Mundo ficciónIniciar sesiónLilianne Evans lo entregó todo por Douglas Calder, incluso la posibilidad de volver a caminar. A cambio, se convirtió en su esposa… y en el secreto que él ocultaba en su hacienda lejana, mientras aparecía ante el mundo junto a otra mujer. Convencida de que su matrimonio fue solo una deuda de gratitud, Lily huye para no aceptar jamás un amor nacido de la lástima. Cinco años después, es la imponente dueña de una exclusiva casa de alta costura en Nueva York y madre de dos niñas cuya existencia Douglas desconoce. Pero cuando el magnate ganadero vuelve a encontrarla, está decidido a recuperarla. Lily solo quiere mantenerlo lejos de su nueva vida y de sus hijas. Sin embargo, enemigos, secretos y una pasión que nunca murió amenazan con destruirlos. Porque Douglas ya no tiene una sola debilidad. Ahora tiene tres.
Leer másQueensland, Australia
—¡Vamos, Lily, vamos! Tú puedes, chica. ¡Estás a solo unos pasos!
La voz de la fisioterapeuta se entrelazaba con los jadeos que llenaban la sala.
La pelinegra avanzaba paso a paso, con gotas de sudor corriéndole por las mejillas enrojecidas.
El dolor le hacía fruncir el ceño, pero la determinación estaba grabada en sus ojos color chocolate.
Lilianne Evans, Lily para sus amigos, miraba la línea de meta llena de terquedad.
Cuando algo se le metía en la cabeza, no paraba hasta conseguirlo.
Así que avanzó, con pasos inestables y sin la ayuda de ese maldito bastón, hasta que llegó al final de la línea y cayó en brazos de su fisioterapeuta.
—¡Lo hiciste, preciosa! ¡Lo hiciste!
Betsy estaba más feliz que si se hubiera ganado la lotería.
Ayudó a la mujer a sentarse en el banco y se inclinó para examinarla.
—Bien, tus piernas están respondiendo cada vez mejor. Si continúas practicando los ejercicios como acordamos, podrás caminar incluso mejor que antes.
Levantó la cabeza, y su expresión se suavizó al ver las lágrimas resbalando por las mejillas de Lily.
—Gracias. No lo habría logrado sin ti...
—Tonta, lo lograste por ti misma. Porque eres una mujer increíble.
Y lo decía muy en serio.
Pocas personas habrían aceptado aquel tratamiento experimental, peligroso y muy doloroso.
—No le digas nada a Douglas, por favor... —Lily le tomó las manos con un ligero temblor, y Betsy bufó mientras se levantaba.
—Voy a decirte lo mismo que te he repetido durante todos estos meses...
—Ya sé: «¿Por qué iba a informarle algo a ese ogro de marido que tienes?» —Lily sonrió, repitiendo las palabras que ya había escuchado una y otra vez.
Betsy siguió despotricando contra Douglas. Que no llamaba, que no se preocupaba por ella, que Lily debía dejarlo...
—Él no es tan malo como crees. Solo... tiene demasiado trabajo en Sydney. Su padre murió y le dejó la empresa llena de problemas.
Le explicó mientras apretaba el bastón que había quedado a un lado.
Era el recordatorio de su accidente hace un año.
—Lilianne, de verdad, te digo esto como alguien con más experiencia que tú.
Betsy se paró delante de ella con una expresión de lástima que intentó ocultar.
—El hombre que te ama de verdad siempre encuentra tiempo para ti.
Lily frunció un poco el ceño, pero, como buena Tauro, era terca a más no poder.
Estaba decidida a creer que aquella estupenda noticia mejoraría su matrimonio decadente.
—Por eso voy a ir a verlo. Y, de paso... le daré la noticia de que ya puedo caminar por mí misma.
Incluso dio una vuelta sin apoyarse, algo que meses atrás le habría parecido un sueño.
Betsy no dijo nada más, pero una frase se le quedó atorada en la garganta:
«Ese maldito bruto debería tratarte mejor después de que recibiste una bala por él».
Sin embargo, se quedó callada, como siempre.
Lo último que Lily necesitaba era que alguien le amargara aquel día feliz.
*****
Bajo el chorro de agua templada, Lilianne se lavaba el cabello con los ojos cerrados.
Betsy la llevó en su coche hasta la biblioteca municipal, donde la recogió su chófer.
Hacía todo aquello para evitar que los hombres de su esposo le informaran que estaba recibiendo fisioterapia por su cuenta.
No quería darle falsas esperanzas, porque si al final fallaba. Pero ella lo consiguió.
Su mente ahora solo pensaba en sus próximos pasos.
Iría a Sydney para sorprenderlo. Le contaría que podía caminar, y Douglas se pondría súper feliz.
A pesar de que la dejó en la lujosa hacienda de Queensland, apenas un mes después de casarse, ella sabía que Douglas tenía demasiados problemas en el Grupo Calden, en Sydney.
Él regresaría eventualmente con ella, a su hacienda, a la vida de campo que tanto le gustaba.
Lily solo tenía que ser paciente, como lo había sido desde que eran jóvenes y se enamoró perdidamente del hijo del dueño.
Douglas fue su primer y único amor.
Por eso no dudó ni un segundo en empujarlo durante aquella cacería en los bosques de la hacienda y recibir una bala perdida.
Desde aquel día había quedado condenada a caminar con la ayuda de un bastón.
Había pasado por varias operaciones angustiantes, y algunas noches el dolor no la dejaba pegar ojo.
Pero mientras salía de la ducha y se apoyaba en la encimera, la sonrisa no desaparecía del rostro de la pelinegra.
—Ya quiero ver tu cara, mi amor... Puedo apoyarte en Sydney. Ya no seré una carga para ti.
Habló con su propio reflejo en el espejo y luego salió para terminar de empacar el único bolso que llevaría en el vuelo.
Se marcharía a escondidas, así que dejó las demás maletas preparadas dentro del armario para que fueran enviadas después.
Lily estaba tan entretenida, inclinada sobre la cama mientras hacía un repaso final de las cosas importantes, que cuando levantó la mirada y vio el reloj de la mesita se sobresaltó.
—¡Maldición! —masculló.
Avanzó con pasos inestables hacia el baño, donde dejó el celular.
Douglas a veces la llamaba sobre las nueve, no debió escuchar el timbre.
Pero cuando agarró el móvil, no había ni una llamada perdida.
Nada.
Lily marcó el número de su esposo, pero, al igual que el día anterior, el teléfono sonó y sonó sin que nadie respondiera.
Estaba a punto de rendirse y llamar directamente a su oficina cuando alguien contestó al otro lado.
—Mi amor, disculpa la insistencia. Es que estaba entretenida y...
—Douglas no está disponible ahora mismo. Deja de llamar una y otra vez. Si ves que no contesta, es obvio que está ocupado en otra cosa...
Cuando Lily escuchó aquella voz respondiendo el teléfono de su marido, el corazón le dio un vuelco.
La voz de Douglas tembló un poco al final y Lilianne tragó el nudo que se le había formado en la garganta.Solo había que ver cómo se iluminaron los ojitos de Sophie y Sienna.Ella había echado a Douglas de la empresa y ni siquiera pensó en la despedida.Genial. Ahora parecía la maldita villana de toda aquella historia.—¡Mamá, pregúntale a qué hora regresa a la casa! —Sophie le tomó la mano, entusiasmada.—¡Sí, sí! ¿O vamos a cenar al zoológico? —Sienna ya estaba haciendo planes.—Niñas, su padre está trabajando. Hablaré con él más tarde... Vayan a dibujar en la cafetería. Termino unas cosas y nos marchamos.Al final, no tuvo corazón para destruirles aquella burbuja rosa, pero lo haría esa noche en casa.Sentaría a sus hijas y hablaría con las dos.Le daría a Douglas la oportunidad de ser su padre... pero solo eso.Las sacó de la oficina y las llevó a la pequeña sala de descanso de su planta.Atenas las esperaba afuera y escuchó todo el parloteo sobre el nuevo padre que, según ellas,
Cuando Lilianne entró en su despacho y vio la mirada expectante de las gemelas clavada en la puerta entreabierta, se le apretó el corazón.Cerró lentamente y esos dos pares de ojos grises se movieron hacia ella.—¿Dónde está papito? —preguntó Sophie, sentada en el sofá y apretando la mano de su hermana.—Él... tuvo que ir a resolver unas cosas del trabajo...—Pero dijo que vendría con nosotras... ¿No va a regresar más? —Sienna se revolvió, lista para bajarse del asiento.—¡Él dijo que no se marcharía más! —gritó Sophie con los ojos nuevamente enrojecidos.—Dejen de gritar. Y tú, Sienna, ¡te quedas sentada donde estás!Cuando Lilianne les habló con severidad, ambas pusieron punto en boca y se quedaron tiesas en el sofá.Su madre pocas veces se enojaba de verdad con ellas y, esta vez, parecía hablar en serio.Lilianne se sentó frente a sus gemelas.—Sophie, la maestra me llamó para decirme que te sentías mal... ¿Qué tienes? Porque yo te veo muy bien.Alzó una ceja y vio a su hija bajar
—Pero es tu letra…—Alguien falsificó muy bien mi letra, y si hubieses prestado atención a todos los papeles que hacía por ti en la hacienda, no te habrían engañado esos trucos baratos.Lilianne lo vio respirar agitadamente mientras apretaba el papelito en un puño y ella sonreía con sarcasmo.—Karla manipuló toda la situación y no sé cómo murió, pero yo…—Murió por culpa de las mismas personas que atentaron contra mi vida en la hacienda —la interrumpió Douglas; tenía que decirle la verdad.—Eran parte de una mafia que se aprovechaba de las deudas de las empresas, por eso no te quería a mi lado públicamente…Ante los ojos llenos de dudas de Lilianne, Douglas la tomó con fuerza por los hombros.—Por eso tenemos que estar unidos, porque acabé con su gente en Australia, pero descubrí que solo era un pequeño grupo. La verdadera mafia está aquí, en Estados Unidos, y ahora busca joderme a mí y a los míos.—¿De qué estás hablando? ¿Qué mentira te inventas ahora para hacerme regresar contigo?
Lily caminó hacia el magnate con el miedo cubriendo toda la emoción que sintió al entrar.El miedo a que Douglas le dijera que ahora entrarían en una pelea por las gemelas.—Si me hubieses dicho la verdad desde el primer momento, no habría tenido que hacer nada de eso. No tenías derecho a negármelas…—¡Yo tengo derecho a todo, Douglas!Lilianne perdió la compostura y se abalanzó para tomarlo por las solapas del traje.—¡Porque ellas son mías, yo las llevé en el vientre nueve meses, las parí con dolor y las levanté con mi sacrificio! ¡No lo necesitamos, Sr. Calder, no necesitamos nada de usted!Douglas la vio gritándole mientras las lágrimas le rodaban por las mejillas y las manos de Lilianne temblaban sobre su ropa.La desesperación estaba escrita en esos ojos que tanto amaba.—Yo no te las voy a quitar, Lily… —dijo de repente con voz baja, calmado, todo lo contrario a ella.—No voy a meterme en ninguna disputa legal por las niñas. Yo solo quiero ser parte de su vida.Douglas subió la
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