También Quiero Decir Te Amo

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Bren Alice  En proceso
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Resumen
Índice

Isabel Paez, es una mujer fuerte que aguerrida que tiene muy claros sus ideales y de los cuales no está muy lejana, sin embargo, ¿Que tan difícil puede ser para ti si descubres que la mayor influencia en tu vida la persona en la que te idealizas en un futuro y que básicamente idolatras, termina siendo tu peor verdugo? Ella se dejó llevar por la bella promesa de una vida perfecta y soñada, con un hombre "perfecto" y su madre que era su mayor inspiración. El sueño se volvio pesadilla despues de que todas las máscaras se cayeron y ella queda envuelta en las redes y artimañas de esa podrida familia. Y e a ello, una hermanastra desquiciada y envidiosa que no está dispuesta a dejarla en paz hasta dejarla arruinada. No obstante, entre todo ese infierno lleno de trampas y maldad, se encuentra una pequeña gran luz que siempre está a su lado, incondicionalmente para cubrirla de los vientos, lluvia y decepciones. Un hombre que está dispuesto a estar a su lado hasta que llegue el momento de poder decir abiertamente... Te Amo.

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Prólogo: Regreso
'¿Adivina con quién está tu esposo?'Al leer el mensaje, Isabel estaba tan furiosa que comenzó a temblar de la ira. Como siempre, el número era desconocido y sin nada útil. Sin embargo, era claro su propósito. Pronto, una nueva notificación llegó. Pero ahora en el mensaje se adjuntaba una foto. '¿Qué te parece? ¿Crees que le gustará?'En ella, la mujer exponía sus pechos con un bonito sostén de encaje muy revelador y no siendo suficiente, se veían las marcas rojas de besos en ellos. Atónita miró la foto un largo rato con indignación y sin poderlo creer. Pero, poco tiempo después, su sangre se congeló al reconocerla. Era su hermanastra: Jezabel Páez.Sin poderse contener y habiendo tocado un nervio muy sensible en ella, respondió el mensaje.《¿Como te atreves a hacer esto?》Apretando los dientes con indignación y con una acidez horrible en la garganta se puso de pie. ——Regresare a casa ahora. Veremos lo qué tienes que decir Mariano.Al mismo tiempo, en la mansión…—Ah, Mariano...
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El más agrio, buen día.
Ambos se sorprendieron gratamente al reconocerse, John se acercó a ella con una sonrisa e Isabel aún incómoda y avergonzada consigo misma, sonrió de vuelta. Él había querido verla desde hacía mucho tiempo, sin embargo, su orgullo y la gran resistencia a dejarla ir se lo impedían, estaba seguro de que si se reunían, sería imposible para él dejarla ir de nuevo. Sabía gran parte de lo que pasaba en su vida hasta ese momento, y al enterarse de los deslices de Mariano, su paciencia se agotó. Acaba de volver de Inglaterra, después de muchos años ya con un bufete formado, una sólida carrera y destacable presencia. Es un gran amigo para Isabel de la infancia, que se volvió inseparable un tiempo después de que se mudaron a la casa de al lado, él y su padre. Ambos terminaron en la misma escuela y, por ende, casi todo el tiempo estaban juntos. Hasta el día en que sus padres decidieron volver después de divorciarse. Él con diecisiete años se fue a Inglaterra con sus padres recién reconciliados
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La pareja perfecta de mi esposa.
Al entrar a la oficina, su secretario y asistente caminaron tras ella. —¿Qué sucedió jefa? Hay, creí que te desmayarías a media junta. Dijo Carlos su asistente muy preocupado. Su secretario Jonathan en silencio le acercó un vaso con agua y tomó los documentos de sus manos. Isabel accedió a sus atenciones y sonrió sin ganas con un agradecimiento débil. Se quitó los zapatos y se sentó en su silla mientras se masajeaba la cabeza con ambas manos. Al verla, se miraron entre ellos y decidieron respetar su silencio. Carlos entró a la pequeña sala de descanso que estaba junto a su oficina y le llevó ropa limpia. Isabel agotada haciendo un gran esfuerzo por hacer lo que podía, se cambió, les dio instrucciones, se refresco un poco lavando su cara y comenzó a maquillarse, su expresión a su percepción parecía la de una anciana, pero hizo todo lo posible para verse impecable. Al salir, ambos hombres se sorprendieron al ver su sonrisa profesional y su actitud “fresca”. —Iré a comer con el nuev
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La inaceptable urgencia de dulzura.
Ella frunció el ceño y sintió que se le revolvía el estomago de solo verlo, pero ya más tranquila y con la cabeza fría trato de controlarse. Sin poder ocultar su desagrado, solo camino a su escritorio y trato de pasarlo. Mariano con los dientes apretados al ver su expresión, sintió algo parecido a una explocion de vinagre en la garganta. La sujetó de la mano y acercó su nariz a su cuello. Ella se estremeció por la acción y lo miro confundida. —Parece que no te acostaste con él. Ella sin palabras y completamente indignada, lo empujó y le dio una fuerte bofetada. —¡Eres un imbécil! ¡¿Acaso crees que soy un ser tan despreciable como tú?! Mariano la sujetó de la mano que lo acababa de golpear y con la otra la sostuvo de la cintura. Se acercó a ella lentamente y con una sonrisa. Le habló al oído en voz baja y amenazante.—Esta, es la primera y última vez que te atreves a tocarme. —¡Mmmm! Un feroz y agresivo beso la silenció, y, a pesar de tratar de alejarse, Mariano la sostuvo co
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Un deplorable y pobre intento de sujeción.
Al llegar a casa, Isabel entró directamente a la ducha y no se molestó en absoluto en lo que él estaba haciendo. Estaba pensando en pedir algo ligero para cenar, sin embargo, el olor leve de la comida la hizo dirigirse a la cocina. Con una expresión de confusión y extrañeza miró a Mariano preparar lo que parecía ser la cena.—Me disculpo por lo de hoy, tuve un día muy pesado y me temo que dije e hice cosas que no debería ni siento. ¿Me perdonas? Al recordar el incidente, Isabel sintió un fuerte ardor en el estómago y una gran ira arremolinándose en su interior. «¿Para pedir disculpas? ¡Ja! De seguro solo es por haberse metido con ella…»Fue a cambiarse y cuando volvió, el comedor de dos personas se había transformado por completo. La tenue luz le daba un aspecto romántico y cálido. Isabel se sentó y, sin dirigirle la mirada comenzó a comer. Observó los alrededores y se dio cuenta de que todo era perfecto, desde las velas aromáticas, el vino, la comida y los pétalos que no habí
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Un panorama estresante.
Al día siguiente, Isabel tenía un dolor terrible en todo el cuerpo, un poco irritada se revisó en el espejo y soltó un suspiro de alivio, al ver que no había marcas como en otras ocasiones. Estaba muy molesta, pero aún así estaba dispuesta a soportar un poco más. Se arregló y fue a trabajar. No sabía con exactitud que era lo que pasaba, sin embargo, casi siempre en el transcurso del día los recuerdos llegaban en pequeños fragmentos. En la oficina estuvo muy distraída, la mayor parte de la mañana cometió errores absurdos y se perdía en los temas que le llevaban su asistente y secretario. Al final, tuvo que pedirles que le dieran un poco de tiempo para recomponerse. Poco después, Isabel sentía una ira insoportable pero como si fuera una demoníaca invocación, recibió una llamada. — Hola, hermana. —¿Qué quieres Jezabel? Al otro lado del teléfono Jezabel sonrió triunfal. —Deberías cambiar esa molesta actitud, si continuas así... incluso tu marido huirá de ti. Hermana. —con
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