RELATOS PARA LEER CON LA LUZ ENCENDIDA

RELATOS PARA LEER CON LA LUZ ENCENDIDAES

Nick Torres  Completo
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10
Reseñas insuficientes
36Capítulos
2.0Kleídos
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Resumen
Índice

Historias cortas llenas suspenso, horror y misterio. Vampiros, experimentos genéticos, espíritus malignos y monstruos legendarios cruzan el umbral de nuestros mundos para apoderarse de estas páginas.

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LARVAS, CAPÍTULO 1
El ruido de las hojas de los árboles agitándose llamaron la atención del perro. Sus orejas se levantaron buscando la procedencia del sonido. Se incorporó, caminó hasta la raíz de un enorme mango y comenzó a olfatear en dirección de un turbulento enjambre que avanzaba entre las ramas. El animal emitió un par de gruñidos, luego, una seguidilla de ladridos que provocaron que los insectos se detuvieran atentos a su voz y movimientos. El can se paró en sus patas traseras tratando de percibir más de cerca el aroma y entonces sobrevino el inesperado ataque, uno tan rápido y certero que lo único que alcanzó a hacer fue producir un corto chillido. Después de devorarlo, el enjambre carnívoro se tornó mucho más grande y luego voló con rumbo desconocido, dejando el esqueleto de nuestra mascota completamente limpio. Esa noche inició esta pesadilla que
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LARVAS, CAPÍTULO 2
– ¿Qué vamos a hacer, a dónde se fueron esas cosas? Esto no puede estar pasando–, sollozó y cayó de rodillas.– Cálmate Bob. Tal vez ya se fueron lejos. Mira, algunas larvas son carnívoras, pero de adultos ya no.– Esos no eran insectos comunes, no me tomes por tonto–, apartó mi mano de su hombro.– Lo importante es que se han ido. Ya no están aquí, ya no es nuestro problema.Esa noche tampoco pude dormir bien por estar pensando en esas cosas. También mi perro estuvo inquieto, ladrando por un buen rato, al fondo de nuestro enorme patio. Súbitamente, escuché una especie de quejido y luego todo quedó en completo silencio. Cuando logré conciliar el sueño tuve una pesadilla muy siniestra: una negra figura humana, vestida con prendas del mismo color, me persiguió por el bosque y en el instante en que me cre&
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LARVAS, CAPÍTULO 3
Mi hermano y yo nos miramos a los ojos, estábamos pensando lo mismo en aquel instante. Escuchamos la voz de Nelson preguntar que si acaso nos quedaríamos allí toda la tarde o iríamos a hacer lo que nos habíamos propuesto. Avanzamos entonces hasta internarnos en la vegetación y arribamos al tronco de un roble gigante. Entre sus ramas se encontraba un termitero enorme en el cual una pareja de carpinteros había labrado su nido.Llevábamos días visitándolo para filmar, con nuestra versátil cámara digital, el desarrollo de los pichones desde el día en que nacieron. Ahora uno de nosotros debía trepar hasta el nidal e introducir el lente a través del orificio que habíamos perforado en la dura pared de la estructura, el cual siempre ocultábamos con un taco de madera cuando nos marchábamos, para así evitar que los depredadores ingresaran o que los padres
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LARVAS, CAPÍTULO 4
Chago, como le decíamos, salió y se sentó en una banca pegada a la pared de la coordinación de disciplina. Varios estudiantes lo rodeamos y le preguntamos qué le ocurría. Temblaba horrorizado, con la mirada fija y perdida comenzó a narrar lo que pasó.-Era como la una de la mañana y yo me asomé a la puerta de la escuela porque escuché unos perros ladrando. Pensé que lo hacían a un transeúnte, pero no, se ladraban unos a otros. A unos cien metros había alrededor de diez perros detrás de una perra en celo y cada uno defendía su derecho a aparearse. De repente veo algo como un hombre alto vestido todo de negro que se acercaba a ellos. Y no sé cómo eso se convirtió en una nube de insectos que se abalanzó sobre los desventurados animales y los envolvió. Los chillidos eran horribles. Mi perro salió corriendo en esa direcci&
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LARVAS, CAPÍTULO 5
Al ver su obstinación, le pedí que viniera a casa, que debía contarle algo, pero prefirió continuar con su plan descabellado. –Más tarde nos vemos, gallina–, bromeó y luego colgó la llamada y al parecer dejó su celular en silencio porque le marqué dos veces y no respondióResolví llamar a Luisa y confesarle todo lo que sabía. Lo hice varias veces seguidas, sin embargo, no hubo respuesta. Tal vez nuestro amigo la habría convencido de salir a vivir esa aventura demencial. Eso me preocupaba mucho más. Debía hacer algo para salvarlos, así que me arriesgué a salir a buscarlos. Aprovechando un descuido de mi hermano, salí corriendo por la calle, evitando acercarme a los lugares oscuros. Primero llegué a casa de Luisa, estaba cerrada. De seguro estaría con su madre haciendo algunas vueltas. Luego me apresuré y toqué a l
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LARVAS, CAPÍTULO 6
Volví a asomarme por el vidrio ventana y vi salir de aquella vivienda dos enormes nubes de lo que a mi parecer eran insectos. Como si siguieran órdenes, sus miembros fueron tomando posiciones y dando forma a unas estructuras con aspecto humano que levitaban a escasos centímetros del suelo. Miraron primero a su izquierda y luego en sentido contrario, después ascendieron hasta que los perdí de vista. Un minuto después sentí el rugido del motor de un auto, era el de mi padre, quien frenó de golpe junto al piso de mi casa. Salí corriendo y abrí la puerta para que pudiera entrar sin dilación. –¿Pero qué carajos pasa allá afuera? -, se preguntó a sí mismo con voz agitada. Acabo de ver algo que no tiene sentido. No sé cómo explicarlo. Mi madre corrió a su encuentro, lo abrazó y lo ayudó a sentarse. –Cálmate, ¿qué fue lo que viste? –Venía conduciendo despacio, cuando de pronto veo a dos hombres altos vestidos de negro que cruzaron la calle sin precaución. Frené para
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LARVAS, CAPÍTULO 7
Le tapé los ojos para que no viera lo que quedaba de su madre, ella estaba llorando por su perdida cuando la llevé al garaje y le enseñé por donde habían invadido el lugar. Por allí salimos y nos subimos al auto, llenos de tantos sentimientos encontrados. Estábamos a cuatro cuadras de mi hogar, ansiábamos llegar pronto y ponernos a salvo. No contábamos con la siguiente jugada de la fortuna, un suceso inesperado que nos alejaría de nuestro destino y pondría en peligro nuestras vidas. Justo un par de cuadras antes de alcanzar nuestro objetivo, un par de hombres nos salieron al paso, apuntándonos con un arma de fuego y obligándonos a detenernos. Se subieron al coche, uno en el asiento del pasajero y el otro en la parte trasera, junto a Luisa.–Escucha bien, muchacho, nos vas a llevar a donde necesitamos llegar. Si no ofreces resistencia, nadie saldrá lastimado-, anotó e
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LARVAS, CAPÍTULO 8
*Al asomarse los primeros rayos del sol, salimos a la calle. Vi a unos vecinos llorando sobre un montón de huesos. Otros narraban, notablemente afectados, lo que presenciaron desde la seguridad de sus viviendas. Algunos de los hombres vestidos de blanco, escoltados por soldados, se acercaron a los restos humanos que yacían en la esquina próxima a mi casa. Comenzaron a tomar fotos y a recoger muestras de tejido óseo.Todos los presentes estábamos confiados de que los ataques ocurrían de noche. La mañana era fresca y apacible, su luz era como un bálsamo derramado sobre nuestras atormentadas cabezas, ahuyentaban esas criaturas y brindaban paz.Una cuadrilla de muchachos apareció portando bombas incendiarias, sin encender. Nos contaron que la noche anterior, uno de esos monstruos apareció en su vecindario e intentó atacar a unas personas que se encontraban sentadas en la puerta de una casa
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LARVAS, CAPÍTULO 9
Tenía una tormenta de pensamientos que me llenaban de impotencia y rabia. Cerré los ojos para imaginar que podía regresar el tiempo hasta el día en que decidimos recoger aquellas plantas. Si tan solo nos hubiésemos encontrado a aquel soldado cerca del contenedor plástico, tal vez al notar su presencia, habríamos desistido, o si al menos mi padre hubiese llegado un poco más temprano ese día para impedir que pudiéramos salir con rumbo a la ciénaga. No, nada de eso habría servido, me conozco muy bien, sé que yo hubiese buscado la forma de sacar esas matas del reservorio. Ya todo estaba escrito y determinado de esa forma. Las manos siniestras del destino habían creado todo este entretejido fatal que de una u otra manera me habría llevado a cumplir con el papel que ya tenía designado en esta horrible historia. Desde pequeño había sentido una i
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LARVAS, CAPÍTULO 10
Mi madre lo abrazó y le habló tiernamente para darle ánimos. Siempre había sido su consentido y se conmovía mucho cuando lloraba por cualquier motivo. Mi hermano lo sabía y se aprovechaba de eso para librarse de los castigos. Les dije que no teníamos tiempo para expresiones de afecto, ya que el motor del auto estaba en marcha y debíamos subir rápidamente. Salimos y vimos que todo era un caos. Abrimos las puertas delanteras y sacamos los restos de aquellos dos desagradecidos. Mientras nos deshacíamos de ellos algunos de aquellos engendros se percataron de nuestra presencia y emprendieron su avance hacia nosotros. Subimos al coche, mi hermano y Luisa en la parte trasera, junto a los restos de papá, mamá al volante y yo en el asiento del copiloto.  Con nervios de acero echó a andar el vehículo a toda máquina. Miré hacia atrás y observé como algunas nubes se
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