Capitulo XXXIV
Cuando el sol comenzó a tocar la línea del horizonte, anunciando el amanecer; Carlos estaba ya de regreso en el castillo. Lo hizo hiendo sin demora hacia el despacho, donde se encontraban Félix y Minerva, pues estos esperaban escuchar su informe acerca de la misión que le fue encomendada.

— ¿Qué sucedió? - le cuestionó Minerva deseando escuchar las buenas nuevas, en especial después de todos los problemas que habían tenido en los últimos días.

— Nos encargamos de los traidores sin demora. En efecto no eran más que aldeanos sin experiencia alguna en el combate, que se dispersaron en cuanto nos vieron aparecer y os aseguró que no desearan volver a pensar siquiera en estar en vuestra contra después de lo sucedido y es que el presente que les dejamos es bastante claro - le dijo con una cruel sonrisa en los labios.

— Aunque tengo que deciros algo que no os gustara - les dijo de pronto, cambiando su expresión radicalmente.

— Andad, decidnos lo que sea - le exi
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