Flor Rebelde

Flor RebeldeES

Patricia Pixie  En proceso
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Resumen
Índice

Mariana parece un chica normal, e incluso un poco tímida. ¿Te atreves a descubrir lo que oculta detrás de su amable apariencia?

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Refrescante
Una semana más de trabajo había terminado para Mariana. Después de pasar unos días realmente de locos, buscando que todo estuviera listo para el número de aniversario de una de las revistas de moda más populares de todo el país, finalmente era momento para que ya descansara. Se subió en el autobús que la llevaría de regreso a casa. Se topó con las mismas caras serias de siempre. Hombres y mujeres con los rostros cansados por el esfuerzo del trabajo, y al mismo tiempo, satisfechos por el deber cumplido. Tal vez, por un instante ella pensó seriamente en esbozarle una pequeña sonrisa a alguno de sus acompañantes, pero el ver la seriedad de todos la hizo desistir de su noble propósito. ¿Y cómo podría culparlos? Muchos de ellos habían pasado trabajando largas horas en empleos realmente insufribles, habían pasado largas
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Invitación
La pelirroja salió canturreando del baño después de tan intensa sesión de amor propio y se dirigió con toda la calma del mundo a su habitación. Con sumo cuidado pasó por su húmedo cuerpo la suave toalla, teniendo cuidado de acariciar un poco más las zonas más delicadas de su feminidad. Una sonrisita se dibujó en su rostro, al pensar en cómo acciones aparentemente tan pequeñas como esa, tenían el poder de hacerla sentir en un instante como una verdadera diosa a la que nada ni nadie le podía hacer daño. El peso de haber cargado durante todo el día ese aburrido traje de oficina se había desvanecido por completo. Podía ser ella misma de nuevo, hasta que el nuevo día laboral llegara, y fuera hora de ponerse de nueva cuenta esa máscara impuesta por la sociedad a aquellos que quieren ser considerados como capaces
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Juegos
Mientras esperaba a  que su acompañante arribara al restaurante, Mariana disfrutaba coqueteando un poco con aquellos que no podían evitar clavar la mirada en su muy bien torneada anatomía. A diferencia de otras chicas, ella no tenía necesidad de bajarse el escote hasta el piso para que la voltearan a mirar. Bastaba algo tan sencillo como un guiño travieso acompañado de una dulce sonrisita. A pesar de que muchos de los hombres que ella se había topado a lo largo de los años eran caballeros de cierta edad, no dejaban de comportarse como unos niños salivando ante la vitrina de una dulcería a la hora de estar cerca de una mujer que ellos consideraran por lo menos un poco atractiva ante sus ojos. En un instante, sin importar lo estudiados que fueran, se volvían una masa babeante ante la visión de un par de pechos bien formados o unas largas piernas.Elegir a alguien para que cayera presa de su
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Placeres Sublimes
Aunque le hubieran vendado los ojos, Mariana podría haber reconocido en cuestión de segundos que se encontraba esa dirección; MappleThorpe #49, esquina con la avenida Greenwood, un enorme edificio cuya fachada lucía en la época decembrina bellamente iluminada. El elegante departamento que Raúl poseía desde el momento en el que se había graduado de la universidad, gracias al apoyo de sus papás. La chica de cabello rojizo allí había pasado algunas noches inolvidables desde el momento en el que ambos tuvieron la suerte de coincidir en un congreso de empresas emergentes. Esa primera vez en que coincidieron, no hubo entre ellos el flechazo inmediato que muchas parejas afirman haber sentido cuando se encontraron entre una multitud. más bien, habían comenzado intercambiando miradas curiosas en cada oportunidad que tuvieron. él, no podía creer que el hermoso cabello y las angelicales fac
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Un amanecer
En la distancia comenzaba a salir el sol. Pronto sería hora de que tanto ella, como Raúl, se dirigieran a trabajar. Para no llamar la atención de sus compañeros al no ir a trabajar, decidió regresar a casa, además, estaba en medio de un proyecto muy importante y no podía permitirse el lujo de dejar a sus compañeros morir solos (sin importar lo mucho que algunos de ellos lo merecieran). Antes de partir, se dio el tiempo de darle un pequeño beso en el hombro a Raúl y dejarle en su mesita de noche una pequeña nota, agradeciendo todas las atenciones brindadas la noche de anoche. "Amor, mil gracias por todas las atenciones de esta noche. Me gustaría decirte cuándo nos volveremos a ver y a dónde iremos la próxima ocasión, pero tú sabes que ni tú ni yo tenemos control sobre ese tipo de cosas. Mejor, simplemente te doy las gracias y espero que pronto tengamos una vel
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Hola, ¿qué tal?
Un nuevo día acaba de comenzar. La mañana acababa de entibiar y los corazones de los ejecutivos y demás empleados apenas se comenzaban a abrir gracias a la ayuda del café. Mariana se encontraba con los ojos pegados en la pantalla de la computadora, tratando de adelantar lo más posible uno de los pendientes que tenía atrasados. Mientras tanto, sus compañeros de trabajo no dejaban de murmurar acerca del nuevo supervisor. Algunas de las cosas que decían sobre él tenían algo de sentido, mientras que otras sonaban como auténticos disparates.—Oí que estuvo unos meses preso en la cárcel por intentar matar a un hombre— Dijo Alix, una de las becarias del área.—A mí me contaron que estudió en una academia militarizada, y que aterrorizaba a sus compañeros—Añadió Leo, uno de los diseñadores con más tiempo traba
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Pensándolo
Igualmente minuciosa como lo era siempre para los asuntos de la intimidad, Mariana lo era con las cosas de trabajo. No había diseño que pasara por sus manos y que quedara con líneas sueltas o trazos mal hechos. De igual forma, sus ilustraciones casi siempre eran elogiadas por compañeros y jefes por igual. Sin embargo, ella tenía unos días sintiéndose extrañamente olvidadiza, y quizás, hasta un poco dispersa. Coincidentemente, su falta de concentración había comenzado con el arribo del nuevo jefe. Él era siempre amable con sus subordinados, dándose tiempo incluso de bromear con ellos en los descansos. Pero la pelirroja estaba convencida de que algo ocultaba.—¡Ya deja de estar tan traumada con el jefe!—Le dijo Alix, la becaria, a la chica de cabello rojo— Ya me estás preocupando un poco...—¿Traumada, yo?—Se ofendió Mariana&
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Pensamientos Peculiares
La chica de cabello rojo encendido se puso pálida como un fantasma al darse cuenta de que su jefe había estado muy cerca de ella todo ese tiempo. Por lo menos no era como si durante su tiempo en la oficina hubiera hecho algo tan tonto como toquetearse o abrir en la computadora de la oficina algún sitio para adultos.Por unos segundos pensó en esconderse detrás de algún bote de basura o algún adorno, pero sabía que eso solamente la haría parecer como una sospechosa de estar haciendo algo indebido. Así que simplemente salió del baño y se dirigió de vuelta a su oficina con toda la calma del mundo, rogándole al cielo que su jefe no la viera.—¿Señorita De la Torre? ¿Es usted? ¿Qué hace aquí?—le preguntó una voz masculina, pero bastante dulce—¿No cree que es un poco tarde?¡Demonios! Ella sen
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Sospechando
Raúl era el tipo de hombre que prefería un buen asado, acompañado de un buen vino antes que atascarse con comida rápida. De igual forma, no era muy asiduo a los lugares donde habían tragos baratos y música ruidosa, sin importar lo mucho que ese tipo de sitios le resultaran atractivos a muchos de sus contemporáneos.Mariana lo sabía mejor que nadie, y esa vez, como se acercaba el cumpleaños de Raúl, decidió hacerle el regalo de invitarlo a uno de sus lugares favoritos de la ciudad. Al ser un lugar especializado en comida argentina, no era ocurrencia rara que los fines de semana trajeran músicos en vivo para que tocaran con gran sentimiento bellos tangos y tocaran piezas tradicionales del repertorio más popular en Argentina.Cuando la joven pareja arribó, el lugar era un verdadero hervidero de vida. Familias numerosas conversaban animadamente, mientras que algunos enamorados
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Fantasmas
Mientras la mayoría de sus subordinados seguramente ya se encontraban bajo los efectos del alcohol, Greg se encontraba de camino a un sitio que por más que intentara olvidarlo, siempre lo traía de regreso a él. De vez en cuando, cuando la melancolía lo golpeaba con una fuerza capaz de tirarlo al suelo durante unas horas, él sabía cuál era el sitio exacto al cual acudir para que su alma doliera un poco menos durante unos minutos. En el stereo de la camioneta sonaba una dulce melodía de amor, de un grupo de chicas que había sido muy popular durante la década de los noventas, y del que ella había sido fan hasta el último de sus días.Sabiendo que muy poco comprenderían la causa de esa oscura melancolía que no lo dejaba en paz, él se guardaba sus motivos. Sin embargo, sin decirle a nadie, siempre buscaba la forma de enfilar en fin de semana a ese sitio al que jur
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