Capítulo 3: Pura coincidencia.

Capítulo 3: Pura coincidencia.

Caí redondo en su treta.

¿Cómo pude ser tan tonto de dejarme llevar?

¿Cómo es que mujer logra sacar la parte mas salvaje mía?

Esta vez logré controlarme, logré no inhalar por demasiado tiempo su perfume, su aroma natural. No dejé que su belleza me anestesiara a tal punto de no querer nada más.

Caí en su treta sin darme cuenta.

Ella es como una ninfa seductora, llena de vida y tentaciones.

—¡Que bobo fui! — gruño mientras me subo al coche.

Se que no debo conducir, se que no debo dejarme llevar por la ira y sabiendo el diagnostico, el motivo de mis migrañas, la razón por la que llego exhausto a casa aun después de pocas horas de trabajo.

No debería de conducir, pero necesito alejarme de ella.

Mi teléfono suena y pongo el manos libres.

—¿Qué diablos fue eso?

—No se de que hablas. — gruño feroz al darme cuenta de que es Ernest.

—¿Te está afectando el tumor al raciocinio? — pregunta en con tono bajito y se que está susurrando.

Aun no le he contado a mis padres sobre mi enfermedad terminal.

¿Cómo hacerlo?

¿Cómo decirles que su único hijo va a morir muy pronto?

—Neny.

—Solo fue un baile.

—¡Por Dios santo! ¡Todos nos dimos cuenta de que no fue solo un baile! ¡El único que cree que esto fue solo un baile son ustedes dos!

—¿Qué dices? ¿Ella dijo algo?

—¡Callate y escúchame! Estas obviamente confundido, hermano, pero Neny no es la indicada para ti, no en este momento…

—Voy a cerrar. — le aviso y no espero respuesta, cierro la llamada y aprieto mis manos junto al volante del carro.

¡Obviamente que no lo es!

Seria tonto seguir negándome a mi mismo que la mujer me atrae, por supuesto que lo hace, ella es adictiva, es pasional, es intensa, es todo lo que no busco en una mujer.

Me saco el la chaqueta del traje y la coloco en el asiento del copiloto de forma poco mi estilo.

Normalmente llevo todo arreglado, difícilmente alguien puede verme desaliñado, aunque no rayo en lo obsesivo, si me gusta vestir de forma decente y organizada.

Me desabrocho el botón superior de la camisa verde olivo y respiro.

No puedo pensar con claridad cuando esa mujer parece haber invadido el espacio donde vivía mi tranquilidad emocional.

Después de un sofocante momento donde la respiración me faltaba, logro estacionarme en el parqueo de una cafetería que solía venir antes y que trabaja las veinticuatro horas del día.

Una lluvia de recuerdos me invade.

Si, acostumbraba venir aquí, pero no solo.

Solía venir a altas horas de la noche a tomarme un café con la mujer que creí seria la mujer de mi vida.

Meldy Sant se presenta en mi mente como una alucinación.

Y de repente, me doy cuenta, que, si voy a morir pronto, no puedo hacerlo sin saber porque diablos ella me fue infiel.

Tan fuerte como un trago de ron a las cinco de la mañana, marco su numero en mi móvil mientras cierro la puerta del coche y me dirijo a la entrada del lugar.

—¿Tim? —dice con voz ronca. —¿Etas bien?

Esa preocupación.

Sacudo la cabeza por ser tan débil con ella.

Ella me mintió y vale mas que lo recuerde.

—Necesito verte. —le digo. Miro el reloj que llevo en la muñeca y sonrio.

—¿Qué? ¿Estas bien? ¡Son las doce de la noche!

Al parecer deambulé mas de lo que me di cuenta antes de llegar a donde estoy.

Mecally´s abre sus puertas y la dueña, Anitta Capaccio me recibe con un abrazo.

—¡Timotheo Hossen! — exclama y mi corazón se ablanda un poco al ver a la mujer de sesenta años que me abraza como si fuera su hijo.

—¿Esa es Anitta? — escucho que Meldy pregunta.

—Te espero aquí. — digo cerrando la línea y sonriéndole a Anitta con amor. —¿Cómo estas, Bella mía?

Unas clases de italiano cuando era estudiante universitario siempre son buen recibidas en Mecally´s.

—Tenias tanto tiempo sin venir por aquí, muchacho mio. — ella se aleja un poco y me mira de pies a cabeza. —¡Que flacucho estas! ¡Ahora mismo te traigo unos bollos de queso!

Ella no espera mi respuesta, se va a buscar los bollos y por primera vez en la noche y quizá en días, sonrío con el alma.

Extrañaba venir aquí.

Este lugar me da una paz que muy pocos espacios pueden lograr.

Supongo que todos los identificamos con un sitio en particular. Ese donde el personal se vuelve parte de tu familia, donde te aprendes cada cosa del menú y donde nadie te molesta para que te vayas, todo lo contrario, eres bienvenido a quedarte todo el tiempo que gustes.

Tomo asiento en la mesa de siempre, un lugar apartado de los demás y espero por el regreso de Anitta.

Miro el reloj, han pasado apenas unos diez minutos, Meldy vive bastante cerca de aquí...

Sin proponérmelo, sin quererlo, esta noche sabré porque me fue infiel.

El día que me enteré de su infidelidad, creo que fue el peor día de mi vida, tan solo superado por mi reciente diagnostico de Cáncer.

Cuando supe que ella, Meldy, la mujer con la que pretendía casarme próximamente, tener muchos hijos y darle todo lo que ella había soñado y me había contado, ella me fue infiel con mi tío, Cristtoff Hossen, un hombre despiadado, malévolo y que recientemente había muerto.

Por no mencionar que era el padre de mi hermano Ernest.

Razones. Motivos. Eso deseaba.

***

Los segundos pasan rápidamente. Anita me trae un café de inmediato junto con los bollos que había prometido. Sorprendiéndome con su rapidez, Meldy Sant entra por la puerta haciendo que la campanita colgada encima del parco suene de inmediato.

Ella mueve la cabeza de inmediato a la mesa donde normalmente nosotros nos sentábamos tiempo atrás cuando éramos felices, cuando teníamos todo por tenernos a nosotros, cuando pensábamos en lo que tendríamos en toda  nuestra vida juntos, al menos eso hacía yo, justo quien va a morir pronto. El que necesita respuesta, el que necesita saber por qué diablos ella decidió ser infiel con mi tío.

Puedo culpar a mi tío,  puedo descargarme en su memoria, maldecirlo y desear con todas mis fuerzas que ahora mismo esté ardiendo en las llamas del infierno, pero cómo está muerto, ya no puedo hacer nada más. Quizás podría haber hecho algo cuando estaba con vida, pero ahora ya no hay nada que hacer.

Solo me queda sufrir con el recuerdo de que él me robó mi felicidad, de que él sin razón alguna hizo que yo sufriera como nadie me había provocado antes.

—Tim…

Me llama por  mi nombre mientras se acerca a la mesa y toma asiento frente a mí, de inmediato, Anitta se acerca y la abraza con fuerza.

—Mucho tiempo sin verte, querida. Me alegra tanto verlos aquí finalmente. —Sin embargo, no emite ningún comentario sobre la supuesta boda que íbamos a tener y celebraríamos en esta misma cafetería.

La mujer con la cual iba a casarme, no era una de esas frívolas y amantes de desperdiciar en excentricidades, habíamos hablado para celebrar nuestra boda aquí. Por eso yo la amaba, porque ella no era la típica mujer que se creía superior a las demás, que quería grandes gestos de amor, de pruebas de afecto. Para ella cualquier cosa era suficiente, por más mínimo que fuese, el detalle más económico la complacía,  y yo que no me caracterizo por derrochar dinero, estaba feliz de haber encontrado a la mujer que me correspondiera en todo, y eso me hacía darle el mundo. Y lo hice. la complací en todo lo que sabia o creia podia gustarle. Por que creí que la conocía. 

Pero yo no lo hacía.

Ya me doy cuenta de que no lo hacía. Gracias a Dios, Anitta se reserva sus comentarios y no dice nada más, después de mirarnos del uno al otro se marcha sonriendo y le trae un café a Meldy, el mismo que ella solía tomarse cuando veníamos con regularidad: Capuccino con canela y crema.

No sé si sorprenderme por la facilidad que tiene Anitta de recordar que tomaba cada quien o si sorprenderme porque mantiene la boca cerrada. Una mujer que normalmente decía todo lo que le llegaba a la mente cuando ella creía tener la razón era imparable.

—¿Qué es lo que sucede, Tim? Es raro que me estés llamando a esta hora de la noche y considerando como avabaron las cosas hace una semana en mi apartamento, dudo que sea para charlar sin mas. —Me dice dándole un sorbo a su café y escondiendo su mirada detrás de la taza.

Y es bastante fácil hacerlo porque Anitta utiliza unos tazones enormes para los cafés largos y Capuchinos.

—Pensaba en ti…—Digo y veo cómo sus ojos se iluminan.

Comienzo a comerme uno de los bollos para tragar el nudo que tengo en la garganta.

—¿Qué-que has dicho? —Tartamudea ella. —Pensando en mí después de todo este tiempo? Después de acusarme de haber estado involucrada en con el tema de Ernest? ¡Eres increíble Timotheo!

No puedo evitar sonreír. Ella ha creído que ha sido pensando en ella de manera romántica.

—¿Qué diablos te pasa ahora? ¿Por qué te ríes? —Pregunta ella dejando la taza sobre la mesa con rabia. —Me llamaste aquí para burlarte de mí. Es medianoche Timoteo. Mañana trabajo. Existimos personas que tenemos que mantener un trabajo para poder sobrevivir.

—¿Y crees que yo no puedo trabajar, crees que yo no quiero hacerlo?¿Crees que puedo pasarme los días sentado en mi casa?

—¿A qué me llamaste, Tim? Estoy segura de que no me llamaste para echarme en cara que tienes todas las posibilidades del mundo de ser feliz y de mantenerte en casa sin necesidad de trabajar. —Ella le da otro sorbo a su café y después vuelve a colocarlo en la mesa, pero manteniendo las manos alrededor de la taza.

Está condenadamente bella, delicada, al parecer, salió tan deprisa que no le dio tiempo a cambiarse. Se ve hogareña, tranquila, como si hubiese estado durmiendo cuando la llamé,  lo cual es bastante probable pues es medianoche. Tiene aún la pijama rojo puesto,  uno de seda de tirantes finos, aunque un chal cuelga sobre sus hombros cubriéndole del frio.

Por más hermosa que se vea, debo de reconocer que se ve cansada. Sus ojos están hinchados, seguramente de tanto llorar por el asesinato de su amante.

La rabia hace que el pecho me duela y de inmediato siento que las manos se tornan rígidas, Así que las escondo debajo de la mesa para que ya no noté el efecto que es capaz de tener en mí. Ha estado llorando por él.

Después de la escena con Rodrigo y su madre, sé que no ha sido ella quien ha inculpado a mi hermano por la muerte de mi tío, pero aún así no puedo perdonarla por haberse acostado con él, por haber arruinado nuestros sueños juntos.

—¿Por qué te acostaste con él? —inquiero sin anestesia ni suavidad. Ella no merece mi empatía.

—¿Para esto me llamaste? ¿Para volver a darle vueltas a todo una vez mas? ¡Tu no vas a perdonarme!

—Por su puesto que no. —digo con tono feroz y casi un gruñido. Le miro a los ojos café y no tiemblo ante ella. —Jamás voy a perdonarte, Meldy. Arruinaste lo que teníamos.

—¿Entonces, que demonios quieres, Tim?

—¡Necesito saber qué demonios te impulsó serme  infiel con él! —con mi puño en la mesa. —¿Quieres verme alterado? ¿Quieres verme pedirte de mala forma que me digas, qué diablos hizo que tú dañaras todo lo que teníamos para acostarte con mi tío? ¡Mi tío! No cualquier desconocido, ¡mi tío! ¡mi familia! ¡mi sangre!

Cristtoff Hossen no era ningún Santo. Tampoco voy a quitarle la responsabilidad, jamás le quitaría la responsabilidad. En el momento en que me enteré de que ellos dos habían estado juntos mi mundo se abrió a mis pies, ellos me habían estado viéndome la cara, haciéndome sentir como un idiota; yo todo enamorado de ella mientras ella se revolcaba con nada más y nada menos que mi tío, que el hermano de mi padre. Cristoff no era un angelito caído en la tierra, era un desgraciado que se atrevió a acostarse con la mujer de su mejor amigo y tener una hija junto a él, pero no obstante, no solo decidió acostarse con ella, sino que la drogó y abusó de ella, estaba encaprichado con Eva Domert.

Encaprichado con otra mujer, mientras estaba casado con la madre de mi primo hermano.

Eva ni siquiera recuerda cómo pasó todo esa noche y después de tantos años es que nos llegamos a enterar, que en verdad nos recuerda porque fue drogada por su ama de llaves, la cual se estaba follando a su esposo y que día a alejar a Eva de el hombre que ella amaba.

Siento pena por Eva, siento un dolor muy grande por una mujer que ni siquiera conozco, que apenas he visto un par de veces, pero siento aún más pena, rabia, dolor, impotencia por la pobre Priscila Domert, una mujer que no tiene la culpa de haber nacido producto de una violación y más aun después de haberse enterado que su padre, aún sabiendo que ella y Ernest eran hermanastros, estaba dispuesto a casarlos con tal de cumplir con su venganza, con tal de vengarse de su ex mejor amigo y socio de la empresa.

Mi tío no era un angelito, pero aquí quien me debía responsabilidad, quien tenía un compromiso moral conmigo era ella.

Esta mujer que tengo frente a mí y que tiembla y sus ojos se llenan de lágrimas al verme tan decidido a escuchar la verdad.

—¿En verdad quieres escucharlo después de tanto tiempo?

—Cuéntamelo. —Me termino de tomar el café y le hago señas a Anitta, la cual se hace la que no está allí y no escucha lo que estamos conversando. La cafetería está casi vacía de no ser por un hombre que está en un extremo bastante alejado de nosotros.

Ella se acerca de inmediato con La jarra de café y los rellena.

—Todos merecemos el perdón. —Dice sin mirarnos a ninguno de los dos y dándose media vuelta, se retira.

Los ojos de Meldy se cierran y al abrirse veo el dolor intenso en ellos.

No puedo evitar sentirme mal, sentirme responsable de causarle dolor, pero ella me lo causó a mí primero. Ella fue quien ocasionó que todas las cosas se derrumbaran entre nosotros.

—Mi madre estaba enferma. —Me dice. —Estaba enferma y el tratamiento era demasiado costoso.

—Por eso te follaste a mi tío? —Pregunto sin poder creérmelo. — ¡Debiste recurrir a mí! —Le grito.

—No quería recurrir a ti, yo solo quería un préstamo para que se descontase de mi  pago quincenal, había gastado todos mis ahorros en los tratamientos de mi madre. Era un cáncer terminal, pero yo no podía darme el lujo de perderla, no tenía a nadie más.

—Me tenías a mí, yo era tu familia. Al menos eso dijiste muchas ocasiones.

—Eras mi familia! —Exclama y rompe a llorar de inmediato. —Tú no tienes idea de cuántas veces pensé en preguntarte a ti I si me podías ayudar, no tienes idea de todas las veces que te vi y pensé que tú eras el ideal para mí que tú podías ayudarme en todo y ser mi soporte.

—Debiste preguntarme. —Le digo con un nudo en la garganta, uno que no puede ser bajado con el café, uno que no puede ser eliminado así como si nada.

Me siento impotente, me siento como si ella no hubiese tenido la confianza suficiente en mí como si en verdad todas mis ideas con relación a nuestra finalización hayan sido reales.

Ella no me amo como yo la ame. Ella no confiaba en mí como yo, confiaba en ella. Y me duele saberlo ahora cuando estoy a punto de renunciar a todo lo que tengo, a  punto de dejarme vencer por esta enfermedad, me duele saber que di todo y ella no dio nada.

Cáncer.

De eso murió la madre de Meldy.  

De eso moriré yo.

Se me estremece el cuerpo y mi piel se eriza. Es como si la muerte me estuviera soplando en la nuca.

Es como si en cada cristal llovieran el reflejo de mi funeral.

La muerte me respira en las orejas y no hay nada que pueda evitar esto.

—Debiste recurrir a mí. No tienes idea de cuánto comprendo la enfermedad de tu madre. — Le digo, terminándome el café y sin deseos de seguir escuchándola, siento náuseas, quiero ir a mi casa y vomitar. Quiero tomarme pastillas para dormir y no despertar hasta que el sol vuelva a salir. — No te imaginas cuanto entiendo la situación por la que pasaste y la desesperación que debiste de haber sentido en aquel momento. Espero que tu madre esté bien. Espero que haya valido el esfuerzo, el destruir nuestra relación. Nuestra vida juntos.

 Ella sonríe con tristeza y sacude la cabeza, se abraza a sí misma cruzando los brazos sobre su pecho.

—Murió, Tim. Murió hace unos meses. Al final nada valió la pena. Todo lo que hice no sirvió de nada.

No puedo seguir escuchándola, una arcada comienza a subir a mi garganta y salgo de la cafetería para terminar vomitando en la acera.

Muerte.

Su madre murió. Murió de cáncer al igual que moriré yo en un mes.

Vómito. Todo lo que tengo en el estómago, todo lo que me comí y bebí en el día. Luego me subo al coche, cierro la puerta y enciendo. Comienzo a conducir sin saber hacia dónde voy, lo único que sé es que no puedo quedarme aquí, no puedo quedarme cerca de ella. Es un recordatorio de que mis días están contados, de que nadie se escapa de esta enfermedad, de que no hay una oportunidad para yo sobrevivir.

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