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Resumen
Índice

Esta es la historia singular de un asesino en serie llamado Agustín que mata a sus víctimas valiéndose de lápices de colores, bajo la premisa de devolverle el color a su a su extraviada existencia, buscando hacer catarsis mediante el Arte sangriento del asesinato. La historia se desarrolla en Distopicali que es una ciudad calurosa y descompuesta, al igual que sus habitantes; principalmente los del bajo mundo que frecuenta nuestro personaje, que es testigo de crudas y retorcidas escenas. Aquí se desarrollan historias subyacentes que se unen transversalmente por el encuentro con el asesino. Además de ello, la narración se hace un uso de un lenguaje enriquecido y humor negro acercándose al realismo sucio. Entre los sitios visitados por el personaje podemos destacar la biblioteca y el transporte público donde Agustín se siente tranquilo y hace reflexiones sobre sus experiencias pasadas; también la universidad y el cine, en los cuales se supone deben existir unas normas de convivencia pero que muchos individuos rompen según su mejor acomodo. En esta novela se manifiesta una crítica social al abordar temas como las publicaciones en el periódico, la televisión, la desinformación, etc. personaje a buscar un escape de la realidad mediante el consumo de drogas y de una vida de excesos y descontrol. De alguna, manera esta novela es una crítica a la criminalización del arte en la sociedad contemporánea, en la cual los artistas más subversivos son tomados como delincuentes.

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21 chapters
Capítulo 1
El pasear anestesiado de las nubes en el cenit. La partida eterna de pingpong entre los gases de efecto invernadero y el cemento. La pelota son los rayos solares y en la mitad: nosotros los réferis achicharrados. Las aves gorjean en las ramas de los árboles o se columpian de una cuerda de alta tensión. Un hombre de nariz aguileña y cejas hirsutas, vestido con una camiseta azul y un pantalón café camina mientras chatea con su celular. Sus veloces dedos digitan sobre la pantalla mensajes de texto. Sus huellas digitales le dan besos a la pantalla con labial amarillo de manchas de fumador.A pesar de lo poético del paisaje su mirada yace clavada en la pantalla del móvil y apenas se desprende unas pocas milésimas de segundo para otear el camino cada vez que un obstáculo evidente le hace desviar la atención del aparato. Por obstáculo evidente entiéndase un desfile de carromatos de circo, un a
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Capítulo 2
La biblioteca. Cárcel de los libros, pero no de la mente. Una trabajadora de la biblioteca llamada Iris de cabello negro y camiseta de igual color donde está escrita la palabra Spookies acomoda algunos libros en una estantería. Spookies es el nombre de una película de terror dirigida por Genie Joseph y Thomas Doran y también el título de una canción de la diva destroy punk Lydia Lunch su artista favorita. Su reciente compañero de trabajo un poeta llamado Alfredo de ojos lunáticos y bigote despuntado que en este momento empuja un carrito lleno de libros se acerca y le dice: — Hola Iris – poniendo cara de cordero degollado – Cuando tomé el trabajo de bibliotecario pensé que me pasaría el resto de la vida leyendo libros, haciéndole mala cara a los que hablaran duro, a los que rechinaran los zapatos al caminar, ¡y no! ahora resulta que no me queda ni un segundo para leer el más mínimo poema, óyeme bien, ¡ni un verso! — Ya tendrás tiempo para leer cuando
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Capítulo 3
Un cuadro mostrando una porción de paisaje siendo devorado por la niebla. Una matera blanca con una población aproximada de cincuenta lombrices. Una vajilla china incompleta. Un reloj de cuerda con el péndulo inmóvil. Una pecera donde nadan apaciblemente un par de peces Goldfish. El detective Sergio Machado de unos 37 años más o menos de edad con alopecia prematura y gafas formuladas lleva dos platos de comida hacia el comedor donde lo espera su esposa Sandra una mujer de cabello castaño, pecas y ojos miel. Sergio se ubica en su silla y empiezan a comer. —Espero que te guste. Lo preparé yo mismo – informa Sergio con presunción – Y no tuve necesidad de buscar en internet la receta. — Qué pericia la tuya Sergio — Es mi primer prototipo de Chow mein. Sandra enrolla con el tenedor unos espaguetis y se los mete a la boca. Luego como si fuera jurado en un concurso de culinaria dictamina: — Para ser tus primeros espaguetis chinos n
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Capítulo 4
Agustín entra a su casa luego de limpiarse con el felpudo de la entrada la mierda de perro que traía en la suela del zapato. Acto seguido cierra la puerta con un portazo que hace trepidar los vidrios de las ventanas. Agustín recuerda que cada vez que hay un temblor estos vidrios se sacuden como enterrados vivos o epilépticos. De inmediato cae en la cuenta que de un tiempo para acá tiembla más a menudo en su ciudad. No recuerda si fue Juanetes Retretes quien le dijo que, si debía temer a algo, que fuera a la revolución sexual de las placas tectónicas. Ya que si a las placas tectónicas les daba por montarse unas a otras para follar como perros lógicamente habría innumerables terremotos. Dato curioso Retretes tenía una explicación loca para todo. Según él los maridos acusaban a sus esposas de brujas ante la inquisición porque las encontraban masturbándose con un
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Capítulo 5
Mañana soleada, aunque sombría para Iris que es amonestada por su jefe Julio Martínez, un hombre obeso con cicatrices de acné en la cara y un peluquín, ya que el día anterior no pudo completar el trabajo en el horario establecido. — Es cierto yo no sé qué estaba haciendo usted señorita. Pero sí sé que a usted se le paga por hacer su trabajo. Y su trabajo si no me equivoco es borrar las marcas de lectura que han dejado los lectores, ¿verdad? — Mi trabajo también es acomodar libros en las estanterías y eso era precisamente lo que estaba haciendo cuando… — Apostaría que estaba leyendo. ¿Qué libro fue esta vez? ¿Qué le gusta leer a la señorita mientras malgasta nuestro tiempo? si quiere pasársela leyendo pues vaya lea en voz alta a la sala de ciegos. ¿Le quedó claro? — Ya le dije que no estaba leyendo. Vuelvo y le repito estaba acomodando unos libros en la estantería de literatura griega. ¿Por qué en lugar de estarme regañando no mira las cámaras de segur
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Capítulo 6
Sergio maneja su automóvil con los vidrios arriba para que no se fugue el aire acondicionado. En ese momento recordó el título de un libro de Henry Miller, perfecto para describir la situación: Una pesadilla con aire acondicionado. Eso es lo que era la ciudad. Una pesadilla de 40 grados centígrados refrescada por un abanico agujereado. Sergio enciende el radio y escucha el pronóstico climático del día. Sol. Calor intenso. Verano. Imagina a Sandra su esposa escribiendo en su laptop un capítulo de su nuevo libro mientras bebe una limonada helada y se queja del ventilador que desde hace unos días viene presentando fallas, ya que repentinamente se apaga solo, cortando de súbito la refrescante ráfaga de aire que creaba. Mientras daba vuelta al manubrio de su auto se prometió asimismo comprar un nuevo ventilador. Salieron a comerciales en la emisora y apagó la radio. Unas cuadras más abajo tuvieron que frenar en seco debido a la imprudencia de un ciclista que salió intemp
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Capítulo 7
La ciudad. Casas arracimadas, edificios cuarteados, árboles por donde transita secretamente el viento, avisos de neón proyectando su colorido fulgor a la ensordecedora noche, vagabundos acampando en mitad de la ciudad en Woodstock perpetuo, hidrantes estreñidos, señales de tránsito embromadas por un marcador o una lata de pintura, postes de luz poniendo avisos de desaparecidos y ofreciendo jugosas recompensas para quien los encuentre, (que espero no ser yo, ya que la mayoría sufren de enfermedades mentales y para locos me basta y me sobra conmigo mismo: Agustín Duque, aunque la verdad nunca ofrecen nada por esta pobre gente, sólo dan bonificaciones por los perros), automóviles conducidos rápidamente a lugares inocuos, tachos de basura despanzurrados por perros callejeros hambrientos o por dedos ambiciosos de adicto que ve en la basura una forma de minería urbana, bancas de parque donde yacen apoltronados fu
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Capítulo 8
Dos horas después Agustín recorre las estanterías de la biblioteca con las manos en los bolsillos. Piensa que al igual que en un aeropuerto puedes destrozarte el hígado con licor de diferentes países, en una biblioteca puedes destrozarte el cerebro con literatura en diferentes idiomas.Al cruzar la sección de historia universal, Agustín recuerda a la chica que acabó de asesinar. Revive paso a paso la escena en su morbosa mente. La chica corriendo asustada como un animal herido después de la primera estocada en la espalda. Luego cayéndose y levantándose cojeando. En cómo le había enterrado el lápiz de color naranja en su criadero de tenias, su estómago y cómo con el color enterrado ella había trazado una línea horizontal naranja en la pared antes de caer. Línea que después Agustín había tenido que fotografiar directamente del
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Capítulo 9
Sergio frena su carro al llegar a la dirección indicada. Se apea. En el lugar del crimen lo está esperando su colega el detective Antonio Guzmán con una bolsa transparente en la enguantada mano. Dentro de la bolsa hay un lápiz de color rojo doble punta. — Lo mató con un color Sergio ¿puedes creerlo? — ¿Qué? — Le clavó un color en el ojo y de paso ensartó también el teléfono móvil. Sergio mira el cadáver tapado. — ¿Un color? Luego de ponerse sus guantes quirúrgicos, destapar el fiambre hasta el cuello y de echarle una rápida mirada percatándose del diámetro de la herida (idéntico al que produciría un lápiz) se convence de la veracidad del caso. — ¿Pero a quién demonios se le ocurre matar a alguien con un color? — Vivimos en un mundo loco Sergio. Además, le cortó una mano. — ¿Una mano? – esta vez y para estar completamente seguro, Sergio destapa el cuerpo del todo verificando el sanguinolento muñón – ¿Qué clase de
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Capítulo 10
Iris lee una antología de cuentos de horror. Ella sabe que si no se asusta es porque es de día y el recinto está lleno de gente. Pero si aquellos cuentos fueran leídos en un cementerio durante la noche sería otra cosa. La noche es el reino de lo insondable. Portaaviones de fantasmas. Puertas giratorias por donde circulan espectros y monstruos.Cuando Iris era niña esperaba los viernes por la noche a que sus padres se quedaran dormidos para reptar hasta el televisor como la rubiecita de Poltergeist y allí frente a la pantalla apagada hacer movimientos de ladrón de cajas fuertes con la perilla y sintonizar el programa de films de horror. En esa función nocturna de los viernes había sabido quién era quién en el cine de terror. Gracias a su puntual transmisión Iris había conocido a Boris Karloff, el primer actor en interpretar a Frankenstein en el cine, bajo la dire
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