6

Edgar

Siempre fue tarde para hacer las cosas bien, tarde o temprano llegamos a ser una versión que acabará por destruirnos a nosotros mismos, pero que no queda de otra que seguir el mismo camino para no soltar nada de lo que se construyó durante años, aunque eso quiera decir sufrir de alguna manera.

—Inspector, a la espera de su orden— dice uno de los policías.

—¡Adelante!

Dirigir una operación contra alguien que trabajó para mí es algo que nadie sabe excepto yo para seguir reinando el gran imperio que tengo en mis manos.

Los disparos empiezan a sonar dentro del escondite del lagarto y poco a poco el operativo se lleva a cabo con éxito.

—¡Buen trabajo, chicos! — felicité a mi equipo y después me deshice del chaleco antibalas y me despedí.

—Edgar, los superiores están contentos de tenerte al mando de cada operación. Creo que tu inteligencia y astucia nos lleva a detener a los malos sin problema. ¡Buen trabajo, hijo! — Mi superior me felicita, ingenuo si supieras quien soy realmente entenderías muchas cosas.

—¡Gracias!

Una de las cosas que más me llegó a importar fue mi padre, así es, el hombre que me crio después de que mi madre me abandonara y años después el hombre que pensé que era mi ejemplo a seguir, fue asesinado frente a mí y a manos de los que ahora gobierno. La mafia italiana.

—Zeus, ordena a los chicos que anuncien que el lagarto está fuera de servicio, que él mismo se entregó y que muchos nombres de los demás socios pueden ser revelados y muchas cosas podrían salir a la luz.

Mandé a mi mano derecha a quitarles el sueño a muchos de los que viven en este mundo tan lleno de todo y a la vez de nada.

—Prepárate, saldremos a cenar con un amigo. —Entré sin tocar a la recámara de la chica que ahora ocupa mis pensamientos a todo rato y eso hizo que se sobresaltara al verme.

—Toca la puerta, por favor.

Arqueé una ceja dejando mis manos sobre mi cintura, me sentía agotado.

—Tienes diez minutos para vestirte con el mejor vestido que haya en ese armario y te aviso desde ya, como hagas alguna locura esta será tu última noche.

Ella me miró con terror y asintió sin añadir más.

Soy así cuando mi corazón se siente amenazado, no soy delicado con nadie y jamás pensé en dejar vivo a alguien tan insignificante para mí.

Tal como exigí, en diez minutos sentí el sonido de los tacones bajar por las escaleras y no esperé en buscarla con la mirada mientras sentí que mi corazón vibraba y el deseo de empotrarla contra la pared se apoderaba de mí.

—Déjame hablar con mi amiga y con mi novio— me pide después de tenerme de frente.

Salí del trance en el que me encontraba y aclaré la garganta.

—Si te portas bien, te dejaré hacer una llamada a tu amiga, pero al nerd de tu novio, olvídalo. Porque ya no eres su novia.

Ella ensanchó los ojos y después mojó sus labios para guardar silencio, hablar no le haría nada bien así que optó por la mejor opción.

—¿Quedó claro?

—Sí, señor.

—Nada de señor, solo Edgar.

Asintió molesta y caminamos hasta la salida.

Conduje hasta la casa de mi socio y la mujer de este nos recibió con una gran sonrisa—. Bienvenidos.

—¡Gracias, Fernanda!

Zoe no dijo nada y al parecer no estaba dispuesta a dar su mejor cara.

—¿Ves esa ventana de ahí? — señalé con el dedo mientras le hablo en el oído—. Bien, pues hay un franco tirador con tan solo un movimiento con esta mano estás acabada, así que sonríe y deja que mi socio vea en ti una mujer con una sonrisa cautivadora.

Al tenerla tan de cerca percibí como su piel se erizó por lo que había dicho y después giró su fracción hacia mí y a nada estaba por unir mis labios con los suyos.

—Eres... — detengo mi habla porque estaba metiendo la pata.

—¿Qué? — musitó.

Carraspee y puse distancia.

Existe alguien que pueda llegar hacerte feliz después de no creer en esta, yo no soy de pensar que la felicidad exista, después de todo, este mundo tiene de todo menos felicidad eterna, entonces si no dura para que querer tenerla.

—Eres hermosa— halaga mi socio y este alzó sus manos al mirarlo seriamente—. Rey, solo es un halago.

Curvé mis labios y la miré, y realmente es bonita, diferente a lo que he conocido hasta ahora.

—Déjame decirte, querido, Edgar que tu forma de mirarla es para tomar una foto y ponerla en un cuadro.

Me tensé al oír las palabras de mi socio que rompí la mirada que le dediqué al perderme en mis pensamientos.

—Ahórrate esos comentarios, tigre. No soy de miradas románticas y mucho menos de recordarlas con nadie.

Mi frialdad salió de nuevo y congeló la estancia.

—Tú mismo, pero sé que no me equivoco.

La mujer de este sonríe a Zoe y ella le dedicó una sonrisa de lado como diciendo que todo estaba bien.

¿Acaso debería molestarse con mi comentario? No debería porque no prometí nada a nadie. Cuando me canse decidiré qué hacer con ella.

—Querida, ¿me acompañas a la cocina? — Zoe asintió y se levantó de la mesa, pero antes de irse le sujeté la mano y capté su atención.

La amenacé con los ojos y después ella me soltó.

Aunque quisiera huir no era posible, ya que todos somos iguales, no hay persona fiel ni nadie que la ayudará.

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