35

—¿Ethan?

Nada. Los golpes en la puerta no cesaban.

—Eth, sé que estás ahí, abre la puerta.

Ya casi no podía respirar. Estaba sentado abrazando mis rodillas y con la espalda apoyada en un costado de mi cama.

—¡Ethan, abre! —más golpes—. ¿Qué fue lo que pasó? Acabo de ver a tu padre irse en su auto…

Más silencio. Y dolor consumiendo cada centímetro de mí. ¿Acaso no había nada que pudiera pararlo? Sí, sí lo había… y estaba a unos metros de mí, golpeando la puerta.

Antes que Will hubiera podido decir otra cosa, corrí a la puerta, la abrí lo más rápido que pude, y una vez frente a él lo abracé con todas mis fuerzas.

—¿Pero qué pasó, Eth? —preguntó en voz muy baja rodeándome con s

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