CAPITULO 3:

Narra Alisan:

<<vaya sí que esto es interesante>> pensé y me acomodé sobre mi asiento para observar a la pequeña detenidamente.  

—Alisan esa sonrisa malvada que tienes no pinta nada bueno— comenta Egan, tan incómodo como lo estoy yo por el asunto de nuestro celo. Y es que la chica que está molestando a la pequeña coneja que al parecer es su hermana y la verdad es que no está mal. Esa loba sería un buen desahogo si no hubiera estado en mi época de apareamiento. 

—pienso jugar con esa chiquita— la señalé  y ella se giró, no sé si fue que sintiera mi mirada o qué, pero estoy en un lugar donde hay poca luz y con sus escasos poderes no creo que pueda verme. Pero hay algo en ella que me causa intriga; sus ojos no son normales  y menos en conejos. 

Narra Nadia:

Me sentía fuera de lugar y más con el recibimiento que me dio mi hermana. Nos sentamos en la barra y a pesar de que no era la primera vez que consumo alcohol Lucas se estaba comportando pesado poniéndome límites con la bebida así que en un arranque de ira salí de ese bar con deseos de desaparecerme. Pues no soy una humana para que me traten como tal; controlándome con la bebida como si me fuera a embriagar.

Joder quiero dejar de ser tan patética, estoy cansada de esta vida de m****a, cansada de ser diferente, de que no me suceda nada importante, de que sé cuál será mi futuro sin mucho tapujo. Lógico si mi pareja destinada resulta ser un lobo o un vampiro estoy más que segura que me rechazará sin tan siquiera tomarle el gusto a mi aroma; mi suerte sería que mi pareja fuera un demonio malicioso o quizás un conejo, un brujo ni se diga porque, aunque no son tan presumidos como los jodidos lobos no aceptarán tal humillación de la diosa luna. Bueno no puedo seguir nombrando a otros seres, ya que no conozco más.

Caminaba sin contener que las lágrimas salieran de mis ojos, soy así de simple llorona, pero que hago si eso es lo que se me da literalmente bien.

—Nadia, vamos pequeña solo quiero protegerte ¡si! — me grita Lucas que al parecer me siguió. Adelanté más el paso.

—Lucas comprendo, pero quiero estar sola un momento por favor, solo un momento ¿sí? — le respondí  con la voz a punto de quebrarme. Escucho como Lucas suspira y luego de un segundo vuelvo a escuchar sus pasos dirigirse de vuelta hacia el bar.

Sin poder contenerme más, empiezo a correr haciendo mi mayor esfuerzo, dándolo todo para ser veloz, mientras las lágrimas se deslizan por mis mejillas, sintiendo el viento frío de la entrada de la noche golpear mi cara. 

Me adentro en el bosque más de lo que lo había hecho jamás, cada paso alejándome de Lucas y su protección, no porque él sea malo; por el contrario, corro porque estoy cansada de ser la niña que él debe de cuidar en cada momento, queriendo escapar de mi realidad. Algo sin sentido porque mi realidad soy yo misma es algo contradictorio, pero no todos somos felices como en los libros de fantasía.

Detengo mis pasos cuando mis músculos se queman y mis pulmones también, si es que tengo, gritan por un descanso; entonces decido dejarme caer de espalda a un árbol frondoso mientras el cielo empieza a llenarse de nubes.

—genial, un conejo empapado— bromeé en medio de mi llanto tratando de que mis lágrimas paren, pero como si tampoco pudiera dominar a mis feos ojos, no lo hacen llevándome la contraria los infelices.

<<Odio llorar>>

Cerré los ojos y me dejé llevar por el silencio; no tengo la mínima idea de cuánto tiempo estoy aquí, me recosté en este árbol tratando de calmarme. Decidida a irme escuché el crujir de una rama cerca de mí; el corazón me empieza a latir con fuerza como si se me fuera a salir del pecho, rápidamente me giro sobre mi eje, miedosa, cruzando los dedos para que sea Lucas.  

☆No es él☆ por primera vez la retrasada de mi coneja habla rápido y fluido.

Pero tal y como me dijo la apraxia de mi coneja, allí no estaba Lucas, en su lugar, hay un completo extraño; el hombre más apuesto que he visto en mi vida, a pesar de que Maikel es super hermoso, la belleza de este es incomparable.

Está mirándome fijo con sus ojos plateados como con una mezcla de dorado y extrañamente brillantes, tanto o más que los míos.

—¿Y tú quién demonios eres? — le espete furiosa al desconocido, mientras me alejaba reculando hacia atrás.

Empezó a reírse dando hacia mí los mismos pasos que yo retrocedía, en ese momento me entraron ganas de hacerme del uno, los nervios me hacen temblar, juro que mi colita debe estar fuera. Por cosas como estas, es que siempre llevo puesto jeans.

—soy yo el que debería de preguntarte eso— comentó gracioso y Levanté la barbilla, me puse las manos en la cadera como me dijo la tía que debo mostrarme para que me vean amenazante y sobre todo grande, pero estoy más que segura que no debí de llevarme de su consejo.

<<Quizás lo que esté haciendo es el ridículo>>

Sí, delante de este grandullón debo ser más pequeña que uno de los enanos del cuento de blanca nieves, si apenas mido un metro cincuenta y cinco, mientras que él parece rondar como en el metro noventa y quién sabe si algo más.

Mis instintos no son para nada buenos y aun así siento que hay algo verdaderamente inusual en este hombre. Sin contar que no puedo percibir que tipo de ser sobrenatural es. No solo es atractivo, con el pelo rubio, alto, esbelto y con un cuerpazo lleno de músculos, pero lo que me pone los pelos de punta es su extraño comportamiento.

 Siempre me han dicho que dentro de los bosques suelen aparecer cosas terroríficas ¿de dónde diablos había salido él?  Que solamente pude escuchar su última pisada, mi audición no es tan mala, puedo escuchar mejor que cualquier humano promedio, es imposible que alguien fuera tan sigiloso como para no hacer ruido.

Él estaba en silencio mirándome con una pequeña sonrisa divertida que sus ojos fríos no demuestran porque me mira con calculación. Me fijé en su ropa costosa, que consiste de un suéter negro al igual que su pantalón de gabardina sumamente pegado a su cuerpo, dejando ver sus piernas musculosas.

<<Este sujeto no me agrada>>

Lenta y disimuladamente empecé a mirar a mis alrededores, la luz de la luna es diminuta, pero aun así sé que todavía estamos en terreno perteneciente a la manada.

—esto es propiedad privada—  le señalo y le digo de manera autoritaria en fin de cierta manera este lugar me pertenece también, fingiendo que cada segundo que él pasa en silencio mirándome así con esos ojos de depredador hambriento, no me hiela la sangre- te recomiendo que salgas de aquí antes de que mi padre el alfa de esta y de todas las manadas del mundo  venga por ti y haga batido de rubio raro con complejo de ser intrínseco— trato de fanfarronear hablándole de mi padre para que desista si, quiere lastimarme, pero el extraño en vez de ponerle asunto a mi amenaza toma un paso deliberado hacia mí y yo intento mantenerme firme, aunque es difícil hacerlo cuando te sientes como una presa fácil siendo rodeada por un predador. Es así como me siento, sus ojos no dejan de ver los míos en ningún momento y en un movimiento que parece ser más fluido de lo que fuera posible se coloca a solo dos pasos de mí, vuelvo a retroceder hasta que mi espalda choca contra el árbol que está a mi espalda y él sonríe con burla.

—¿Cómo te llamas, chiquita? - por fin habló él 

No solo viene a una propiedad privada, violando las leyes de la manada y por supuesto retando a mi padre sin contar que ha ignorado todas mis preguntas, pero también se tiene que hacer el superior con ese tono de altanería.

—a ti qué diablos te importa— escupí las palabras y su sonrisa en vez de borrarse como me esperé solo se hizo más ancha. Esto no parecía ser nada más que un estúpido juego para él.

—para ser una criatura tan pequeña tienes un nombre bastante largo—  se sonríe de medio lado mientras se pasa la mano derecha por la barbilla— no es así “a ti qué diablos te importa” ahora me podrías decir tu apellido si no es muchas molestias— juro que si sigue con este juego de idiotas lo mataré así me orine en el proceso.

— que te den— le grité enfurecida.

—¡vaya! Eres bien original “a ti que te importa que te den”— sí que me saco de quicio tanto que sentí como me sonrojaba y apretando los puños intente no darle una bofetada, pues tendría que saltar para lograrlo así que solo voltee los ojos ante su chiste tonto he infantil. 

—¿qué puedo decir? - hablé con ira, demostrando que su burla no me afecta— soy toda una cajita de sorpresas.

Su cara se puso seria de repente y murmuró— seguro que sí.

☆Es… Estamos en celo☆ me dijo el genio después de que me di cuenta de que he soltado feromonas por todo el bosque.

Sin advertencia, su mano fue a parar a mi cara y sentí sus dedos calientes en mi mejilla.

—¡oye! — grité sobresaltada y quité su mano de un tirón, sintiéndome vulnerable ante ese toque que no fue para nada violento, de hecho, había sido suave como si de una pluma se tratara. Avivando más mi excitación, pero no es importante solo debo volver a casa y tomar varias duchas frías

¿Quién coños, se cree que es este tipo para tocarme? 

Estoy más que segura que él puede oler mi celo porque su sonrisa burlona pasó a ser un rostro serio, si mal no me falla mi intuición, ahora su mirada es lujuriosa. Este hombre parece ser ardiente, su naturaleza extraña y desconocida para mí tiene genes que parecen irreales; sonríe cínicamente y vuelve a pasar sus dedos por mi mejilla estremeciendo todo mi cuerpo con su toque cálido, algo que me hace sentir cosquillas.

Me estudia con detenimiento y su dedo índice baja desde mi mentón hasta mi clavícula, estando su mano allí va a parar a mi cuello, pero no me aprieta; el brillo en su mirada se oscurece, en él puedo ver oscuridad infinita y eso solamente me hace sentir más temor. Mi primer beso me lo da con desesperación, aprieto mis labios tratando de que desista, me muerde el labio inferior, se detiene y me mira sin separar nuestros labios; sus ojos me advierten del peligro, entre abro ligeramente los labios comprendiendo que de nada me sirve luchar.

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