Kadisha

KadishaES

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Resumen
Índice

Una apuesta que se convierte en un juego de supervivencia. ¿Qué tan fuerte puede ser el ser humano en situaciones constantes de trauma? ¿Qué tan creativa puede ser la psique del hombre para hacerle daño a sus iguales... y sobrevivir en su propio infierno? ¿Cómo se sobrevive a la infernal hija de Satán oculta bajo un nombre sagrado?

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Parte I: La apuesta. (1.1)
— Qué patético es el mundo: con todos esos hombres pequeños, condenados a girar en esas ruedas de hámster que ellos llaman "vida."            Una nube de humo escapó de sus labios desdibujados en carmín tras unas horas después de ir entre bebidas embriagantes y cortos viajes patrocinados por un pequeño y mal improvisado cigarro de marihuana. Kadisha llevaba días sola con la servidumbre, encerrada en casa luego de haberse quedado sin amigos que la hicieran de niñeras en la calle, con lo que se la pasaba molestando, aturdiendo y haciendo de las vidas de los empleados un infierno, sobre todo a su guardaespaldas y niñera de tiempo completo, Adair.— Y tú eres la excepción porque... —Adair se inclinó por décima vez para recoger uno de los cuadros que la chica había arrojado al suelo hac&iacu
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Parte I: La apuesta (1.2)
Luego de sacarla en brazos de la bañera, pues se había quedado dormida ahí dentro, secó su cuerpo. Le vistió con la bata y la acostó en la cama para contemplarla un momento sin hacer más que acariciar su cabello. Aquella chica de dieciséis años lo tenía vuelto loco desde que entró a trabajar a aquella casa. Parecía una muñeca de porcelana con esa piel blanca y pulcra, sin la más mínima marca que la manchara más que aquel lunar del lado derecho del rostro, casi al borde de los labios. Y ni qué decir del magnífico marco que eran sus cabellos negro azabache que apenas le rozaban los hombros... o esos labios sonrosados que parecían haber sido pintados con colores pastel sobre su cara... o esos ojos tan únicos con colores que mezclaban pequeñas lagunas aguamieladas entre el color avellanado que los inundaba. Era perfecta. Por fuera era perfect
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Parte I: La apuesta (1.3)
— Aburrida... aburrida... aburrida... ¡Estoy aburrida! —los gritos de Kadisha inundaron la mansión, estallando los oídos de Roderick, el joven responsable de la seguridad de la casa.— ¡¿Quieres callarte de una maldita vez?!— ¡ABURRIDAAA! —gritó en su oído aprovechando que se encontraba de cuclillas frente a los trozos de lo que había sido un hermoso jarrón chino de la dinastía Ming.— ¡Mierda! ¡Ya basta!            Ella rió al verlo enfadado y cubriendo sus oídos, dejando de lado su tarea. Kadisha se tiró bocabajo en el piso, recargando la barbilla sobre sus brazos y moviendo las piernas, sin dejar de reír.— No sabía que eras tan divertido, Rory.            Roderick gr
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Parte I: La apuesta (1.4)
Con el paso de los días, Gary mostraba un especial dominio de las tareas asignadas, además de una atención llena de ánimos las tareas en las que podía ayudar sin importar que fueran su responsabilidad o no. En ese tiempo, escuchaba los gritos, los reclamos y las quejas eternas de Kadisha desde dentro de la mansión, y a pesar de eso, su idea sobre ella no había cambiado en lo más mínimo: no era sino solamente una chica mimada. Ni siquiera los rostros irritados del resto de los empleados le convencían de que "era algo más." Wilhelm desempeñaba sus labores con toda tranquilidad, tratando de acercarse de vez en cuando a la chica, pero ésta le rechazaba y lo evitaba lanzando sobre él miradas de disgusto e, inclusive, de asco.— Seguramente me mentiste acerca de su comportamiento —hablaba con toda tranquilidad con Adair mientras podaba algunos de los arbustos de la
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Parte I: La apuesta (1.5)
— ¡Suéltame!— Por favor, escucha...— ¡Suéltame! ¡Quiero regresar con Adair!— ¡Que me escuches! —se quedó callada al verle enfadado, y lo vio directamente a los ojos— Esa no es razón suficiente para ponerse de esa manera —tomó firme uno de sus brazos, poniéndolo a la altura de su vista—. ¿Ves esto? Estás herida. Tienen que curarte y después... te dejaré en paz, ¿de acuerdo? —sonrió divertida al escucharle, casi de manera burlona— ¿Qué es lo gracioso?— Nada.            El chico suspiró, cansado, sin darle ni un poco de importancia a ese cambio tan radical y repentino de actitud.— ¿No quieres que te curen? ¿Es que no te duele?— Siempre lo hago. La últim
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Parte I: La apuesta (1.6)
Pasó el resto de la tarde y parte de la noche buscando en cada rincón de la propiedad, pensando... ¿qué podría cosa podría ser esa “memoria”? ¿Algún diario, un recorte de revista o periódico... o una caja repleta de recuerdo... quizá? Todavía pensaba que, aunque complicada y un poco chiflada, seguía siendo sólo una joven problemática. Quizá solamente trataba de parecer misteriosa para atraer a alguien a quien poder poner a prueba para corroborar su confiabilidad, su lealtad y su persistencia para compartirle un poco de su vida. Quizá sólo buscaba a alguien realmente interesado en estar con ella, en formar alguna clase de vínculo que no tuviera interés en su estatus…            Recorrió de nueva cuenta el ático; bajo al sótano y revolvió cuanta
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Parte I: La apuesta (1.7)
En los días siguientes ambos actuaron como si nada hubiese pasado: Willhelm se la pasaba metido en sus tareas asignadas, mientras que la joven Smirnov seguía manteniendo la distancia frente a los demás y viéndole con cierta indiferencia.— Creo que no te ha dejado conocerla ni un poco —Adair se acercó mientras le daba el último retoque a un par de arbustos a la entrada de la mansión—. Parece que esto está estancado.— ¿Te estás rindiendo? —sonrió terminando su tarea.— Simplemente siento que no llegará el día en que te deje conocerle. Así no podemos seguir con la apuesta.— No puedes darla por terminada así como así.            El guardaespaldas le vio curioso, apartando el cigarro de sus labios.— ¿Quieres seguir adelante
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Parte I: La apusta (1.8)
Un escalofrío recorrió su espalda, haciéndolo temblar de pies a cabeza. Giró la vista lentamente hasta verle de reojo: sonreía al verlo palidecer.            Tomó aire y lo dejó salir lentamente en un intento de retomar la compostura.— ¿Qué es ésto?            Ella rió leve, apartándose; girando con los brazos extendidos como pequeña en un día caluroso en medio del campo.— ¡Es mi parque de diversiones! —exclamó haciendo eco en la habitación— ¿No te gusta? —le aferró del brazo, viéndole dulcemente— Es como mi lugar secreto. Como mi propio club de “sólo uno”.— Si es tu lugar secreto, ¿a qué me has traído? Soy sólo
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Parte I: La apuesta (1.9)
            Un atisbo de cordura se abrió camino entre la mente del pobre chico.— ¿Estás loca? Si esto es real, la policía dará contigo y te fundirán en la cárcel.— No te preocupes. Todos son de clase baja. Ya sabes: personas que a nadie importan. —respondió tranquilamente, tirando juguetonamente del cabello de su víctima.— ¿Eres idiota? —el reclamo la hizo voltear en seguida, sorprendida de su osadía—  La clase no importa. Son personas; seres vivos... y tú no eres ningún dios para decidir quién vive y quién muere.            Ella se quitó los guantes y los arrojó sobre el cuerpo, acercándose despacio, quien mantenía la mirada perdida, sin ser capaz de reaccionar del todo.
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Parte II: El juego (2.1)
Las escenas de la noche anterior parecían difusas. Como si todo fuera visto a través de una pantalla cubierta de humo, las imágenes se confundían entre un velo que difícilmente le dejaban recordar lo sucedido: un viaje a lo más recóndito de las pesadillas de una mente trastornada;  un retorcido mal sueño que se disolvió con los primeros rayos de sol entrando por la ventana que había olvidado cubrir con las cortinas.La luz lastimó sus ojos; el cuerpo le dolía horrores, como si le hubiese caído un enorme peso encima, y la cabeza le retumbaba sin cesar. La sensación de una tremenda resaca sin haber bebido una sola de alcohol le pareció extraña, pero no lo suficiente para preocuparse. Había decenas de razones por las que podría sentirse así: defensas inmunológicas bajas, cansancio acumulado, estrés por los estallidos de furia de
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