GRACE REED
El fin de semana en los Hamptons terminó tan rápido como comenzó. Pareció un sueño febril: la boda lujosa, la confesión de Charlotte, la noche de amor y el día perezoso en la piscina después de aquel momento... intenso... en el mar.
Pero ahora, de vuelta en el penthouse en Manhattan, la realidad regresaba. Y la realidad tenía olor a lunes y sabor a incertidumbre.
El helicóptero nos dejó en el helipuerto privado del edificio y bajamos en silencio. Dominic fue directo al despacho, aten