El Laberinto de Aragón

El Laberinto de AragónES

dianaacosta2008  Completo
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Resumen
Índice

«Hay dos ángeles en cada hombre: uno de justicia y otro de maldad... El ángel de justicia es delicado y tímido. El ángel de maldad es iracundo y rencoroso...» En el año 1998, Venezuela comienza una nueva era de cambios. Algunos no logran ver lo que se avecina. Otros, tienen la sapiencia de ver el futuro más cercano. Josué Mendoza piensa que es uno de los sabios. Él, dueño de una empresa de lácteos en la ciudad de Maracaibo, se enfrenta a una realidad inevitable: la delincuencia. Por lo que debe confiarle a su administrador estrella, Romer Aragón, y a su querido sobrino Carlos, la empresa que su familia ha levantado por años. Tras un incidente lamentable, Josué envía a su hija de 17 años al exterior. Allí, Canela Sofía, vive experiencias que la obligan a callar y anhelar con todo su corazón, regresar a su tierra. Cuando esto sucede por fin, la joven se entera que su padre quiere sacarla nuevamente del territorio, y entra en cólera. Josué se ve acorralado. No sabe cómo enfrentar la situación. De ese modo Romer se hace cargo de ella; una jovencita con cuerpo de mujer, quien se disfraza de niña para esconder su alma de acero. Ninguno está solo en esto. Nadie está exento de culpas. Sobre todo cuando una influencia poderosa maneja cada destino, llevándolos a todos por caminos aún más peligrosos que la misma delincuencia. Una historia repleta de romanticismo, poder, maldad y valor… donde lo más mínimo te pierde… te excita… te enamora.

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Prefacio
Josué estaba cansado y tenía la espalda adolorida. Agradeció al mundo por haberle tocado el asiento de la ventanilla en el avión. Necesitaba confort tras los terribles días que había pasado en Caracas.Viajó en carretera hasta Mérida para tratar asuntos de trabajo, los cuales lo llevaron a realizar un viaje urgente a la capital del país e intentar canalizar un préstamo bancario.Las noticias no eran alentadoras. Las deudas aumentaban y se había quedado sin administrador. No sabía muy bien qué hacer. Pagar sueldos, mantener los galpones en buenas condiciones… Las ventas habían bajado sin mesura y necesitaba generar capital lo más pronto posible. De pronto, alguien se sentó a su lado.–Ah, disculpe, pensé que estaba durmiendo.–No, tranquila. No suelo quedarme dormido en vuelos cortos. –Miró el rostro de aquella mujer dándose cuenta que se trataba de una hermosa joven.La chica se acomodó en el asiento.–¿Cansado?–Bastante –respondió J
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Capítulo 1
Carlos intentó sonreír. Observó a su hermana con un poco de alivi, cuando se mezcló con la masa de invitados. Supo que ella se percató de lo obvio: su tío Josué, el papá de Canela y el anfitrión de la ceremonia, estaba ya pasado de tragos, cantando La Retreta, del famoso grupo Gran Coquivacoa. Había encontrado lo que buscaba. Quería dar con Canela y mantenerla apartada de uma realidad que acababa de enterarse hace minutos, allí, justo en la boda. Él conocía muchos secretos de su familia, pero participaba en el más relevante y lo que había descubierto, lo cambiaba todo. Pensaba que las aguas estaban tranquilas. Sin embargo, su cerebro captó lo contrario tan solo unos minutos antes de encontrar a Faustina, de volverse loco buscando a su prima... Y antes de notar los pies descalzos de su hermana, las vio a ambas esconderse detrás de las paredes que iniciaban los pasillos de conferencias. Nervioso era la palabra correcta de su estado de ánimo.A punto
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Capítulo 2
A las 9:00 AM de un día de viaje y trabajo, Romer se acercaba al estacionamiento del galpón donde la empresa guardaba los camiones que distribuían lo rubros ya procesados, y en el cual, también se ubicaba el complejo administrativo principal de Maracaibo. Una mezcla entre lo industrial y opulento. El elegante centro de operaciones de Lácteos del Lago.Romer esa mañana iba vestido de camisa, chaqueta, jean y botas de seguridad. Sin abandonar jamás su característica de Empresario, pero tampoco siendo demasiado ostentoso. Aragón usaba trajes de etiqueta cuando la ocasión lo ameritaba, pero la mayor parte del tiempo, se cubría con prendas cómodas que lo hacían ver joven y responsable. El calor marabino también era un motivo de comodidad.El vigilante vio llegar la Silverado y se apresuró a mover el cono anaranjado.–¡Buenos días, jefe! –saludó con un gesto de cabeza, el encargado de la garita principal.–Cuidando el patrimonio, ¿eh? –Romer
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Capítulo 3
–¡Dios mío, qué bueno está esto! –Batuqueó las caderas al ritmo de Corona y su Rhythm of the night–. No conocía esta canción.–¡¿No conocías esa canción?! –Quien había dicho eso, miró hacia abajo y vio que la mujer no estaba haciendo su trabajo–. ¡Vamos pues! Dale rápido.–Es que no puedo hacerlo rápido, Carlos, te calmas.–¿Qué me calme? ¡¿Qué me calme?! Mira la hora que es, Dina.Ella soltó una risa.–Culpa total de Romer, que no te llamó temprano.–Cada vez que viaja... Hace que los demás parezcamos impuntuales, siempre llega a tiempo.–Es que… , eres un impuntual, Carlos.–Cállate. Dame un poco.Dina esnifó algo sobre la encimera del baño. Luego acercó su boca a la de Carlos para darle, con su lengua, un poco de lo que había pedido.–¿Te gusta? –preguntó la fémina.–Sí. ¿Dónde la compraste?–Del mismo lugar de siempre –informó Dina, encogiéndose de hombros.–Sí, claro. ¡Hey! ¿Vas a terminar de hacerme
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Capítulo 4
Dina quería responder, Carlos lo sabía. Él quería moverla de allí para que nadie la viera, pero decidió no hacerlo. Quizás ya era hora de que no fuese su problema.–Dina, deberías irte a ver esas heridas. ¿Cómo te las hiciste? ¿Te caíste?La mujer comenzó a emitir unos sonidos extraños. Carlos ladeó y arrugó la cara como para intentar oírla mejor, hasta que se dio cuenta de que eran risas. Se echó para atrás.–Dina. –Inhaló y exhaló. El susto inicial no se había ido del todo. Más bien, seguía tan asustado como cuando creyó que Dina era la famosa Llorona de los cuentos, o la Sayona de las leyendas–. Deberías irte. A tu casa o a un hospital. Estás temblando.–Sí, estoy temblando –pudo decir la mujer, entre el carraspeo de su garganta.El hombre abrió más los ojos. La voz estaba demasiado transformada y nunca la había escuchado hablar en ese tono tan… destrozado.–Mira… –dijo Carlos–, si quieres te ayudo a ubicar un taxi
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Capítulo 5
Canela se detuvo un instante mientras miraba a su primo con una sonrisa burlona. Él sin darse cuenta movía un pie con nerviosismo y de pronto sintió un golpe ligero en su nuca. Una cinta le cubría la oreja izquierda y otro pedazo de tela, el hombro del mismo lado.–Pero… ¿qué…?–Mejor no me pongo brasier, hace calor –explicó ella, riéndose un poco.Carlos resopló con molestia, apartando la prenda íntima de su cara y lanzándola en la cama.–¡No me fastidies!La chica se terminó de poner una camiseta manga sisa, se puso un jean ajustado, unas bailarinas y una cola alta.–¡Lista! –Se acercó a la espalda de su primo y le dejó un beso en el hombro.–¿Para dónde vas? –El joven atrapó el brazo de Canela con intención de que le explicara lo del viaje, pero no midió bien su agarre y terminó empujándola hacia sí con poca sutileza.Canela miró sorprendida a su primo pero luego suavizó la expresión. Carlos la observó a los ojos, luego a sus labios
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Capítulo 6
–¡Ya vuelvo! –exclamó Carlos a la familia–. ¡Voy con Romer!–No, dile que no se vaya, que tengo que hablar con él –demandó Josué.Carlos se quedó quieto mirando a su tío.–Aquí están los quesitos –anunció Canela.–Cani, ¿vienes conmigo? –El joven intentaba que no se notara su creciente desesperación.Ella lo miró con las cejas arrugadas.–¿Pero no te ibas con…?–Canelita –interrumpió su madre–, sube un momentico y me buscas en el closet las cortinas Verde Agua, por favor,–Carlucho, no puedo ir contigo, disculpa.El joven salió entonces al garaje con paso lento y algo de tensión en su espalda.–¿Listo? –preguntó Romer al verlo llegar hasta él.–Tío te está llamando –informó Carlos, apretando la mandíbula.–Ah... Ok.–Romer –llamó su amigo ya con la puerta abierta del carro.Carlos se quedó un instante de pie casi dentro del carro sin decir nada, por unos largos segundos. Negó con la cabeza.–Na
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Capítulo 7
Envuelto hasta la cintura con sus sábanas azul celeste, desnudo por completo y quizás, aguantando un poco el frío de su apartamento, Romer se encontraba en total tensión. Era en esos momentos de desvelo que recordaba que aún no era un hombre completo. Podía tener una vida llena de responsabilidades y todo lo contrario en los momentos de ocio. Pero sabía exactamente el peso de la que no tenía.¿Qué lo tenía en vela esa madrugada? Generalmente, asistía al rescate de la "loca de Dina", como él la llamaba. Se desfogaba en cosas que sin querer admitirlo, le gustaban y después terminaba por conciliar el sueño de una vez; como un bebé.Al salir del apartamento la había escuchado gritar. Estaba cansado, no podía dormir, pensar en Dina le daba tiempo para que amaneciera y lograra encontrar en algún momento ese sueño tan anhelado.Volvió a negar con la cabeza. Recordó cómo Dina llegó a la hacienda donde trabaja su madre. Eran los dos tan solo unos niños... La pequeña estaba
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Capítulo 8
–¡Me quieren joder! ¡¿Qué más va a ser?! –dijo casi al grito, el dueño de la empresa, cuando se encontraban en la sala de reuniones.Un grupo policial revisaba la camioneta, otros dos de mayor rango interrogaban a los representantes de Lácteos del Lago.–Cálmese, señor –dijo el oficial más alto–. Esto puede pasar en cualquier momento. Estaban bajo lps efectos del alcohol, de seguro...–Borrachos o no, siempre me han querido joder. Ya existe un historial por intento de secuestro.Aragón movió las manos con las palmas hacia abajo y le hizo señas a su jefe de que le bajara dos grados a su intensa perorata y se calmara de una vez.  –Oficial, es normal que el señor Mendoza tenga miedo –dijo Romer señalando a Josué–. Lo han intentado secuestrar varias veces y ha recibido amenazas en otras ocasiones.–Estamos enterados –dijo el mismo policía–, pero se acerca La Feria de La Chinita  y en diciembre son las elecc
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Capítulo 9
Gran parte de la casa de los Mendoza se encontraba en silencio. Nereida había salido con Carmen. Josué, aprovechó para tomar una siesta y desconectar por unas horas. Mientras, dos jóvenes discutían en el jardín del frente. Lugar que casi nunca se usaba, ya que la parte trasera de la casa era la única vía para entrar y salir. Carlos se encontraba allí como lo había prometido, dispuesto a conversar con Canela sobre acatar de forma tranquila, informarla de la incorporación de los escoltas a la casa, con la fe en alto de que Canela entendiera a la perfección el peso de lo que sucedía. Carlos era optimista. También se encontraba la posibilidad remota de que Canela saliera nuevamente del país. Así que comenzó tratándola como si fuese una alumna de tercer grado de escuela básica. ¡Error garrafal! Porque Canela era buena en las palabras, y las usó para defenderse. Luego de la perorata, Canela se levantó. Carlos la siguió hasta el equipo de sonido ubicado en el b
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