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Mi día transcurría normal, hasta que a mi querida y bella madre se le ocurrió invitar a las vecinas a cenar esta noche. No estoy preparado para esto. No puedo creer que mi mamá la invitara solo porque le dije que es mi "amiga".

En realidad, ni siquiera lo hice. Pero mi mamá es mi mamá.

- ¿Eso hacen las mamás normales? ¿Acaso quieres ponerme en vergüenza?

-Deja de decir que tu madre es una anormal y ve por el mandado -me da el papel con todo escrito.

Ruedo los ojos con enfado y salgo directo a la tienda. A donde siempre voy es a la pequeña tienda del centro, frente a la plaza del pueblo; un lugar con un gran kiosco, bancas y pasto verde. 

Cuando termino de comprar todo lo que decía la lista, las pongo en el mostrador esperando a comprarlas con rapidez. Pero a Terry, el cajero, no le importa eso, porque me empieza a preguntar sobre mi mamá, atrasándome más. Espero que llegue el día en el que Terry supere su enamoramiento por mi mamá.

Cuando por fin salgo de la tienda, reconozco a una persona frente a mí, que me hace parar en seco.

Candace está con la espalda recargada en la pared del callejón, fumando un cigarro con bastante tranquilidad. La manera en que le da una calada a este y luego suelta el humo es simplemente hipnotizante. 

De alguna manera, pudo sentir mi mirada y volteo hacia mi dirección. Aunque al principio parecía indiferente, después esbozó una sonrisa irónica.

- ¿Ahora quien acosa a quién?

-No te hagas ilusiones, solo vine a la tienda- alzo la bolsa con la comida, mostrándoselas.

Tira su cigarrillo al piso, apagándolo con su bota negra. 

-Así que... cenaremos juntos -trato de iniciar la conversación para poder saber qué es lo que ella piensa.

- ¿Cenaremos juntos? -frunce el ceño con confusión.

-Si, mi mamá me dijo que las invito a ti y a tu tía a cenar -explico.

-Que alivio -suspira sonoramente-, por un momento pensé que me invitabas a cenar.

-Lo dices como si fuera malo -me ofendo por sus palabras, ¿Tan malo seria? ¡Ja!, como si yo quisiera salir con ella. 

-Quizás no lo sea, pero no soy de citas y no te ofendas, pero...-me mira de pies a cabeza con lentitud- no eres mi tipo.

-Tranquila, yo no te invitaría a salir, al igual que tú tampoco eres mi tipo.

-Soy el tipo de todos -se ríe con superioridad.

Un auto, con la música en un volumen cuestionable, se para justo enfrente de donde estamos. El conductor baja la ventanilla enseñando a un chico de nuestra edad con unos lentes de sol y una gran sonrisa.

- ¡Candace! - la llama.

La miro confundido ¿Cómo es que acaba de llegar hace algunos días y ya tiene amigos? Candace sin dudarlo va hacia él.

- ¿Tienes algo que hacer más tarde? iré con los chicos a la casa de Josh. -la invita.

-Lo siento, Cris, pero si tengo algo que hacer. Nada importante, pero tengo que ir.

- ¿Es tu amigo? -el chico me señala con su cabeza. Candace voltea a mí con una mirada fría y sin expresión alguna.

-No es nadie -es lo que contesta ella. 

Sin mucha sorpresa, entiendo perfectamente el mensaje y me voy a mi casa como debí de hacer antes. 

Tal vez no quería que dijera que somos amigos, porque no lo somos, pero es que a nadie le gusta que le digan que es nadie.  Primero ella es la que me ha buscado varias veces ¡Entro a mi habitación! Y ahora dice que soy nadie ¡NADIE! 

Entro a la casa y dejó las compras en la isla de la cocina. Tratando de dejar de pensar en lo recientemente ocurrido con la chica pelirroja.

-Señorito, las compras no tienen la culpa de lo que sea que te pasa -mi mamá me regaña.

Ni siquiera me di cuenta que básicamente azoté las compras contra la isla. Pobres verduras.

- ¿Qué es lo tienes? - me pregunta, interesada.

-Nada, no te preocupes -ella nota que no quiero hablar y solo asiente, respetándome.

Mis padres y yo tenemos la suficiente confianza para una relación padres e hijo. Si tengo algún problema, no dudo en pedirles ayuda o un consejo, y ellos no dudan en ayudarme. Pero no tengo idea porque no les he contado sobre lo de Candace.

¿Contarles que? ahí no hay nada.

Subo a mi habitación y me tiro a la cama de cara. La sonrisa de aquella pelirroja llega a mi mente, pero rápidamente es opacada por la mirada fría que me dio la última vez. 

Es tan rara, la detesto.

Lo último que quiero ahora es verla, pero no creo que mi mamá me deje faltar a tal cena. Lo mejor sería ignorarle toda la noche; tengo resentimiento.

Unas horas después, que para mí pasaron volando, ya estábamos todos en la mesa cenando amistosamente. He tratado de evitar levantar mucho la mirada, ya que a Candace se le ocurrió ponerse justo frente a mí. Ninguno de los dos hablábamos, y Candace tenía cara de querer tomarse un litro de cloro con tal de no estar aquí.

Al principio la señora Bell y mis padres hablaban animadamente, sin ningún problema, pero pronto se dieron cuenta que nosotros dos ni siquiera participábamos en la conversación y decidieron incluirnos.  

-Candace, tienes diecisiete ¿Verdad? -mi mamá le pregunta con amabilidad.

-Si, los cumplí hace varios meses -responde con desinterés, mientras mutila su carne con el tenedor.

-La verdad pensé que eras mayor. Arion los cumplirá en un mes, todavía esta chiquito.

- ¡Hey!, eso no significa que este chiquito. Solo hay meses de diferencia -comento, ofendido con que me traten como a un niño.

Por primera vez en la cena, miro a Candace, quien me mira con extrañez y curiosidad. Inevitablemente, me llega el sentimiento a recuerdo. Como un Déjà Vu. 

-Supongo que te quedaras todo el verano -habla mi papá. 

-Ese es el plan inicial -su tono de voz es seco.

-Esperemos que te sientas bien aquí.

-Gracias -trata de sonreír, pero, para mí, solo logra una sonrisa forzada.

Mi mama decide comentar sobre el parecido físico que tienen ellas dos, porque de actitud no tienen nada. La vecina menciona que ella en realidad se parece más a su madre. Ante la mención de su madre, Candace aprieta la mandíbula mientras rasca la palma de su mano izquierda con desespero. 

Los adultos se quedan platicando un rato más, mientras que nosotros dos solo estamos ahí como un par de espectadores sin saber que hacer, hasta que la cena termina. Nos despedimos amigablemente, excepto por Candace, quien no se molesta en hacerlo. 

Decidido a ir a mi cuarto, subo las escaleras, pero mi mamá me para antes de que pueda irme.

-Arion- mi madre me llama- ¿Eres amigo de Candace? -cuestiona, jugueteando con sus manos. 

-No lo sé -digo con sinceridad. Pero después recuerdo esta tarde: -No lo creo. 

-No quiero que te metas en problemas, mantente a distancia -pide.

La miro por unos segundos, pensando en las razones por las que me pudo decir eso, pero no se me ocurre nada, así que no digo nada y solo asiento apretando los labios para después irme a mi habitación.

◎◎◎

Desperté en medio de la madrugada, el reloj marcaba las 3 de la mañana y mi cuerpo se sentía muerto. No es común que yo me despierte por las madrugadas, pero a veces me pasa. Y lo odio. Así como odio dormir por las tardes, o bañarme con agua frío.  

Baje por un vaso de agua y al volver estaba apunto de acostarme cuando por la ventana, que tenía las cortinas abiertas, veo una pequeña luz y una sombra. Me acerco y me doy cuenta que la vecina está sentada en su ventana fumando un cigarro.

Dos unos golpes a la pared, pero ella ni siquiera se inmuta ante el sonido, así que decido salir. Pronto, el olor a tabaco llega a mis fosas nasales.

- ¿No es muy tarde para fumar? -es lo primero que digo al abrir la ventana.

- ¿No es muy tarde para estar despierto?

Salgo completamente, sentándome en la orilla. 

Su rostro está en dirección al cielo, expulsando el humo hacia arriba. Pero su mente, estoy seguro que está mucho más allá. Ella mira hacia la oscuridad del cielo, pérdida en sí. 

Me permito analizará solo por unos cortos segundos; lleva una blusa negra y holgada, que le queda muy grande. Su pelo está algo despeinado, como si hubiera dado vueltas por la cama. Cuando llego a su rostro encuentro algo que la luz de luna me permitió ver ahora, y que no había notado antes. 

-No sabía que tenías pecas -eso la hace mirarme por primera vez. Sus ojos verdes brillan en la oscuridad mirándome con tranquilidad.

-Siempre las cubro -explica sin interés alguno.

Me gustan. Me gustan como se ven en ella. Ojalá no las cubriera.

Nos quedamos callando hasta que ella habla tan cariñosa como siempre:

-Pareces un muerto - me dice sin tacto.

-Que agradable de tu parte. digo con un extremo sarcasmo. No sé qué haría sin el sarcasmo; probablemente moriría - ¿Enserió me veo tan mal?

-No, solo un zombi se vería más fresco que tú. 

En eso tiene razón; mi cuerpo es raro y si no duermo lo suficiente parezco un muerto viviente. 

Observo como casi termina su cigarro. La tranquilidad con lo que lo hace me tranquiliza a mí. 

- ¿Puedo probar? 

- ¿A mí? - abre los ojos, sorprendida.

- ¿Que? No, no, no, me refería...- ella se ríe y me corto, dándome cuenta que solo burlaba.

-Tranquilo solo bromeaba. No, no puedes probar. Eres chiquito para fumar.

- ¡Solo soy meses menores! -chillo.

-Lo que sea, yo solo escuche la palabra "menor"- sonríe, relajada.

-Como sea. - me rindo y me cruzo de brazos, como un niño chiquito haciendo su berrinche. No puedo creer este grado de discriminación.

-Tienes la fortuna de tener noches como estas -dice, repentinamente. No me mira, solo mira la oscuridad, la nada.

- ¿A qué te refieres? 

-En la ciudad por las noches hay mucho ruido, pero aquí es increíblemente silencioso y tranquilo. El silencio se vuelve adictivo. 

-Es el conticinio.

- ¿eh?

-Momento de la noche en la que todo está en silencio; Conticinio -Una vez leí esa palabra en un libro viejo que encontré. Desde ese día la he recordado como si fuera algo vital, sin ninguna razón aparente. Gracias memoria de pez que solo recuerda cosas inútiles.

-Conoces palabras bastantes raras -da una última calada a su cigarro.

-Lo sé. - nos miramos mutuamente

Ella toma su cigarro y lo apaga en el cenicero que tenía a un lado.

-Buenas noches, Arion- esboza una pequeña sonrisa que nunca había esperado ver.

-Buenas noches, Candace- me despido.

Los dos nos metemos a nuestras habitaciones, terminando la noche. 

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