserje en estos momentos al ver la cámara, si bien el sabía que Maxine y yo éramos muy cercanas, probablemente no esperaba ver a una loca con una bata y unas pantuflas paseándose por ahí toda desarreglada a estas horas.

Ingresé intentando no hacer ruido al pisar y prendí la luz de la sala, aun estaba oscuro ya que faltaba para que el sol hiciera presencia.

***

Me di una ducha rápida y me vestí con prisa. Esperaba que nadie hubiera despertado todavía.

Con la toalla en mano salí secando mi cabello mientras me dirigía al salón.

—Mierda— solté un jadeo, media asustada cuando impacté con un cuerpo, el aroma masculino de Matt se impregnó en mis fosas nasales con fuerza mientras luchaba por no respirar tan hondo—.

Me tomó de los brazos y frunció su ceño mientras entrecerraba los ojos intentando ver mejor.

—¿Alex?

—Lo siento.

—Me has asustado— soltó un bostezo mientras soltaba mis brazos—.

—Yo… ehm, el agua se cortó y… yo necesitaba…

—Tranquila, no hay problema— me miró, esta vez más despierto—. Si Maxine te lo permite no tienes por qué darme explicaciones—.

Y esta vez, también le eché un vistazo, seguía cerca de mí, y ohh, detalle importante, estaba sin camiseta. Estaba de más decir que enrojecí hasta la médula, me alejé con prisa y él sonrió de lado.

—¿Qué?

—Nada— respondí enseguida—.

—¿Y por qué te pusiste así de roja?— pinchó mi mejilla con su dedo—.

— Pesado— murmuré, dando un paso atrás.

Rio y bajó sus brazos, le eché otro vistazo sin poder evitarlo y pude ver que llevaba unos pantalones de dormir negros e iba descalzo.

—¿Sabes la hora que es y el frío que hace?

—Ajá. Lo tengo en cuenta— respondió simplemente.

—¿Y no piensas abrigarte? Puedes enfermar.

Me crucé de brazos mirándolo con una ceja levantada cuando su sonrisa se amplió.

—Si fuera así ¿me cuidarías?

—Si te pones zapatos podría pensármelo.

—¿Y si no?

—Para ser sincera lo haría de igual manera— respondí soltando una risita nerviosa—, digo, no podría ver a alguien enfermo y no intertar brindarle ayuda—.

—Me estás regañando a mi— y tomó un mechón de mi cabello— y mira, estás con el cabello mojado—.

—Vengo saliendo de la ducha ¿esperas que salga con el cabello seco mágicamente?— respondí—.

—Ve a secártelo.

—Si, ya me voy.

Sonreí amablemente y me alejé unos pasos.

—Gracias por dejarme ocupar el...

—Ven aquí— me agarró del brazo y me llevó de vuelta al baño, sacó el secador del armario y me lo entregó.

—Tengo secador en mi casa ¿sabes?

Me miró serio, entonces suspiré y lo tomé, causando que una sonrisita de victoria se asomara en su rostro.

Bufé y comencé a secarme el cabello con aburrimiento. No me gustaba usar este aparatito porque creía que el cabello se maltrataba demasiado.

Matt seguía apoyado en el marco de la puerta mirándome con atención.

Apagué el secador y lo miré por el espejo, arreglando mi cabello.

—He terminado, ¿contento?

Se acercó a mí y tocó mi cabello. Frunció el ceño y negó con la cabeza.

—Sigue mojado, dame eso, yo lo secaré.

—Pero si está bien así— alargué la frase, algo fastidiada.

Tomó mi cabello y comenzó a pasar el secador cerca de él, de pronto secarme el cabello no se me hizo tan desagradable, la forma en lo que lo hacía y el calor que chocaba con mi nuca me parecía relajante.

Cerré los ojos y eché mi cabeza hacia atrás.

—Esto es relajante.

—¿Viste que no era tan terrible?— apagó el secador y lo guardó en su lugar correspondiente.

—Gracias entonces— sonreí y salí del baño con él caminando tras de mí—.

—¿Por qué has despertado tan temprano?— preguntó llegando a mi lado y sentándose en el sofá junto a mí.

Me ruboricé enseguida al recordar la razón de mi desvelo.

—Ehm... he despertado de la nada ¿y tú?

—Estoy navegando en internet intentado conseguir un trabajo de tarde.

—Ohh, espero te vaya bien con eso.

—Sí, ojalá.

Después de eso nos quedamos en un  silencio tenso mientras yo repiqueteaba mi pie en el suelo.

—Iré a vestirme— añadió luego de un rato y se marchó a paso rápido.

Fruncí el ceño y seguí mirando mi teléfono.

Maxine apareció a eso de unos diez minutos, con el cabello desordenado y una marca roja- probablemente de su mano- en su rostro.

—Aleeex— sonrió y se sentó a mi lado, pasándome el brazo por los hombres—¿Qué tal, linda? ¿Ya has desayunado?

—Hey, barbie. Solo te diré que por algún motivo que desconozco me he quedado sin agua, así que tuve que usar tu baño.

—Oh, le preguntaré a Víctor si sabe algo sobre es0— tomó su teléfono y comenzó a teclear algo que desconocía.

Víctor era el conserje. Seguramente el podría darme información al respecto.

—Me ha dicho que se han roto las cañerías de tu lado del edificio, que estarán sin agua mínimo unos dos días.

—¿Dos días?— pregunté, sonando preocupada.

—O puede que más— añadió—, pero no debes preocuparte, puedes venir aquí cuando desees, incluso puedes quedarte a dormir.

—No deseo molestar, aparte solo hay dos camas, Max. No me gustaría que se tomaran esas molestias, Matt tal vez no esté a gusto.

—¿Con qué?— la voz del mencionado nos sobresaltó a ambas mientras lo mirábamos con mala cara—.

—Alex, esta es mi casa, si yo decido que tú te quedas y el duerme en sofá no puede oponerse. Solo lo recibo aquí porque es mi familia.

—Gracias— respondió sarcásticamente el castaño.

Ella lo ignoró y siguió mirándome.

—Lo que quiero decir es… tú siempre serás bienvenida a mi casa, más aun cuando hay algún inconveniente— me sonrió amablemente y se giró a mirar a Matt— ¿cierto primo?

—Claro, no hay ningún problema.

—¿Estás seguro?— me giré para observarlo y sus ojos ya estaban puestos en mí. Sonrió con sinceridad y asintió con la cabeza.

***

Ya íbamos en el auto dirigiéndonos camino al instituto, las calles estaban abarrotadas de gente- en mayoría chicos de más o menos mi edad que probablemente se dirigían a sus clases- por lo cual el tráfico estaba más pesado.

Una canción animada sonaba por los altavoces del vehículo mientras movíamos nuestros cuerpos de un lado a otro, haciendo un bailecito gracioso.

—Hey, chicos, estoy planeando organizar para hoy la fiesta— comentó Max, mientras se retocaba el pintalabios.

—¿Fiesta?— preguntó Matt, mirándola de reojo algo confundido—¿Cuál fiesta, Maxine?

Ella frunció el ceño, como si la pregunta de su primo fuese obvia y era ilógico siquiera preguntar.

—Pues la de tu bienvenida, claro. Es un momento agradable y digno de celebrar.

El castaño dio un suspiro, mientras yo, ajena a la conversación, me quedaba observándolo mientras sus músculos se tensaban alrededor del volante.

—Maxine…— refutó este con cansancio—, no creo que una fiesta en casa sea una buena idea.

—¿Y por qué no? Mira, ve el lado positivo, tendremos alcohol, podrás divertirte, te distraerás, dejas el estrés de lado, y puedes conocer una chica bonita que tal vez te guste.

Matt se llevó la mano a la cabeza y resopló, algo frustrado.

—No estoy interesado en una fiesta en estos momentos, estoy cansado y me gustaría dormir a gusto aprovechando que es viernes.

—Has llegado hace una semana ¿No crees que ya has tenido tiempo suficiente para descansar?

—Me he desvelado todos estos días intentando buscar un trabajo, ten en cuenta lo que los demás quieren ¿bueno? Otro día puedes hacer la fiesta y tirar la casa por la ventana.

—Eres un aburrido, solo intento darte una buena bienvenida y llevo días planeándolo— se cruzó de brazos, amurrada en su lugar.

—Alex también se ha despertado temprano hoy, y si la has invitado a tu piso también deberías pensar en ella— sus ojos se posaron en los míos y entré en cuenta que todo este rato lo había estado observando. Carraspeé y me acomodé nuevamente en el asiento.

—¿Estás bien con que hagamos la fiesta hoy?— la mirada de Max también se dirigió a mí esta vez, entusiasmada.

Le hubiera dicho que no había problema, y que yo no tendría porque oponerme, era su casa después de todo, pero al observar las ojeras de Matt, sus ojos llenos de cansancio y el hecho de haberlo visto tan temprano navegando en su computador esforzándose en encontrar algo, me hicieron replantear mi respuesta.

—Yo creo que deberías…

—Ya está, solucionado— me interrumpió y sonrió como un angelito, yo por mi parte me crucé de brazos, irritada.

(…)

Ya habíamos llegado al instituto luego de varios minutos. Con pereza bajé y saqué mi mochila colgándola sobre mi hombro, hice una mueca, hoy debíamos traer bastantes libros y me había llevado gran mayoría a casa para poder estudiar.

Matt llegó a mi lado y me sonrió, le devolví la sonrisa amablemente mientras divisaba a Maxine entrar con prisa al establecimiento.

—¿Qué tienes?— preguntó con un toque de diversión.

—Esta m****a pesa mucho—respondí, soltando una pequeña risita a pesar del innecesario estrés que yo sola estaba provocándome al cargar tanto peso.

—Dame—realizó una seña, apuntando mi mochila—. Te ayudo.

Lo miré con una ceja elevada, analizando su petición, o mas bien, su orden y comenté divertida:

—Tú ya tienes una, déjame a mí con la mía.

—Eres un poquito pesada—se acercó a mí y tomo uno de los tirantes de la mochila—. Vamos, dame.

Suspiré y se la entregué, él, sin mucha dificultad se la cargó en el hombro izquierdo.

          —Gracias, señor super musculoso— bromeé soltando una leve risa. Él levanto el brazo mostrándome sus ejercitados bíceps, yo solo meneé la cabeza de forma divertida y rodé los ojos.

—Gracias, gracias. Ya has admirado hace unas horas mi maravilloso cuerpo—bajó su brazo y me guiñó un ojo coqueto.

—Presumido—bufé.

—Oh, peque, sabes que te agrado.

(…)

Ya habían transcurrido dos horas de clase y no podía estar más aburrida, las matemáticas no se me daban especialmente bien y la voz aburrida del profesor me causaba cada vez más sueño, solo quería apoyar la cabeza sobre la mesa y dormir hasta que se acabase la jornada.

Maxine a mi lado revisaba su teléfono por debajo de la mesa, esta era una de dos clases que nos tocaba juntas, y, en la mayoría de las veces nos la pasábamos cotilleando y charlando sobre temas no específicos por mientras que la clase avanzaba.

Cuando por fin dio la hora del receso salimos todos aglomerados del salón, como si fuese una avalancha de gente queriendo escapar de sus celdas.

Nos dirigimos a una parte en específico, el patio donde se hallaba un bonito jardín donde daba un gusto tremendo quedarte mirando por varios minutos. Nos sentamos en el pasto y Maxine soltó un suspiro como si estuviese agotada.

—Dios mío, detesto a ese profesor, ese tema lo ha pasado mínimo unas cuatro veces ya, ¿es que no se cansa?

—Ese es su trabajo, Max, no creo que quiera dedicarse más de la mitad de su vida a algo que no le gusta.

— A veces detesto que siempre tengas la razón.

—Así es la vida, querida amiga.

Matt nos vio desde la distancia y comenzó a trotar hasta llegar a nosotras.

          —Siempre se me esconden—refunfuñó, sentándose en medio de nosotras con una sonrisa en el rostro—. ¿Qué hacían?

          —Planear mi suicidio— comentó Maxine, poniéndose sus lentes de sol.

          —A veces eres tan dramática—alargó el“tan”y le revolvió el cabello.

            —¡No me despeines!—protestó ella dándole un manotazo en las mano.

Matt se alejó y se recostó sobre el pasto con la vista en el cielo. Hoy el día estaba soleado, digno día para ir a la playa y quedarte allí todo el día.

Jugueteé con las manos en mi regazo, aburrida, y luego, al oír una voz conocida llamando mi nombre, elevé la cabeza encontrando a Noah más cerca de mí.

Saludó a todos y observó a Matt con curiosidad.

—Él es Matt. Matt, él es Noah.

—Un gusto—habló Matt, levantándose y estrechando su mano—. Soy el primo de Max, he llegado hace poco.

 —Así parece porque no te había visto antes. Un gusto.

            —Oh, Noah—habló, Maxine de pronto—. Hoy, fiesta en mi piso, ¿te unes?

            —Mhm…—se rascó la nuca algo avergonzado—no lo sé, no estoy de muchos ánimos.

            —¿Ha pasado algo con Jessica acaso?

           —No la he visto en estos dos días, no responde mis mensajes ni las llamadas, ni siquiera me habló luego de ese día que nos vio abrazados.

Matt ladeó la cabeza poniendo más atención a la conversación.

          —Solo explicale que somos amigos, dile que precisamente te estaba aconsejando sobre ella y que por ningún motivo te fijarías en alguien más.

          —Alex—me miró fastidiado—, que no me responde, ¿y si algo le ha pasado?

          —No sé mucho del tema—comentó Matt—, pero… ¿has intentado ir a visitarla a su casa?

Noah de pronto abrió mucho los ojos, como si una ampolletita se le hubiese encendido. Retrocedió dando pasos hacia atrás y se despidió con la mano.

—Gracias, bro, iré a verla.

—Pero si todavía estamos en horario de…—no me dejó siquiera terminar, porque ya se había ido corriendo sin poder detenerlo.

Solté un suspiro y giré la cara a un costado mirando a los chicos.

 —¿Se escapará verdad?

—Mhm…—Mat ladeó la cabeza de un lado a otro divertido y luego sonrió—es lo más probable.

—Diablos—murmuré.

De pronto sentí una mirada fulminante en nuestra dirección, así que giré mi cabeza y divisé a Dexter mirando muy fijamente a Matt, y no de buena manera.

          —Max—hablé—, creo que te están buscando.

Quería que se encargara de él y le explicara todo, temía que Dexter explotara y se fuera contra Matt.

          —¿Quién?—hice una seña con mi cabeza y ella dirigió su vista hacia donde yo la tenía puesta.

         

          —Tu príncipe azul.

          —No tengo la más mínima intención de hablar con él.

Y entré en pánico, porque, al volver a mirar adelante, Dexter venía a paso rápido y firme hacia nosotros «oh oh, esto no me da buena espina»

Miré a Matt alarmada, pero el solo intercambiaba la mirada de Dexter a mí, inquisitivamente.

            —Ándate, Dexter, no quiero...— la voz de Maxine se escuchó hasta que fue interrumpida.

—Necesito hablar contigo—no tomé atención ni me entrometí porque quería que ellos dos resolvieran sus problemas solos.

Pero sentí su mirada en mí y supe que era a mí a quien hablaba.

          —Oh… ¿para qué o qué? Ahora estoy ocupada y no…

          —Es para hoy— musitó, intercambiando la mirada entre Matt y Max, luciendo bastante enojado.

          —En serio creo que no es el momento para eso…

          —Alexia, por favor.

          —Te ha dicho que no—Matt dio un paso hacia delante, cruzándose de brazos y viéndose intimidante.

Fue como si le hubiesen echado más leña al fuego, Dexter frunció el ceño y tensó la mandíbula mirándolo con fuego en la mirada.

          —No estoy hablando contigo, imbécil— soltó el rubio entre dientes.

Me acerqué a Max y le di un codazo para que reaccionara, ella parecía paralizada y por fin pareció darse cuenta de la situación.

          —Eh baja el tono—Matt lo apuntó, pareciendo bastante molesto—. No te metas conmigo.

          —O sino…

          —Aléjate de mi primo ahora mismo—interrumpió Maxine metiéndose entre ellos.

Entonces, Dexter abrió la boca y la volvió a cerrar, algo sorprendido. Miro a Matt deshaciendo su cara amarga y volviendo a mirar a Maxine, pareciendo arrepentido.

          —Yo, eh… me he— lo jalé del brazo, llevándomelo de ahí, me giré un momento y vi la mirada dolida y confusa de mi amiga.

            —¡¿Qué demonios te pasa?! Casi formas una pelea—protesté cuando ya estuvimos lejos.

            —Yo…—se pasó la mano por el pelo, frustrado—No sabía, no sabía nada, Maxine nunca me cuenta nada y pensé que quizás…

            —Si no sabías no tenías que haber actuado como un cavernícola, casi la cagas, ¿sabes como se hubiese sentido Max si lo hubieses golpeado?

            —Agh, soy un idiota—gruñó—, ¿crees que me perdone?

            —No lo sé, no tengo ni la menor idea de cómo vaya a reaccionar con lo que has hecho.

Suspiré y le di una palmadita en el hombro de consuelo.

          —A la próxima piensa bien lo que haces.

(…)

El calor que se sentía al estar cerca de tantas personas me hizo sentir un poco asfixiada, así que esquivando cuerpos de tantas personas que se hallaban en el piso de Max, me escabullí para ingresar a la habitación de mi amiga, donde se hallaba mi saco de dormir junto a su cama.

Abrí la boca sorprendida y enfada a la vez cuando divisé dos cuerpos toqueteándose por todos lados y estando a punto de… hacer eso.

—¡Oigan! No, aquí no, esto no es un puto motel, van saliendo ya— no me hicieron caso, parecían estar lo bastante borrachos y calientes a la vez como para detenerse—. Dije ¡van saliendo ya!

No me tomaron ni un mínimo de atención.

Bufé enfadada y salí de la habitación en busca de Max, eché un vistazo intentando encontrarla, pero cuando la vi, supe enseguida que no era ella quien me podría ayudar, porque, aparte de bailar sin parar tambaleándose de un lado a otro como si no pudiera estabilizarse al cien por ciento, también estaba muy, muy pegada a Dexter, quien la sujetaba de la cintura cada vez que estaba a punto de perder el equilibrio y la miraba con una sonrisita boba, acercándose a ella intentando besarla y siendo esquivado en el acto.

Al parecer el enojo no le había durado tanto.

Me pregunté si separar a Max de él ya que estaba borracha y se arrepentiría, pero parecía muy entusiasmada y temía que me llegaran un par de insultos.

Avancé hasta ellos y carraspeé intentando llamar su atención.

—Oye, Maxine, podrías…

—Shh, shh, más tarde—soltó varias risitas y volvió a besarlo con todas las ganas.

De pronto vi a Matt caminar por delante de mí y reaccioné enseguida yendo hasta él y tomándolo del brazo.

—Hola, guapa— sonrió coqueto y yo sentí mis mejillas enrojecerse en segundos.

—Necesito tu ayuda.

—¿Para que soy bueno? Aparte de dar buenos besos claro— se tocó el labio inferior inclinándose un poco— ¿quieres probar uno?

—¿Estás borracho? 

—¿Yo?— se apuntó sonando ofendido—, noo— alargó la frase mientras se recostaba en la pared de atrás de él— bueno, un poquito.

—Ven aquí— tomé su mano mientras lo llevaba a la habitación.

—¿A qué vamos?

—A matar pasiones, Matt, a eso.

Pero cuando entramos a la habitación ya no había nada, no había nadie ya aquí.

—Había dos personas apunto de follar aquí mismo, los vi con mis propios ojos— me crucé de brazos enfadada.

—Fíjate que yo no veo nada— entrecerró los ojos, posando una mirada acusadora en mí.

—¿Qué?

Tambaleándose cerró la puerta recostándose en esta.

—¿No será una excusa para que estemos solitos?— sonrió acercándose de a poco.

—No digas idioteces, en verdad había personas aquí.

No me creyó, y negando con la cabeza divertido se lanzó a la cama, desordenándola casi por completo.

—Matt, sal de ahí— susurré medio gritando a la vez. Si alguien llegaba y nos veía así lo malinterpretarían.

Pero ya estaba cerrando los ojos, con su cabeza sobre sus antebrazos, sus pestañas largas cerradas y su respiración relajándose. Sí, estaba muy borracho.

—Matt— lo moví por el hombro y abrió un ojo y sonriendo de inmediato.

«Que pesado»

—Ven, vamos a dormir, levántate— jalé su brazo, pero mi fuerza no me ayudó en lo absoluto.

—¿Vas a dormir conmigo?— abrió los ojos agitando sus pestañas. Parecía un niño pequeño.

—Claro que no, Matt.

—Entonces… ¿quieres llevarme a hacer cositas?

—¡Matt!— chillé avergonzada.

—Soñar es gratis.

Max se quedó ahí, no se movió en absoluto, y su respiración se hizo tan lenta que supe que se había dormido de nuevo, suspiré frustrada y me fui al pasillo en busca de un saco de dormir, volví a la habitación, lo desenrollé y lo extendí sobre el suelo.

«Estúpido y guapo roba camas»

Bueno, técnicamente no era mía, pero yo dormiría ahí, probablemente Max se iría con Dexter.

Me metí en el saco de dormir y me puse los audífonos minimizando el volumen de la música. Me quedé mirando el techo sin hacer absolutamente nada.

Después de unos minutos sentí a Matt hablar cosas entre dormido, sonreí levemente y me quité los audífonos. Me senté para poder mirarlo mientras se revolvía de un lado a otro en la cama. Durmiendo era adorable.

Cuando se tranquilizó volvía recostarme y a ponerme los audífonos.

Estaba quedándome dormida cuando un peso cayó sobre mí, quitándome la respiración por unos segundos, abrí los ojos sobresaltada.

—Mierda—me quejé, Matt se había caído de la cama, encima de mi frágil cuerpecito.

Lo empujé hacia un lado y él se reacomodó, pasó su brazo por mi cintura y sus piernas sobre las mías y me quedé muy quieta, mis mejillas enrojecieron de inmediato.

—Matt—hablé intentando despertarlo. No respondió, estaba durmiendo como un bebé.

Intenté encontrar la calma, me moví un poco hacia el lado y él se aferró con más fuerza a mí, prácticamente estábamos durmiendo en el suelo. No quería ni pensar en el amanecer, una, porque el dolor que tendríamos en el cuerpo sería inmenso, y dos, porque no sé como sacarlo de aquí y mañana todo sería muy extraño.

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