Mundo ficciónIniciar sesiónSe casó con ella pero nunca dejó de amar a otra. Cuando su antigua prometida cayó en coma días antes de la boda, Adrián Montenegro aceptó convertir a Victoria Altamirano en su esposa para saldar una deuda. Después de todo... ¿Qué diferencia podía haber si no podía estar con la mujer que amaba? Pero lo que no sabía es que Victoria lo amo en secreto desde mucho antes de casarse y pasó años intentando ganarse su amor. Hasta que la antigua prometida de su esposo despierta y decidió dejar de luchar. Se fue. Solo entonces Adrián descubrió algo aterrador. La mujer que había considerado una sustituta.. Era la única que realmente amaba y que siempre lo apoyo.
Leer más—Adrián.
Victoria estaba de pie en el comedor y llamó suavemente al hombre que se disponía a salir.
Adrián ya llevaba puesto el traje. Sostenía las llaves del auto con una mano, mientras la otra aún descansaba sobre la perilla de la puerta.
—¿Qué ocurre?
Victoria lo observó. Su mirada se posó en el ramo de rosas blancas que ocupaba el centro de la mesa y que ya comenzaba a marchitarse. Una sonrisa muy tenue apareció lentamente en sus labios.
—Ayer fue nuestro aniversario de bodas.
El silencio se prolongó durante dos segundos. Adrián no lo negó. Simplemente respondió en voz baja:
—Lo sé.
Esas dos palabras hicieron que el corazón de Victoria se contrajera con fuerza. Había pensado que él simplemente lo había olvidado.
Pero no era así. Adrián solo consideraba que no tenía importancia no haber regresado para acompañarla en un día como aquel. En ese momento, el teléfono comenzó a sonar. Adrián respondió casi de inmediato.
—Doctor Ramírez.
Victoria no supo qué dijeron al otro lado de la línea, pero la expresión tranquila de Adrián se tensó en un instante.
—¿Ya tienen los resultados? De acuerdo, iré enseguida.
Después de colgar, ni siquiera se detuvo a darle una explicación. Tomó su abrigo y se dispuso a marcharse.
Victoria lo miró y preguntó suavemente:
—¿Se trata de mi hermana?
Los pasos de Adrián se detuvieron por un instante.
—Sí. El médico dice que reaccionó a un nuevo estímulo. Tengo que ir.
Victoria permaneció en silencio durante unos segundos.
La noche anterior había esperado hasta la madrugada frente a una mesa llena de comida que terminó enfriándose. Esa mañana, él ni siquiera se había sentado para terminar el desayuno con ella.
Sin embargo, bastaba una llamada del hospital para que saliera corriendo sin pensarlo dos veces. Tres años atrás, de no haber sido por aquel accidente, la mujer que habría terminado casándose con Adrián habría sido Fernanda, la hermana mayor de Victoria.
Fernanda era hermosa y sobresaliente. Desde pequeña había sido el orgullo de todos. Ella y Adrián eran considerados la pareja perfecta a los ojos de ambas familias. Su compromiso había sido acordado desde mucho tiempo atrás y todos los preparativos para la boda estaban listos. Sin embargo, un antes de la ceremonia, Fernanda sufrió un accidente automovilístico. El grave daño neurológico la dejó en coma. Todos los planes se detuvieron aquel día.
Más adelante, para cumplir el acuerdo entre ambas familias, la madre de Adrián y sus padres propusieron una solución. Victoria ocuparía el lugar de su hermana y se casaría en su lugar.
En aquel momento, nadie le preguntó si estaba de acuerdo. Todos pensaron que era la mejor manera de resolver el problema. Incluso Victoria, porque nadie sabía que llevaba muchos años enamorada de Adrián.
Ella creyó que, si lograba convertirse en su esposa, algún día él terminaría aceptándola. No importaba que al principio no existiera amor.
Pero después de tres años, finalmente comprendía la verdad.
Cuando el corazón de una persona ya le pertenece a alguien más, ni siquiera el matrimonio puede conseguir una sola palabra de amor. Finalmente, Victoria se hizo a un lado.
—Ten cuidado en el camino.
Adrián asintió y salió por la puerta. Victoria permaneció en el mismo lugar. No corrió detrás de él ni derramó una sola lágrima. Había vivido aquella escena demasiadas veces.
Aquel día tan especial para ella era solo uno más entre las muchas ocasiones en las que había ocurrido lo mismo.
Y mientras en el comedor todavía permanecía la cena de la noche anterior. Clara, una de las empleadas, se acercó y preguntó con cautela:
—Señora, ¿desea que retire todo?
Victoria no contestó.
Se acercó a la mesa, tomó la copa y movió suavemente el vino.
El aroma seguía allí pero, el hombre al que había esperado, no.
El día anterior habían cumplido tres años de casados. Por primera vez en mucho tiempo, Victoria había cocinado personalmente. Comenzó a preparar la cena desde la tarde y acudió a la florería para comprar las rosas blancas que tanto le gustaban a Adrián.
Incluso había preparado un regalo, había tardado una semana entera en elegir aquel par de gemelos plateados. Pensó que el tercer aniversario tendría que ser diferente de los dos anteriores.
Sin embargo, esperó desde las siete de la noche hasta la una de la madrugada y no recibió ninguna llamada, tampoco un mensaje.
Solo a medianoche escuchó el sonido de un automóvil apagándose frente a la residencia.
Creyó que Adrián finalmente había regresado. Bajó corriendo las escaleras sin siquiera ponerse los zapatos, pero encontró al hombre sentado en el sofá de la sala, agotado y con el olor característico del hospital impregnado en la ropa.
—Es demasiado tarde. Dormiré abajo —le dijo.
Victoria no tuvo oportunidad de pronunciar una sola palabra.
Tampoco alcanzó a recordarle que era su aniversario de bodas ahora sabía que él no lo había olvidado. Simplemente, no era importante.
Clara dejó escapar un suspiro.
—Señora, prepararé algo de desayunar para usted.
Victoria regresó a la realidad y asintió suavemente.
—Está bien.
Después volvió a su habitación.
El dormitorio principal era muy grande, pero durante los últimos tres años podían contarse con los dedos de una mano las noches que ambos habían compartido realmente la cama.
Porque cada vez que ocurría algo en el hospital, Adrián permanecía allí durante toda la noche.
En cambio, cuando Victoria se enfermaba o tenía fiebre, él nunca regresaba. Se limitaba a llamar al médico de la familia para que fuera a revisarla.
Nunca la había tratado mal.
Le había dado la mejor vida, todas las comodidades y una posición que cualquiera habría considerado envidiable.
Victoria se miró en el espejo.
Vio a una mujer vestida con elegancia, de expresión serena y completamente sola.
Era la esposa de Adrián Montenegro.
A los ojos de todos, había tenido la suerte de casarse con él.
Pero Victoria conocía la verdad.
Su matrimonio había durado tres años, pero para Adrián aquella relación nunca había comenzado realmente.
Adrián lo recibió en la mandíbula y retrocedió medio paso, más por el impacto inesperado que por falta de fuerza. Durante un segundo pareció que iba a contenerse, que todavía podía recordar dónde estaba, quién lo observaba y que cualquier incidente en otro país podía complicarse demasiado.Luego el niño volvió a cubrirse el rostro con los brazos.Y algo dentro de Adrián se quebró.Respondió con un golpe que hizo tambalear al hombre contra la mesa de flores. La mujer mayor gritó, los niños retrocedieron y Victoria sintió que el corazón se le aceleraba.—¡Adrián, basta!Pero él no la escuchaba.El hombre intentó lanzarse de nuevo contra él y ambos forcejearon entre los ramos, las cubetas y el papel húmedo. Adrián no peleaba como quien pierde el control por orgullo. Peleaba como si estuviera defendiendo algo que no pertenecía solo a esos niños, sino también a un lugar de sí mismo que Victoria apenas comenzaba a sospechar.—¡Son mis hijos! —gritó el hombre, esta vez en un español torpe, q
—No vine porque quisiera salvar nuestro matrimonio.—También lo sé.—Vine porque quiero terminar esto sin un juicio.Adrián sostuvo su mirada.—Y yo te pedí el mes porque quiero que veas que puedo ser distinto.—Eso no garantiza nada.—No estoy pidiendo garantías.Esa respuesta la hizo apartar la vista.Porque, de nuevo, no supo cómo defenderse de un Adrián que no exigía, no reclamaba y no convertía su culpa en un arma. Era más fácil resistirse al hombre que ordenaba. Mucho más difícil resistirse al que parecía estar aprendiendo a esperar.Se detuvieron frente a una vitrina. Victoria miró unos pañuelos de seda sin intención de entrar, pero Adrián notó el color que más llamó su atención.—Te gustó ese.—Solo lo miré.—No dije que fuera a comprarlo.Ella casi sonrió.—Estás aprendiendo.—Intento hacerlo.Victoria bajó la mirada para ocultar que la frase la había afectado.Continuaron caminando hasta llegar a una calle más tranquila. Fue entonces cuando Victoria reconoció el pequeño pues
Victoria despertó con la luz tenue de París filtrándose por las cortinas.Durante unos segundos no recordó dónde estaba, pero el techo alto, la suavidad de las sábanas y el silencio elegante de la suite le devolvieron la realidad con una claridad incómoda. No estaba en su departamento ni en la mansión Montenegro. Estaba en París, dentro de una suite del Ritz, con Adrián descansando al otro lado de la puerta.Se incorporó despacio.La noche anterior había dejado la puerta entreabierta porque, aunque no quería admitirlo, le preocupaba que la fiebre volviera a subir. Esa decisión no significaba perdón ni confianza recuperada, se recordó mientras tomaba una bata y salía con cautela.Adrián estaba despierto en la sala.Se encontraba sentado junto a la ventana, vestido con ropa informal, el rostro todavía cansado, pero mucho más estable que el día anterior. Tenía una taza de café frente a él y algunos papeles cerrados a un lado, como si hubiera decidido no revisarlos.Al verla, se puso de p
Daniel esperó hasta la tercera llamada antes de aceptar que Victoria no contestaría.Dejó el teléfono sobre su escritorio y miró los reportes del proyecto sin leerlos realmente. Laura había dicho que Victoria necesitaba descansar, pero el silencio no le gustaba. No después de saber que estaba en París con Adrián, lejos de la oficina, lejos de la gente que podía intervenir y lejos de él. La puerta se abrió y Laura entró con documentos en la mano.—El equipo creativo pidió aprobar los últimos cambios.Daniel tomó la información.—Déjalos aquí.Laura lo observó con atención.—¿Has hablado con Victoria?—No.—Debe estar cansada por el viaje.—Seguramente.La respuesta fue demasiado neutra. Laura cruzó los brazos.—Daniel, ella pidió un mes porque necesitaba resolver su divorcio. No porque quisiera que todos estuviéramos encima de ella. Además, no sabia que Adrián la llevaría a Paris.Él levantó la mirada.—Estoy preocupado.—Lo sé.—Adrián no pidió ese mes para firmar, lo pidió para conve










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