Mundo ficciónIniciar sesión—Maldita perra.
Dijo Gustavo tratando de alejarse, pero Adelyn lo tomó y su mano fue directa a su pantalón.
—Eres tan grande, déjame ayudarte, yo puedo aliviar ese problema.
—¡No me toques, hija de puta!
Gustavo la empujó con fuerza, haciéndola caer al suelo mientras intentaba llegar al baño, pero todo le daba vueltas.
El corazón le golpeaba con violencia el pecho, el calor aumentaba y la vista se nublaba.
Tuvo que apoyarse en la pared para no caer.







