Tormentosa Donatella

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Índice

Donatella Gazzara, una de las mujeres más importantes e influyentes dentro del orbe de la alta costura latinoamericana y líder de la afamada empresa de arte y confección Palazzo Gazzara, al fin ha encontrado el amor luego de tantos aprovechamientos, engaños y decepciones por ser quien es; y no solo debido a lo que la rodea, sino por su atípica manera de ser y de ver la vida. Cuando todo parece ir de viento en popa, gracias a Agustín, su prometido, aparece Valentino, un muchacho extrovertido e irresponsable, completamente adverso al mundo de la prestigiosa diseñadora de vestuario. La atracción entre ellos será inminente, pese a que los une alguien en particular, e imposible de esquivar. ¿Impedimento o salvación?

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Sinopsis
Donatella Gazzara, una de las mujeres más importantes e influyentes dentro del orbe de la alta costura latinoamericana, y líder de la afamada empresa de arte y confección Palazzo Gazzara, al fin ha encontrado el amor, luego de tantos aprovechamientos, engaños y decepciones por ser quien es; y no solo debido a lo que la rodea, sino por su atípica manera de ser y de ver la vida. Cuando todo parece ir de viento en popa, gracias a Agustín, su prometido, aparece Valentino, un muchacho extrovertido e irresponsable, completamente adverso al mundo de la prestigiosa diseñadora de vestuario. La atracción entre ellos será inminente, pese a que los une alguien en particular, e imposible de esquivar. ¿Impedimento o salvación? Bienvenidas [os] a esta historia donde la intensidad y el romance estarán a la orden del día. Donde las adversidades, los malos entendidos serán solo parte del ramillete de hombres y mujeres que estarán dispuestos a hacer lo impensado para encontrar el amor, incluso si se t
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UNO: Valentino
Donatella revisó dos veces los tacones antes de salir. No volvería a pasar vergüenza, menos con Agustín. Menos cuando su relación había tomado forma y color. Volvió a hacerlo, asegurándose. —Señora Gazzara. —Un hombre de unos cuarenta y tantos años volteó la cabeza, posando su mano sobre su mentón—. Son nuevos, ¿recuerda? —Lo recuerdo, pero no me fío, Lau... —También diseñados especialmente para usted —añadió, indicándole que subiera al carro—. Y, lo más importante... De su propia empresa. —¡Con mayor razón! Lautaro puso los ojos en blanco y procedió a ingresar al auto. —¿Al Palazzo, señora? —No... —Tecleó su celular—. Vamos a casa de Susana. Al escuchar, Lau pegó un leve suspiro, puesto que sabía que su patrona solía permanecer horas en el domicilio de la afamada Susana Palau, otra ricachona que hacía de todo y a la vez nada. Había estudiado más de diez carreras sin finalizar ninguna, y que si no hubiese sido por la suculenta herencia dejada por su anciano marido, dudaba q
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DOS: Donatella
—Qué mal, viejo... —Dejó la taza a un lado, acomodándose en la silla—. Tienes razón, pero sabes que me incomoda la situación. —Tu mamá ya se fue... —Se tomó de la cabeza, abatido. —¡No, papito! —Nino se levantó raudo—. No me estás entendiendo ¡No es por mamá! —Yo te comprendo... —respondió, encendiendo un cigarro—. Es por Dona, ¿cierto? —¿Tenías que fijarte en una ricachona, papá? ¿Y tan, pero tan presumida? —No la juzgues, Valentino. No la conoces. —Papá, no tengo que hacerlo, aunque toda esa gente es igual. —Volvió a su puesto, sacando un cigarrillo de la cajetilla de su padre—. Que hagas tu vida, está bien, pero otra cosa es que te fijes en alguien tan diferente a mamá. —¿Y por qué tendría que haberme enamorado de una mujer parecida a tu madre? —No, no me refiero a eso... —Aspiró sobándose la cabeza—. Sería imposible, viejo... —Donatella me hace feliz, hijo, y ella me quiere. —No te das cuenta... —Si crees que me utiliza o que se aburrirá de mí... —Podría ser, ¿no? —Es
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TRES: Temores y contradicciones
—Y es por eso que quieres saltártela. —También... —Y porque sabes que te vendrá a buscar para llevarte. Donatella agachó la mirada, sin saber qué decir... —Quédate, Dona. —Susi se acercó al bar, y prosiguió a servir dos copas de vino—. Anda, bebe un poquito, para que te relajes. La pelirroja aceptó. Bebió un sorbo, con cierto desgano. —Voy a llamar a Agustín para decirle que... —No le digas nada, niña —sugirió su amiga—. Mejor piensa las cosas con calma. —No será para terminar, Susi. —Donatella buscó dentro de su cartera el celular—. Olvidé preguntarle si vendrá Ochoa a la reunión. —Qué desagradable, aparte que desde hace tiempo que te corteja. —Sabiendo que estoy comprometida con Agu. Donatella llamó más de tres veces al móvil del hombre, como insistió en el número de su oficina, pero nada. La última alternativa fue llamarlo directamente a su casa. Algo que jamás hacía, no obstante, y dada las circunstancias tendría que hacerlo. Decidió quedarse para el almuerzo, pues esa
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CUATRO: La bruja pelirroja
—¿Aló? —Sí, disculpe. —Valentino tragó como si se tratara de arena, pensando qué contestar—. Es la casa de Agustín Cadaval. —Bien... —Tosió—, ¿se encontrará? —No, él se fue directo a su oficina, señorita Gazzara. —Usted es... El muchacho no había abierto sus ojos, creyendo que la pelirroja se encontraba enfrente de él. Quedar sin visión era su escudo protector. Tontamente... —Soy Valentino, su hijo... —Vaya... —¿Cómo? —Nada, y bueno... —exhaló la mujer—, supongo que nos veremos hoy por la noche. —Sí... —Muchísimas gracias, Valentino —se despidió con notoria seriedad—. Adiós. —Nos ve... Sin darle mayor vuelta como tampoco permitiendo que el chiquillo pudiera despedirse, Donatella cortó la llamada. —Ay, Dona... —Qué... —Fuiste algo desagradable. ¡Tan cortante, mujer! —¿Tú crees? —preguntó dubitativa. Susana solo levantó las cejas. —Espero que hoy seas un poco más amena. —Solo fui... Seria —dijo masajeando su cuello—. Es mejor dejar las cosas claras. —¿A qué te refier
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CINCO: Celos, celos.
Agustín llegó cuarenta minutos antes de la junta. Observó de soslayo su reloj para luego acomodar su corbata. Sacó de la guantera su clásico Fahrenheit y se perfumó con premura. Deseaba estar presentable para su prometida, y a la vez lograr convencerla de que pasara la noche junto él después de la cena. Había regresado tres días antes al país, sin embargo, sin convencer a que Dona lo fuera a visitar. Pensaba que se debía al nerviosismo propio del compromiso. Faltaba tan poco para el matrimonio, al menos por el civil que, para hacerle más llevadero el asunto, se responsabilizó él mismo por el trámite y así dejarle la vía libre a su novia para los quehaceres propios de la empresa y de su vida en general. La había conocido como una mujer independiente, prometiéndole, y a ella misma, que las cosas no iban a cambiar. Lo que menos deseaba era que Donatella, en algún momento, le restregara la carencia de tiempo y el entorpecimiento para con sus gustos y sistema propio de una mujer joven e ind
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SEIS: La bendita cena
Valentino regresó con dos bolsas y un container sobre su espalda. Hablar con su mejor amiga lo había liberado de cierta tensión, pero a la vez le provocó una dañina e incómoda nostalgia. Echaba de menos estar más cerca de la ciudad, de su gente, y de todo ese caótico mundo que la destacaba. Ahora no había nada que lo arraigara más y lo llevase a plantearse el regresar, ya que antes de partir, Marianela había hecho sus maletas, dejando claro que la magia se había evaporado, que no sabía si seguía enamorada y, que tal vez la lejanía le ayudaría a despejar esas dudas. Estaba tan acostumbrado a las rupturas con ella, que no se había molestado en llamarla, dado que solía regresar al cabo de unos días. Fácil era regresar con un buen y elaborado argumento, y uno tan bueno que hacía que Nino se olvidara y retomara todo como si nada hubiera pasado. Esa relación no podía ser más tóxica. El problema era que esta vez la mujer no dejó rastro, ni siquiera cuando él le había igualmente avisado que v
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SIETE: ¡Sálveme quien pueda!
Donatella sonrió, cerrando los ojos. Casi como si hubiera conseguido el orgasmo de su vida. La sensación de plenitud, relajo y tranquilidad, la invadió de pies a cabeza. Solo existía ella, su vejiga desocupada, y su paz interior. Entretanto, no menor era la sensación de Nino, quien pasaba con delicadeza la espuma sobre su cuerpo. El muchacho no se había dado cuenta de que ya no se encontraba solo. El sonido de la música, más la lluvia propia de la ducha, lo mantenían en un trance tan apacible como la colorina. Por el otro lado, Donatella suspiró, volviendo a cerrar los ojos y enarcando una sonrisa, sin embargo, ese mediano trance solo le duraría un par de segundos. Sintió el chorreo incesante proveniente de la bañera, además de distinguir la figura de lo que parecía ser un hombre dentro de esta. Sintió la música, lo que le hizo observar hacia el frente, en donde se encontraba el lavamanos con un amplio espejo, el cual reflejaba aún más el cuerpo que se contorneaba mientras tarareab
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OCHO: Trágame tierra
Oscuro. Visión nublada. Pérdida total del tiempo y del espacio. «Esto no me puede estar pasando...», susurró Valentino, apretando los ojos. Presionó los dientes, como si estos fueran sus rescatistas. Sus ojos, de igual manera, los cerró, apretujándolos, sin embargo, el conjuro no causó mayor efecto, pues una mano cálida sobre la suya lo espabiló. Sin duda, pertenecía a la de Donatella: dedos largos y uñas con esmalte rojo. Toda su vestimenta iba acorde. Sentir su tibieza lo hizo estremecer, y por obviedad querer desaparecer. Con esto, la emperatriz del Palazzo Gazzara tendría boca de sobra para hablar mal del hijo de su prometido, y él, para variar, sería el hazmerreír de su familia. Como la típica familia, eran tradicionales en sus costumbres, y esta clase de infortunios eran recordados hasta en el día del funeral del protagonista. Nino llevaba por costumbre tropezarse, y más de alguna vez cayendo encima de un amigo o hasta en la suave textura de una piedra. Salió del trance gra
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NUEVE: Próxima jugada
Valentino se destacaba por su humor negro y mordaz. Jamás se quedaba en segundo lugar ante un intento de juego o broma. Era veloz, demasiado perspicaz para responder, pero esta vez Donatella lo había intimidado. Era estupenda, felina y más encima, tan incisiva como él. —¿Sabes, Donatella? —Nino dejó la copa sobre la mesita, a punto de arremeterle, cuando sonó su celular—. Disculpen. El hombre se arrinconó para contestar. Era Maya. —Me quedé esperando tu mensaje, Nino. ¿Sobrevives? —Perdona, Maya, es que... —Ya sé: estás disfrutando de esa hermosa velada con la hermosura de tu madrastra. —¡Uf, seguro! —respondió con ironía. —Oye, en un rato nos vamos al bar de Juanjo, ¿vas a venir? —Eso espero, pero estamos a punto de cenar. Trataré, porque solo quiero escaparme de aquí. —¿Tan mal va la cosa? —Mal es poco. Ya te contaré. —Bueno, ya me dirás, y ah, salúdame a la Gazzara. Le das un beso de mi parte —rio. —No cuentes con ello… Cerró los ojos y suspiró, agotado. Se dio cuenta d
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