En la oficina, Rossy trabajaba concentrada cuando Gustavo entró con un pequeño pastel y un vasito de jugo en las manos.
—Hola, mi amorcito.
Rossy levantó la vista de los documentos y sonrió de inmediato al verlo.
—Gus, ¿ya me traes comida otra vez?
—Es solo un pastelito. A cambio de un beso.
Rossy soltó una pequeña risa y se puso de pie. Tomó el pastel y el jugo de sus manos antes de acercarse para besarlo. Gustavo respondió de inmediato, profundizando el beso y alargándolo todo lo que pudo. Su