TRAIDORES

Benedikt

Observo a Ana durante todo el trayecto y aunque me diga que las palabras de ese malnacido no le afectaron, sé que no es así, su pasado es algo que siempre le atormentara y no podrá sacarlo de su cabeza hasta que cumpla su objetivo, vengarse de todos aquellos los cuales le jodieron la vida. Para no discutir más con ella decido no volver a tocar el tema, pero cuando llegamos a la mansión sube a su habitación y se encierra como siempre que alguien le menciona algo semejante.

—¿Qué le pasó a mi niña? —inquiere Marisha la nana de Ana.

—El hijo de perra de Viktor nos traicionó y le dio información al infeliz del Coronel Pavlov, si no ha sido porque Valka escucho su conversación, ahora Ana estaría en manos de ese perro sarnoso.

—Pobre de mi niña, ya ha sufrido bastante como para que ahora ese tipo esté detrás de ella.

—No te preocupes, nana, ese par de basuras ya están contándole a Satanás todos sus pecados —respondo con satisfacción al saber que por lo menos ya nos deshicimos de dos traidores, pero sé que el camino que debemos recorrer aún es largo y estoy dispuesto a sacrificar mi vida con tal de que Ana no vuelva a sufrir.

—Me preocupa que siga con esa idea de querer exponer ante todos lo que esos hombres hacen, si bien ella es poderosa, esos tipos también lo son —me confiesa con los ojos llorosos.

—Lo siento nana, pero en esta ocasión estoy de acuerdo con ella, no es justo que esos tipos solo nos utilicen cuando desean optar por un cargo en el gobierno, y cuando lo consiguen intenten quitarnos de su camino para que no les jodamos su imagen. Ahora debo salir y averiguar algunas cosas, avísame como sigue.

—Ve con cuidado Ben, yo la cuido. —Le doy un beso en la mejilla y salgo con un malestar que me es difícil identificar.

—¿Han averiguado quién más nos ha traicionado? —les cuestiono a mis hombres en cuanto subo a la camioneta.

—No jefe, pero sabemos que Viktor se estuvo reuniendo con otros hombres, aún no averiguamos su identidad, pero solo es cuestión de tiempo que demos con ellos, de lo que si estamos seguros es que hablo con sus familiares, tenemos el presentimiento de que los instruyó en caso de que algo le sucediese.

—En ese caso corre el rumor de que Valka y sus hijos están muertos y que yo personalmente me encargué de desaparecer sus cuerpos, espero que de esta forma les entré en la cabeza quien es la que manda aquí y si no se alinean los alineo.

—Sí jefe.

—También quiero que me informen de los movimientos que hagan en el cuartel una vez que reciban nuestro regalo.

—Cuente con ello jefe.

[…]

Llegamos hasta unas bodegas abandonadas que algunas veces ocupo para torturar a los que nos traicionan o bien para reunirme con mis informantes.

—¿Qué descubriste Şacal (chacal)? —le pregunto al hombre que espera por mí mientras bebe un trago de su anforita.

—¿Cuánto estás dispuesto a pagar Fiară? —inquiere relamiéndose los labios.

—¿Qué es lo que quieres a cambio de la información?

—Las propiedades que eran de Viktor —responde sin rodeos, a lo cual lo miro con la ceja arqueada.

—Esas propiedades son de…

—Vamos Fiară, sabemos que eran de Viktor cuando estaba vivo, pero ahora que está muerto como el perro traidor que es, ya no le pertenecen, son tierra de nadie.

—¿Cómo sabes que Viktor está muerto?

—¿Cómo por qué seguiría vivo? Todos sabemos que una vez que traicionas a La muñeca, tus horas de vida están contadas y ese infeliz no es la excepción —responde sabiamente.

—Eres listo Şacal, espero que con esto te entre en esa cabecita que nunca debes de traicionar a la jefa, en cuanto a sus propiedades ahora son de La muñeca, por lo que no puedo dártelas.

—Mi lealtad siempre ha estado para con ella, nunca sería tan estúpido como para traicionarla. En ese caso deseo las propiedades de su familia, es un trato justo Fiară, la información que te voy a revelar es de suma importancia.

—Bien te doy mi palabra —accedo en nombre de Ana, además de que sé que ella estará de acuerdo cuando se lo planteé.

—Algunos de mis hombres me informaron que en el cuartel todos están que se trepan por las paredes ahora con la muerte del Coronel y ya le están buscando su reemplazo, se habla de que podría ser su sobrino y por ende andará como perro de caza tras La muñeca en cuanto se entere de que ella es la asesina de ese tipo. Con respecto al caso de Viktor sé que estuvo en contacto con Danko y Terek esos dizque mafiosillos que andan tras el poder de nuestra jefa y que se han reunido con altos mandos del país, Pavlov y hay alguien más, pero aún no averiguó el nombre de ese infeliz, me parece que era algún otro militar de alto rango.

—¡Maldito hijo de perra! Nos estaba vendiendo —exploto furioso dando un fuerte golpe en la mesa—. Quiero que averigües quien era el otro infeliz cuanto antes, no podemos bajar la guardia, además Viktor le entregó una foto de Ana y mía a Pavlov…

—¿Qué ese desgraciado hizo qué? Después de todo lo que Ana y su padre lo ayudaron —expresa molesto Şacal.

—Lo sé, por suerte cuando nos informaron de que Viktor pensaba traicionarnos, nos apresuramos a actuar y logramos quitarle la única pista que podrían seguir para dar con Ana, sabes de sobra que ella siempre ha sido muy cuidadosa en ese aspecto, solo sus más allegados conocemos su identidad, era algo que su padre quería mantener en secreto y así ha permanecido por años.

—Dame tiempo para averiguar todo, lo que si te digo es que también estuvo en contacto con su familia, me parece que es posible que les haya ordenado actuar en caso de que algo le sucediese, así que tengan cuidado, creo que podrían hacerlo cuando menos se lo esperen.

—Gracias Şacal, sigue manteniendo ojos y oídos en todas partes, sabes que La muñeca te recompensara siempre que nos traigas información fidedigna, por último, necesito que busques información de este hombre —le pido al tiempo que le entrego un papel con el nombre de la persona que Ana necesita encontrar, me levanto y le aviento un pequeño fajo de billetes—. Este es un presente mío, en cuanto a las propiedades, estarán en tus manos en un abrir y cerrar de ojos, ahora comprendo por qué las pediste.

—Dale mis saludos a La muñeca, para mí siempre es gratificante trabajar para ella y gracias por el presente —replica, mientras guarda el dinero en el bolsillo de su chaqueta—. En cuanto te tenga noticias te lo haré saber.

Ambos salimos por diferentes puertas, subo a la camioneta y me quedo pensando en las palabras de Şacal, por lo que debo de redoblar la vigilancia en caso de que deseen hacerle algo a Ana, además de mandar vigilar a toda la familia de esa escoria. Regresamos a la mansión, pero debido a que ya es bastante tarde todos duermen, así que tendré que esperar hasta mañana para informarle a Ana lo que averigüé.

Al día siguiente

Bajo a desayunar y a la única que encuentro es a Marisha, quien lleva una bandeja en sus manos.

—¡Buenos días, nana! ¿Y Ana?

—¡Buenos días, Ben! Mi niña está indispuesta y le llevo el desayuno, me pidió que nadie la moleste —me informa con la voz apagada.

—Más tarde subo a verla. —Tomo asiento y comienzo a desayunar, casi estoy por terminar cuando una llamada me interrumpe.

—Qué bueno que lo localizo jefe, estuvimos siguiendo a la familia de Viktor y se reunieron con Danko y Terek, me parece que no se traen nada bueno entre manos, ahora están a las afueras de San Petersburgo, se encuentran cerca de Estonia.

—¡Maldita sea! No dejen de seguirlos, saldré ahora mismo para allá.

—¿La jefa no vendrá? —inquiere dubitativo.

—Se encuentra arreglando otros asuntos, lleva a todos los hombres que puedan, no importa que debas de hacer los quiero vivos, pero si no te queda más remedio, deshazte de los que se quieran despedir antes de su miserable vida.

—Está bien jefe, aquí lo esperamos. —Corta la llamada y justo cuando me levanto para salir, entra Marisha con la bandeja que le llevo a Ana hace unos minutos, la cual está intacta.

—¿Saldrás?

—Sí, nana, no quiero que nadie salga y mucho menos Ana.

—No tienes de que preocuparte, dudo que desee salir. No quiso desayunar —me informa al ver que observo con el ceño fruncido su desayuno.

—Le he dicho un millón de veces que debe de olvidar todo lo que sucedió hace años, pero no me hace caso y así tenga que cortarles la lengua a todos aquellos que la hieran con sus palabras, lo haré con tal de verla sonreír con sinceridad, al menos por una vez en su vida.

—Sabes que no es fácil, Ben, cuando el señor Konstantin la encontró en ese callejón, era apenas una niña y estaba en pésimas condiciones.

—Lo sé nana y créeme que recuerdo a la perfección cuando llego con su pequeño cuerpo destrozado a esta mansión, así como las siguientes semanas en las que ella gritaba en plena madrugada y no quería que nadie se le acercase —respondo con la voz quebrada, le doy un beso a Marisha y salgo con prisa, deseo volver a la mansión antes de que caiga la noche, desde ayer tengo el mismo malestar y no me gusta nada sentirme así de ansioso.

Doy órdenes de que todos vigilen el perímetro, así como que manden llamar a otros de nuestros hombres y estén alertas en lo que regreso, sin dejar de advertirles que, si algo le sucede a La muñeca en mi ausencia, pagarán con algo más que su vida.

[…]

Durante todo el viaje observo cada cierto tiempo mi celular un poco ansioso y creo que, hasta cierto punto, parezco paranoico, lanzo un suspiro y me concentro en lo que les haré a esos infelices una vez que los encontremos, reposo mi cabeza en el respaldo y mis hombres me informan que los han rodeado discretamente en espera de que llegue y resuelva las cosas. El tiempo pasa lento, pero cuando menos me doy cuenta ya estamos en Estonia, aparcamos un poco lejos de la propiedad, la cual por suerte se encuentra bastante escondida de miradas curiosas y espero a que mis hombres me informen lo que ha pasado en todo este tiempo.

—¿Qué ha pasado desde que me hablaste? —inquiero con el entrecejo fruncido.

—Han entrado varias camionetas blindadas, de una de ellas descendió un hombre, pero no logramos identificar de quien se trataba, venía con un pasamontañas, por lo que creemos que es alguien importante y no desea ser descubierto por el momento.

—¿Con cuántos hombres venía? —inquiero antes de cometer una locura.

—Alrededor de unos quince, más todos los que están dentro de la casa, me parece que son más de cuarenta.

—¿Qué sabes de los familiares de Viktor?

—Algunos se separaron, por lo que me tome la libertad de que algunos de nuestros hombres los siguieran —confiesa un tanto temeroso de sus acciones.

—Hiciste bien, que no se les despeguen, de todas formas, ya deben de saber que su fin está cerca, a La muñeca nadie la traiciona y esos infelices han mordido la mano de quien les dio de comer.

Me encuentro con mis hombres discutiendo la mejor manera de abordarlos, cuando de la propiedad salen las camionetas blindadas de las que me hablo hace rato mi hombre.

—Que alguien los siga, ¡rápido! —les ordeno—; el resto me acompaña, haremos una limpia en nuestras filas. —Estos asienten y cargan sus armas, al tiempo que toman sus posiciones para entrar en la propiedad, durante el asalto tenemos varias bajas, pero logramos llegar hasta donde los malditos cobardes se han encerrado, mis hombres tumban la puerta y lo que veo me hace soltar una carcajada.

»¡Son unos malditos cobardes!, prefieren poner al frente a sus mujeres e hijos para que no les suceda nada a ustedes. —Les hago una seña a mis hombres para que solo dejen a los hombres, una vez que estamos solos y los tenemos amagados, revisamos toda la propiedad, donde encontramos algunas fotos de Ana, la cual, por cierto, en todo momento estaba de espaldas y no se le veía el rostro, lo que me lleva a pensar que en nuestro techo albergamos una serpiente ponzoñosa a la espera de atacar.

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