Embarazada de Hades
Embarazada de Hades
Por: Maya Briceño
Prólogo.

Reviso la hoja de la prueba de embarazo que sale positiva, suspiro mirando a la nada y luego otra vez la prueba pensando en que momento me acosté con alguien en los últimos dos meses y lo más cercano que he llegado a acostarme con alguien es en un sueño húmedo que tuve al día después de ir a beber a un bar.

Me levanto para regresar a mi apartamento, pido un taxis y le doy la dirección mientras pienso en el supuesto padre de mi criatura, el taxis se estaciona en el edificio, pago y bajo. Miro el gran edificio de 10 pisos con 4 apartamentos cada piso estilo estudio, entro y tomo las escaleras ya que no hay elevador, por suerte vivo en el tercer piso, al llegar y abrir la puerta de mi hogar esta se abre mostrando a mi amigo quien me toma del brazo y mira a los lados del pasillo.

Entro al apartamento sin entender su reacción.

— ¿Qué sucede? — pregunto viendo que actúa de una manera poco común, se acerca a la ventana y mira algo, curiosa me acerco a mirar y veo tres camionetas negras con una H y una K como logo. — Elián…  — llamo, me mira y me hace seña de que me acerque a él.

— Esos carros son de la mafia… — frunzo mi ceño, mirando lo que sea que está intentando mirar el rubio — Hali… no me digas que no sabes de esto — afirma o preguntó no lo sé muy bien porque llega Ana abriendo la puerta con desespero.  

— Explíquenme porque esos carros están frente al edificio, nuestro edificio — habla alarmada, los miro sin entender nada, suspiro.

— No lo sé, cuando Hali bajaba del taxis se estacionó un carro, ya los otros dos estaban ahí — me empiezo a marear y dejar de escuchar a mis dos amigos y caigo sin darme cuenta en una oscuridad.

[…]

Despierto encontrándome en el bar, los rostros de las personas en el lugar son borrosos, pero un rostro no está del todo borroso, lleva rato mirándome, el bartender me da una bebida, dice algo pero no logro entenderlo.

El hombre que me estaba mirando se acerca, entonces puedo mirarlo con más determinación, sus ojos dorados, cabello oscuro y piel blanca, alto y fuerte, era como ver las esculturas del museo en donde trabajo, realmente era un Dios griego.

[…]

— Hades Kana — abro mis ojos y veo el techo de mi habitación. — Al fin despiertas, mujer — me siento y veo a Elián de brazos cruzados con la hoja de examen de sangre en mano — Me tienes que explicar esto — dice mostrando la hoja, en eso Ana entra a mi habitación.

— ¿Quién es el padre? — pregunta con curiosidad, trago saliva — Por cierto, los carros se fueron — Elián mira a Ana y luego corre a la ventana a revisar mientras la castaña me mira esperando a que hable. Suspiro y miro la hora en el reloj en forma de planta en mi mesita de noche.

— Se me hace tarde, tengo que ir a trabajar — me levanto viendo que dure 2 horas dormida — Hablaremos de esto después, con más calma — la verdad es que quería esquivar a mis amigos con sus preguntas sobre el padre ya que ni yo sabía quién era o tal vez si sabía pero no recordaba su nombre — Hades…

Menciono haciendo que mis dos amigos me miren.

— Ese tipo es el rey de la mafia de esta isla, Hali — dice el rubio, lo miro — Ojala lo hayas mencionado por otra cosa y no porque sea el padre de la criatura, ¿Verdad? — tomo mi bolso después de ponerme los zapatos.

— Se consiguieron papeles antiguos sobre este Dios — menciono aunque no es mentira, me despido cerrando la puerta, suspiro intentando recordar esa noche en el bar.

¿Si en realidad el sueño húmedo que tuve no era un sueño y si pasó? Pero ¿Quién me explicaría que estuviera vestida y en casa?

Niego bajando las escaleras y tomo un taxis para que me lleve al museo de antigüedades, miro las calles de la ciudad y el taxis se detiene, me bajo y le pago, corro hacia el museo entrando por un pasillo que solo es acto para trabajadores.

— Frey… — me detengo justo cuando estoy por entrar a mi área, me volteo y miro a un hombre.

— Julián… — río un poco sonrojada, sus ojos verdes son oscuros y llamativos.

— Llegas tarde, ¿Algún inconveniente? — pregunta, acomodo bien mi bolso sin soltar la correa de este.

— Me quede dormida… — excuso, frunce su ceño.

— A las 2 de la tarde… — asiento — Eso es muy raro viniendo de una persona puntual — suspira — Póngase a trabajar, hay una fecha límite para mostrarle al público lo que hemos encontrado — asiento y abro la puerta en donde puedo suspirar aliviada, dejo mi bolso en una silla y me pongo delantal e cubre boca.

Con ayuda de una lupa, linterna y una pinza voy leyendo el papel que es más como un documento en donde explica la existencia de los dioses de la antigua Grecia, sin darme cuenta se ha hecho de noche y tengo que regresar, suspiro levantándome de la silla y ordenando todo guardándolo en sus cajas para mañana seguir con más calma.

Me quito el cubre boca junto con el delantal y en eso entra Julián con un hombre de mirada dorada.   

— Oh, señorita Frey, no pensé que seguía aquí — dice el castaño.

— Ya me iba — aviso tomando mi bolso.

— Te llevo — pero niego a su invitación y salgo del lugar sin antes voltear y mirar al pelinegro, el mismo del bar.

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