Mundo ficciónIniciar sesiónMi vida no es mía. Es tuya. Atada a las cadenas del pasado, a una culpa que no me deja dormir por las noches. ¿Por qué lo hice? ¿Por qué no huí cuando aún podía? Ahora tengo que soportar escucharte maldecirme con la misma boca que una vez me dijo te amo. Pero todo era mentira. Tú nunca me amaste. Solo querías el beneficio de mi inocencia. Tú no mereces nada de mí. Aunque el aliento de mi cuerpo sea tuyo... mi alma no lo será jamás.
Leer másEstoy levantando las últimas mancuernas cuando vibra mi teléfono. La notificación ilumina la pantalla y, con ella, la ansiedad se me clava en el estómago. "Ceo". Así lo tengo registrado. No quiero que su nombre ensucie mi lista de contactos. Me seco el sudor con la toalla y respiro hondo antes de contestar.
—Buenos días, señor Cedric. Respondo con calma, sabiendo que dejé timbrar demasiado el teléfono y eso él lo odia. —Odio cuando dejas sonar el teléfono tres veces. Y eso lo sabes muy bien. Su voz siempre llega como un filo. —Disculpe, señor. Pero recuerde que aún no es mi horario laboral. No estoy en la obligación de responder antes de las ocho de la mañana que empieza mi jornada laboral. Por unos segundos hay un silencio incómodo. —¿Crees que me importa eso? A veces olvidas que no estás para elegir absolutamente nada ¿A caso olvidas que tu vida está en mis manos? Yo decido por ti. La próxima vez que te llame, no quiero tener que esperar ¿Te quedó claro? Siento como me bombea el corazón a toda prisa y el dolor agudo de cabeza, se apodera de mis sienes. —Estaré más pendiente al teléfono la próxima vez. Dueño de mí Puedo escuchar un suspiro leve antes de responderme. Uno de satisfacción mezclado con ira. —Evite provocarme migraña tan temprano. Pero en fin, necesito que canceles mi agenda el día de hoy. Tengo un compromiso. Ni siquiera me dijo buenos días y ya anda amargándome el aire que respiro este hijo de puta. —Señor, hoy tenía una importante reunión con el departamento de logística. Ya la hemos aplazado bastante, no creo que sea lo más prudente, en este mom... Me interrumpe sin importarle lo que le estoy contando. —Prudente o no, haga lo que tenga que hacer. Para eso se le paga y deje de cuestionarme por las decisiones que tomo. No es su problema. Su responsabilidad es hacer lo que le indico ¿Entendió señorita Norris? Holgazaneando no logrará nada en esta vida. "Y aplazando las reuniones, usted tampoco logrará nada, pedazo de imbécil." Pienso en silencio. —Disculpe señ... Me cuelga antes de poder terminar la frase. Siento una rabia tan fuerte que estrello el teléfono y me agarro el cabello por la impotencia. Pero después de unos minutos me lamento y voy por el, la pantalla está completamente destrozada. —Eres un imbécil... me tienes la vida arruinada—me lamento.—Ahora tengo que reparar la pantalla. *** No sé exactamente cómo terminé trabajando para él, mi exnovio de secundaria. O bueno, sí lo sé...pero me cuesta aceptarlo. Cedric y yo tuvimos una relación muy bonita y problemática a su vez, por la diferencia de estatus. Aun así, eso no nos impedía estar juntos, nos amábamos con locura, tanta locura que le entregué mi primera vez tan pronto cumplí mis dieciocho años. Él apenas tenía veintidós. Nos conocíamos desde pequeños, aunque no éramos amigos ni estudiábamos juntos. Él estaba en otra escuela de prestigio y yo en una a mi nivel económico, pero terminamos encontrándonos en secundaria tiempo después y ahí empezó todo. Él era el tipo de chico que todo el mundo miraba: guapo, seguro, inalcanzable. Y yo... solo la niña con suerte de que, por alguna razón, él me mirara a mí. No era fea... simplemente, comparada con su estatus económico, era una don nadie. La belleza no era una opción. Y sabemos que los de su clase no se rigen por la belleza, si no por el estatus que puedas brindar ante la sociedad. Pero yo no entendía como existiendo niñas de su misma clase y sumamente guapas invitándolo a salir, sus ojos estaban puestos en mí. Aunque lo rechazaba por la misma razón, era como una pared que no escuchaba, él me había elegido a mí, me lo decía con orgullo. "No me importan ellas. Te quiero a ti y me voy a casar contigo sea como sea. Si no te casas conmigo, te juro que no lo harás con nadie" Y cuanta razón tenía... No podía creerlo. Pero tampoco hice nada para detener el sentimiento que creció en mí. Era solo una niñita tonta manipulable ante los ojos de un león hambriento. Los ricos se mezclan entre ellos. Era lo que siempre escuchaba. Pero él era un adolescente, inmaduro en pleno desarrollo, no lo veía de ese modo, simplemente me quería a su lado y yo tampoco pude resistirme a él. Aunque lo intenté, él era muy persistente y cuando me miraba en aquel entonces, me avergonzaba. Su mirada era tan intensa que intimidaba. De hecho hubo ciertos comentarios de que él me obligaba a estar con él y que me notaba incómoda. Sí, era cierto en un punto, pero la realidad era que tenía miedo por su estatus, no porque no quisiera estar a su lado todo el tiempo. Los estudiantes sabían que yo estaba en esa escuela, gracias a su padre y algunos compañeros se burlaban de esa situación. Cedric me defendía bastante y poco a poco fui dejando que las olas del amor me arrastraran. Mi padre trabajaba para su padre, en un taller de reparación de motores que poco después se convirtió en una empresa de alto prestigio. Eso fue después de que mi padre muriera aplastado por un coche. Mi padre no vio ese taller convertirse en una de las empresas más prestigiosas de Europa. Yo aún estaba pequeña, tres años, así que no tengo recuerdos de mi padre. Solo unas fotos viejas que conservo. En cambio, el padre de Cedric murió de cáncer de pulmón años después. Fumaba mucho. Su padre, me pagó todos los estudios antes de morir, como recompensa por la muerte de mi papá en su taller, más una pensión a mi madre. Es lo que me contó ella. Hoy en día mi madre tampoco vive. Murió apenas yo entré a esta empresa, la cual no pertenecía a los Lawrence. Pero eso ya es otra historia. Fue duro para mí tener veintitrés años en aquel entonces, cuando ella murió, y no tener padres a quienes visitar en Navidad o cualquier fecha importante del año. Familiares con los que no tengo ningún relación importante fue lo que me quedó. Ahora tengo que vivir la vida agradecida de que todo lo que tengo y he logrado, incluso la empresa en la que trabajo, es gracias a los Lawrence. Nada es mío. Y eso me hace sentir tan miserable. Si pudiera escapar, yo escaparía, pero simplemente no puedo hacer nada. Yo no sé cómo salir de las garras de ese hombre. El me tiene atrapada. Y ni siquiera sé por qué me odia tanto, si él fue quien arruinó todo y me abandonó. Y como cada miserable día de mi vida, me preparo para irme a trabajar y regresar a mis cuatro paredes blancas adornadas con cuadros finos que no me interesan. Y tal vez sea cierto lo que una vez él me dijo con orgullo reflejado en su cara. Que ni siquiera mi propia vida me pertenecía. Mas bien a él. Lo recuerdo y me arde el estómago. Y pese a toda la m****a de la que vivo rodeada a su lado... no lo odio. No puedo odiarlo... Cómo puedo odiar al hombre que amé en mi adolescencia y aún mi corazón late por él, pese al bastardo que es.—Permiso, chicos. Tomaré esta llamada.Matteo se levanta del asiento y camina fuera del restaurante.Lleva el teléfono a la oreja mientras enciende un cigarro sin que lo vean, pues nadie sabe que tiene el hábito de fumar. Para los demás, él es perfecto en todos los sentidos.El número que aparece en su pantalla ya lo conocía, así que responde con calma.—Saludos.Escucha aquella terrible voz con molestia y se aleja un poco el teléfono de la oreja.—Ya lo sé, pero no es tan fácil. ¿O acaso no debo parecer normal para que Elora pueda caer?Niega con la cabeza mientras escucha a la mujer casi gritarle.—Su hijo no se aleja de ella. ¿Cómo compito contra eso? ¿Contra su hijo?Vuelve a negar y pone los ojos en blanco mientras la escucha.—Le recuerdo que cuando usted me contactó no me aclaró que su hijo estaba tan enamorado de ella. Solo me dijo que no permitiera que estuvieran juntos, pero su hijo es, literalmente, un dolor de cabeza. La cela, la encierra en su oficina y ni siquiera disimu
Me sumergí en el trabajo las horas que me faltaban, aunque no podía concentrarme del todo.Me martillaba el pensamiento y el interés en saber qué había pasado con Cedric años atrás.Al fijar la vista en el reloj, me di cuenta de que el tiempo había transcurrido rápido. Tomé mi bolsa y mis pertenencias; habían pasado quince minutos desde mi hora habitual de salida.Aunque sé muy bien, en el fondo de mi corazón, que lo hice a propósito, porque sabía de la invitación de Matteo y mis pocas ganas de enfrentarme otra vez a Cedric.Sus palabras aún calan en lo más profundo de mi cabeza, y sé muy bien que, si lo provocaba, me iba a arrepentir, aunque todavía me cuesta creer que él había estado en coma.Ahora no sé si su odio hacia mí es porque nunca supo de mí, o tal vez solo miente para hacerme sentir vulnerable y culpable. Sé que me manipula con cualquier cosa, ¿pero esperar casi un año para decirme esto?¿Qué clase de persona es exactamente él?¿Por eso me humilla tanto?¿O su madre le env
Alguien tocó la puerta y fue el alivio instantáneo que sentí para poder liberarme de Cedric. Pero ahora había un problema: le había lastimado el labio inferior. Él aflojó su agarre y casi dio un salto hacia atrás. Tomó su pañuelo llevándoselo a los labios con rapidez, mientras yo me acomodaba la chaqueta y el pantalón tratando de no verme nerviosa. —Pase. Me senté frente a él, fingiendo tranquilidad mientras mi corazón parecía latir en el estómago. La presión de sentirme descubierta me hacía sentir incómoda. De por sí por los pasillos se rumoran cosas y justamente quien tocaba era Maggie, la otra secretaria. Nunca le he agradado. Le gustaba Matteo y, desde que notó el trato que Cedric tiene conmigo, apenas disimula el desprecio. Al entrar me mira con cara de disgusto y por encima del hombro. —Señor Cedric. Alguien muy importante lo está buscando. Es uno de los antiguos socios. —Bien. Algo más. —¿Le sucedió algo? Que tiene el pañuelo en los labios. Frunzo ligeramente el ceño
No puedo negar lo que he disfrutado ver la cara y expresión celosa de Elora. Sus ganas de ocultar que tenía curiosidad de saber quién era Alexa. Fue como un trago de miel a mi paladar, despejando cualquier duda en mí de que me odia. Puedo sentir cómo sus emociones y sus cinco sentidos me pertenecen, y es algo loco, mató a nuestro hijo, pero aún sigue enamorada de mí. Eso es algo que no puedo comprender, pero que va a explicarme en su momento. —Ay, Elora...creo que el día de enfrentarte está cada día más cerca. Entonces ahí te mostraré mi verdadera intención, destruirte por completo. Creo que tenerte así confundida será más divertido de lo que pensé. Aunque también sé que esa confusión podría destruirme también. Mi cabeza da vueltas mientras limpio la taza sucia y miles de pensamientos me atacan en conjunto. Aunque hay uno en especial. ¿Y qué si nos destruimos los dos? ¿No es eso lo que hacemos diariamente? ¿Negarnos uno al otro y a su misma vez, desearnos en silencio?. Porque
Último capítulo