Capitulo V

Esa mañana la reina Marcia andaba por todo el castillo seccionándose de que todo estuviera en orden, pues no deseaba errores en la celebración. Esta era una ocasión de lo más importante no solo del reino, sino también de su vida. Sin que pudiera evitarlo le hacía recordar con claridad su ritual hacia cerca 23 años, donde fue capaz de vencer a sus dos hermanas menores. Fue muy difícil para ella que las dos se quedaran sin prácticamente nada de magia y la oportunidad de reinar; aunque ambas tuvieron la fortuna de encontrar hombres buenos, los cuales las querían y se casaron con ellas. Lo hicieron para después irse a vivir lejos de ahí; donde tenían sus propias vidas en paz con su familia y siendo muy dichosas a pesar de todo. Aquel hecho sin duda le hacía sentir mejor y menos culpable por haber resultado vencedora, lo cual esperaba que ocurriera con sus propias hijas y no que se vieran distanciadas por ese suceso.

Minerva y Renata desde temprano comenzaron a alistarse, pues ese sería un día en realidad ocupado y complicado para ambas. Cuando el sol comenzó su lento ascenso desde el horizonte Renata se acercó a su arcón, del cual sacó un bellísimo vestido fabricado con una tela exquisita en color crema con un intrincado diseño de color café, el cual había sido confeccionado para que ella lo usará justamente ese día y por eso le quedaba tan bien como un guante. 

Luego de un rato estaba lista, sólo esperaba las indicaciones de su madre para saber que el momento había llegado y que tenía que bajar. Entonces de pronto alguien tocó a su puerta, lo cual provocó que su corazón se acelerará aún más, pues no creía estar lista para lo que sucedería y no creía que fuese así nunca. Para su fortuna al abrir la puerta se encontró con su padre y al verlo no pudo evitar echársele encima para abrazarlo con fuerza, mientras comenzaba a llorar desconsolada sobre su hombro.

James al ver a su hija así de mal se preocupó, pues tanto ella como su hermana siempre habían sido unas mujeres muy fuertes, tal como su madre. Esta las había educado de ese modo y le alegraba que fuera así, pues ese día sería en realidad difícil, tal como los tiempos venideros. 

En cambio, al ver a su hija tan frágil y llorando de ese modo se preocupó enormemente. Sin que pudiera evitarlo viajó varios años en sus recuerdos a cuando era sólo una niña pequeña que lo buscaba por las noches llorando, lo hacía cuando solía tener pesadillas y es que extrañaba en serio esa época. Ocurría sobre todo ese día, pues sabía que en adelante nada volvería a ser igual; habría cambios importantes que no tendrían vuelta atrás.

       — Tranquila mi niña, dime qué os pasa - le pidió con cariño, alejándola un poco de él para sentarse a la orilla de la cama y hacer que ella lo hiciera de igual forma a su lado.

Renata entonces comenzó a limpiarse las lágrimas, respirando lenta y profundamente para calmarse lo suficiente como para poder decir lo que le sucedía.

     — Tengo miedo padre, me asusta lo que pueda suceder hoy. Sé que tal vez no me entendáis, pues incluso a mí me cuenta hacerlo; pero me preocupa ganar por todo lo que eso implicaría para mi futuro y lo que deseo, aunque también me inquieta el perder. A pesar de lo mucho que os amo a todos, soy consciente del modo de actuar de mi hermana y sé que ella no sería lo mejor para el reino. Probablemente suene como una demente, pero es lo que siento... Temo no estar lista para esto y el resultado que tendrá o las consecuencias que este hecho nos acarreara no solo a mí, sino a todos a mi alrededor - le confeso con angustia y vergüenza en cierta forma, pues se suponía que para ese preciso momento se había estado preparando su vida entera y aun así sentía que no estaba lista.

Cuando James la escucho le volteo a ver, lo hizo con dulzura, la cual se reflejaba en sus hermosos ojos cafés acompañados de ese par de cejas pronunciadas que poseía.

      — Entiendo bien lo que tratas de decir cariño y cuando sentáis que el temor os supera, sólo necesitáis recordar que te habéis estado preparando para esto y lo que tenga que suceder así será - le aconsejo tratando de reconfortarla.

Por desgracia sus palabras no fueron un consuelo para ella, pues esperaba le dijera que hacer. Solía desear que fuera el poseedor del poder del reino, tal como ocurría en tantos otros lugares, librándola así de aquella responsabilidad. 

Su padre noto en su expresión que estaba decepcionada, así que continúo hablando para reconfortarla.

      — Pase lo que pase siempre estaré aquí para ti, lo are sin importar lo que ocurra y eso os lo aseguro; además creo que tengo algo que os ayudara mucho con esta inquietud que tenéis - le dijo tendiéndole una pequeña bolsa de seda roja atada con un cordón dorado.

Renata la tomó algo extrañada por su contenido, pues no esperaba ningún regalo de parte de su padre; sin embargo comenzó abrirlo, viendo su contenido. Este era un hermoso collar; era un hermoso dije con una delgada cadena de una exquisita hechura. Parecía sin duda muy antigua y de oro macizo. 

Una vez fuera su padre la tomo de sus manos comenzando a contarle.

       — Desde hace generaciones en la familia de tu madre es una tradición que cuando la reina contrae matrimonio le entregue este mismo collar a su esposo, lo hace para que él a su vez se lo dé a una de sus hijas el día de la elección a reina, pues ella lo debe portar ese día - le contó tal como Marcia lo hizo a él hacía muchos años.

     — ¿Si es así, porque no os lo da a mi hermana? Sabemos que ella será la vencedora al final - le preguntó Renata consciente de ese hecho, ya que si era como él decía, entonces sería más acertado entregar ese collar a Minerva.

     — Entiendo lo que decís y tenéis razón, ella es muy fuerte; pero tu madre me dijo que llegado el momento sabría a cuál de las dos debía entregársela, que me dejara guiar por la intuición y eso es justo lo que estoy haciendo. Además, descuida que si es que tu hermana ganará, entonces el collar sería entregado a ella por ti el día que contraiga nupcias - le explico su padre siendo muy claro con ella.

Solo entonces Renata decidió aceptarlo como una clase de amuleto de la suerte, además claro de un gesto muy lindo de parte de su padre; así que dejó que se lo pusiera alrededor del cuello, dándole un tierno beso en la frente.

     — Te dejare sola para que terminéis de alistarte mi niña, sólo tratad de calmaros - le aconsejo saliendo de la habitación.

Al quedarse de nuevo a solas, Renata se puso de pie frente al espejo cerciorándose de que estaba lista y es que desea asegurarse de estar linda para la ocasión tan importante que se aproximaba.

Minerva de igual forma había comenzado a alistarse muy temprano; portaba un vestido color verde jade un tanto más revelador que el de su hermana, pero igual de digno para una reina. Había tratado de descansar tanto como le fue posible, ya que ese día necesitaría de todas sus fuerzas para lo que sucedería. 

No se sentía nerviosa pues ganar o perder, pues esa no era una opción para ella; estaba segura de convertirse en reina y es que había hecho de todo para que ocurriese de ese modo. Aunque si se sentía de tal modo por conseguir realizar el hechizo de la manera correcta, ya que de no ser así en lugar de sacar de su camino a su hermana, acabaría destruyendo por si misma todas sus posibilidades para convertirse en gobernante.

Era casi la hora de que todos los invitados llegarán, así que tan sólo terminó de alistarse deseando verse preciosa; para después salir de la recámara. No tenía tiempo que perder para encargarse de su hermana de una buena vez, en especial sin ser descubierta por nadie y es que el plazo se estaba acercando cada vez más. 

Al estar en el pasillo vio a su padre salir de la recámara de Renata, así que creyó ahora la iría ver a ella para desearle suerte como daba por hecho que lo hizo con su hermana; pero en su lugar vio como tomaba el camino opuesto, alejándose por el pasillo. Al ver eso una gran furia comenzó a surgir en ella, le molestaba el solo hecho de sentirse inferior a su hermana y no sólo era algo que imaginaba, sino que la acción de su padre así se lo decía. Comenzó entonces a caminar hacia la habitación de Renata, más segura que nunca de lo que era necesario hacer para garantizar la vida que soñaba.

Renata se encontraba frente al espejo viendo el hermoso collar que colgaba de su cuello; cuando de pronto sintió una fuerte opresión en el pecho, tal como si se tratara de un mal presentimiento. Era como si supiera que algo malo iba a pasar dentro de poco, pero no lograba descifrarlo y aun así eso la tenía aún más intranquila que antes. 

En ese justo instante la puerta de la habitación se abrió, causándole una tremenda impresión o más bien susto; sintió un escalofrío que le recorrió el cuerpo entero. Al darse la vuelta, vio que se trataba de Minerva. Si bien cuando la castigaron había estado molesta, pues la delato injustificadamente, ya que no hacía nada para perjudicarla. Después de esas semanas de aislada, la verdad le alegraba muchísimo el poder verla de nuevo.

En ese momento esta se le acercó dándole un fuerte abrazo, pues estaba muy contenta de poder tenerla ahí; en cambio su presentimiento de que algo malo se avecinaba no desistía por más que lo intentaba.

    — ¿Qué os pasa hermanita? - le preguntó Minerva siendo tan hipócrita como le fue posible, pues la verdad es que le daba lo mismo Renata y no deseaba seguir fingiendo interés por ella más tiempo. Sinceramente no lo tenía, así que era hora de hacer lo que la había llevado hasta ahí.

    — Descuidad no pasa nada, tan solo me siento un poco nerviosa.

    — En ese caso andad y seguidme, que tengo algo que mostraros, algo que nuestra madre me enseñó hace unos días. Por desgracia estaba tan molesta contigo que no quiso que lo vierais -  le dijo soltándola para luego acercarse hacia la puerta, cerciorarse que nadie las escuchara hablando.

     — Hoy es un día muy especial para ambas y quiero que veas esto. Creo que te hará olvidar tus nervios al menos un poco, a mi si que me ayudo - le aseguro como si en realidad deseara hacerle un favor, cuando lo único que deseaba era su destrucción.

Renata confiando por completo en su hermana, tal como se suponía debía hacerlo le siguió fuera de la habitación.

      — Vamos – le insto tomando su mano para que la siguiera y Renata lo hizo, fiándose de que todo estaría bien con ella, que nunca le aria ningún mal; a su parecer eso era lo más alejado de la realidad.

Minerva había planeado todo con mucho cuidado durante el tiempo en el que Renata estuvo encerrado en su habitación, lo cual le dio un gran margen de tiempo para sopesar todas las posibilidades y contratiempos que podrían suscitarse. Tuvo bastantes oportunidades para buscar el lugar adecuado en el cual la ocultaría cuando realizara su plan; ya que nadie debía encontrarla antes de que pudiera cumplir con sus propósitos, pues de hacerlo podrían obligarla a ayudarla y entonces todo se echaría a perder. 

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