Seres de la Oscuridad- Destinada al Alfa

Seres de la Oscuridad- Destinada al Alfa ES

Magali Weaver  En proceso
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Resumen
Índice

Caleb Harfagri fue desterrado y perseguido. Su propia manada le dio la espalda luego de ayudar al hijo de los Blatonn y debe mantenerse oculto si desea sobrevivir. Hasta que ruega por una respuesta que termine con los malos presagios. Pero el destino parece burlarse de él respondiendo con la presencia de Asthon, una humana por la cual se siente irremediablemente atraído. Asthon descubrirá que guarda un enorme secreto que ella misma desconoce cuando se encuentre con la irresistible mirada de Caleb y no podrá luchar con la atracción y el instinto animal de lobo del único hombre capaz de hacerle perder la cabeza.

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Los seres de la Oscuridad
Caleb Un año antes: Whitches WoodUna suave brisa me proporciono el suficiente alivio para intentar nuevamente escapar de allí. Eso y saber que mi hermana se sentía cada más débil. En su interior crecía una vida que mi padre había llamado abominación. Pero que podía saber el ser más cruel que he conocido. —Lo siento mucho, Caleb. Te juro que no quería que acabáramos así. Es todo mi culpa, no debería haberte pedido ayuda.  Apreté los dientes mientras caía hacia atrás después de otro intento fallido de levantarme y tomar la rama de donde pendía mi cuerpo semidesnudo. Me dolían los brazos por el esfuerzo de soportar el peso de mi cuerpo  únicamente por las muñecas. Cada vez que estaba a punto de conseguir alzarme hasta la rama que tenía por encima de la cabeza, escuchaba los sonidos roncos y ahogados que provenían de diversos puntos del bosque devolviéndome a mi posición original: colgado de la rama del árbol y sin esperanzas.  I
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La última virgen
Asthon No era una especie de metáfora;  necesitaba un hombre. Desesperadamente y cuanto antes. Alguien que me sacara de mi aburrida y monótona vida. Muchos dirían que no podía encontrar en alguien más lo que estaba en mi interior. Pero a ellos, yo les diría: ¡Qué se jodan! Todas esas personas no sabían lo que era pasar toda tu vida sola. Pero sobre todo, no entendían lo que era estar en un viaje de parejas sola como un hongo. A falta de eso, me conformaría con un chocolate que probablemente me llenaría de granos. «Dios, cómo detestaba mi vida en cada una de sus facetas  —eché la cabeza hacia atrás agotada —. Ya ni siquiera podía tomar decisiones decentes que no me llevarán al completo ridículo.» Mi mirada se paseó  por el concurrido interior del autocar del viaje organizado al que me había convencido de ir mi amiga, Santana. Claro que ella había olvidado mencionar que era para parejas, por lo que me encontré sola en medio de un festival d
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Un novio para Asthon
Asthon El autocar se detuvo con una brusca sacudida que hizo que  saliera disparada hacia delante. Mi boca chocó con el marco metálico del asiento que tenía delante. Por lo que lancé una mirada airada al apuesto, pero nada brillante novio de mi amiga que reía entre dientes y me pregunté  cómo era posible que todas las personas que estaban a mi alrededor fuesen capaces de prever el momento en que tendría lugar una parada súbita, mientras yo nunca podía hacerlo. De hecho dudaba que tuviese el instinto básico de supervivencia. Saqué del bolso su estuche de maquillaje y, como era de esperar, vi que mi labio inferior ya había empezado a hincharse.«Bueno, eso tal vez atraerá a un hombre», pensé mientras hacía que el labio sobresaliera todavía un poquito más antes de seguir obedientemente a Santana y Kellan que parecían no poder despegarse mientras se movían por la estrecha salida. ¿Puede que a los hombres les gustasen los labios carnosos?—¿Se te ha v
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Caperucita
Asthon —Estás muy sola, caperucita —murmuró suavemente un hombre más cerca de lo necesario. Me sobresaltó su tono grave y la frialdad de su voz. Cuando me di la vuelta lo vi sentado en una roca a escasa distancia de donde me encontraba con una sonrisa ladeada y una mirada azul eléctrica. Llevaba una chaqueta de cuero negra que se ajustaba en sus brazos, era alto y evidentemente fuerte. ¿Podía decir que aceleraba mi corazón? Definitivamente sí, aunque no estaba segura que de la manera que deseaba.  —Yo… no estoy sola —Dije tratando de no mostrar el terror que comenzaba a recorrer mi espina dorsal. —Mi grupo esta muy cerca de aquí. —¿De verdad? —Se burló —. Que extraño, yo no veo a nadie. Solamente a ti… —Se levantó y caminó lentamente hacia mí. Yo también me levante con cautela, rogándole a mis músculos agarrotados que respondieran cuanto antes. El extraño me miró con curiosidad, recorriéndome una y otra vez con la mirada.
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Solo eres producto de mi imaginación...
Asthon Estaba muy segura de que sería un mujeriego, de esos que amanecen en una cama diferente cada noche. Desee darme la vuelta para poder observarlo mejor. —Si continuas mirándome así no podre contenerme durante mucho tiempo, Caperucita—murmuró sin siquiera mirarme —vas a lograr que nos atrapen… Y te aseguro que no es eso lo que quieres. Una sola bala de esos mercenarios y no podré protegerte. ¿Protegerme? Me sentí avergonzada. Huía de él hacía sólo unos minutos aterrada y ahora estaba allí deseando que no me soltara y con cientos de pensamientos lascivos agolpándose en mi mente. Sin duda debía ser un desajuste hormonal provocado por la gran descarga de adrenalina. ¿Pero que había querido decir con eso? Me moría de ansias por tocarlo un poco. No, basta de pensar de forma poco decorosa. Tenía que concentrarme en salir de allí…, pero su aroma era muy tentador…—¿Vas a decirme quien eres? — El cálido vah
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Un mal día
Caleb Definitivamente no estaba teniendo un buen día o ¿debía decir que no tenía un buen año? Como se decía cuando estabas arrastrando tu trasero por el espeso bosque en mitad de la noche con una humana inconsciente a la que uno de los vigilantes nocturnos había alcanzado con una de sus balas de plata. De estar allí conmigo, Anya se hubiese partido de risa. Pero no estaba y sólo estaba yo defraudando nuevamente a las únicas personas que confiaban en mi. Mi brazo también estaba sangrando, lo que complicaba aún más las cosas. Salir de la caverna en mi forma humana cargando a una chica que a pesar de ser muy pequeña pesaba más que un oso había sido un desafío.Por suerte mi herida era superficial y no dolía demasiado. Aún así tenía el presentimiento de que no estábamos solos. Un sonido atronador traspasó el aire frío de la noche a través de los árboles. Quería creer que los vigilantes habían ido tras Ziú, pero no podía estar seguro de nada. Me apoyé unos segundos s
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El hombre de la cabaña
Asthon «Asthon, Asthon… despierta». Desperté sobresaltada y oí un zumbido proveniente de algún lado. Era aterrador como si hubiese un panal de abejas dentro de aquel lugar y las paredes comenzaron a rugir. Sacudí la cabeza intentando quitar el sonido atronador, levantarme y correr hasta no escuchar más los gritos  implacables que se colaban en mi mente. Me di cuenta de que no estaba en la caverna, me encontraba en una cama. Aunque en ese momento no podía pensar en ello. Finalmente logré incorporarme y salir a gatas, pero trastabille y caí abruptamente. Acababa de caer encima de un cuerpo. De un cuerpo que, puesto que no había reaccionado en absoluto al golpe, tenía que estar muerto. O, quizás yo misma lo había matado al caer con mi voluptuoso cuerpo sobre él. Porque a pesar de medir un metro sesenta, era talle cuarenta y ocho. Lo que era bastante para alguien de mi estatura. Poco a poco comencé a recuperar el sentido y pude ver
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Despertar
Asthon De pronto sentí como estiraba su  cuerpo debajo de mi, desperezándose como si saliera de un profundo sueño, y yo sospeche que si bien se estaba despertando físicamente, su sistema nervioso todavía no había despertado aún, por lo que se encontraba en ese transe que experimentamos cuando nos hemos desmayado. Sus pupilas eran oscuras y muy grandes, como si se las hubiesen dilatado con gotas para examinarle los ojos. Entonces caí en la cuenta de algo muy importante. «¡Oh, estaba despierto  y yo estaba sentada a horcajadas encima de él! ¡En bragas!». Sin dudas hasta el más santo, podría mal interpretar la situación. Sentí como el calor subía por mi rostro,  estaba sentada sobre su regazo, preguntándome cuán glorioso sería perder mi virginidad con él. No me podía imaginar lo que estaría pensando aquel hombre, y difícilmente podía culparlo por ello. Me hallaba colocada de manera íntima como si quisiese aprovecharme de él, con las rodillas a los la
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Revelaciones
CalebSalí de mis pensamientos para voltearme a ver a Asthon que se encontraba a unos cuantos pasos de mi. Ya llevaba su propia ropa. Los vaqueros maltratados por las rocas de la caverna y el top negro. Había atado su cabello en una trenza y parecía lista para partir. Probablemente sería lo mejor, su rostro un poco redondeado, sus enormes ojos que siempre me miraban con curiosidad y su suave piel eran demasiado para resistir la tentación. Más aún después de haberla tenido tan cerca, de haber sentido su deseo devorándome como una llama fuera de control. Había intentado controlar mis impulsos animales y casi había tenido éxito, pero no sabía durante cuanto tiempo más resistiría la necesidad de tirarla al piso y arrancarle la ropa. —Logré comunicarme con mi amiga, está mucho más tranquila. Es una suerte que tuvieses WiFi aquí —frunció ligeramente el ceño.—Bueno, quiero creer que soy solitario, pero no salvaje, quizás no tan refinado como una princesa com
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Mi salvador
Asthon Coloqué una mano sobre mi boca para no lanzar un gemido de horror, cuando vi  una sombra de lobo convertirse en la silueta de un hombre de anchos hombros. Cerca se escuchó el disparó de un rifle y mi cuerpo se estremeció como una hoja en el viento. El  terror que había en aquel sonido era el eco del sentimiento que se revolvía en mi interior. Malditos cabrones. Otra cosa más que echarle en cara al estúpido engreído de Caleb, hasta ese momento no había conocido el miedo auténtico. Cada minuto que transcurría era como una horrible pesadilla. Desde que escapé de la cabaña había que tenido que permanecer escondida, calada hasta los huesos y con mis perseguidores pisando mis talones. La silueta titubeó, pero no se detuvo. Se escuchó otro disparo y un gruñido gutural corto el aire frío de la tarde. Esta vez, la silueta no lo dudó. Cuando estuvo más cerca, pude reconocer en su semblante el de un lobo en el fragor de la lucha, la cara ligeramente de
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