POV Diego
Emilia llegó a las cinco en punto.
Oí el ascensor. Oí sus pasos en el rellano. Los conozco: paso firme, ritmo regular, la cadencia de alguien que nunca arrastra los pies aunque esté agotada.
Abrí la puerta antes de que llamara.
Nos miramos un segundo en el umbral.
Llevaba el abrigo azul marino que le había visto ponerse cientos de veces. El pelo recogido. Sin bolsa esta vez. Solo las llaves en la mano, que dejó sobre la consola de entrada con un gesto tranquilo, sin ceremonia, com