CAPÍTULO 3

El lunes en la mañana Hank se presentó a recursos humanos a las nueve, recibió su nueva identificación de la morena con la que estuvo en el baño el jueves en la noche, quien le sonrió coqueta cuando deslizó entre sus manos la tarjeta.

―Deberíamos celebrar tu nuevo ascenso ―lo invitó con voz melosa. Hank le sonrió con malicia y le guiñó un ojo.

―Cuando tengas tiempo, me avisas, preciosa ―respondió él, alejándose de vuelta al elevador para subir al piso cuarenta y tres.

Ella le hizo un gesto de despedida con los dedos, Hank le guiñó el ojo y soltó la respiración cuando las puertas se cerraron. Pocas veces repetía con la misma mujer, después de su divorcio se puso esa pauta para no enredarse con mujeres inapropiadas. Tenía dos hijas y no las iba a exponer a cualquiera que estuviese desesperada por un marido.

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