Dos Dedos en el Corazón

Dos Dedos en el CorazónES

Lobo  Completo
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Resumen
Índice

Narrado en tercera persona en dos tiempos, la historia de dos adolescentes que decidieron desobedecer las mas solidas reglas, y se fueron de escapada a una fiesta, Izzie ha de pagar el pecado y purga por las dos, su amiga Pamela tendrá que encontrar la forma de regresar la resplandeciente chispa a su mirada.

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10 chapters
i
La FiestaIzzie con algo de nervios se frota las manos una contra otra, no por qué haga frío, sino porque ya tiene unos veinte minutos esperando, su amiga Pamela al parecer la ha engañado, se siente frustrada, y aun así la sigue esperando, ya otras veces ha llegado tan tarde, además quiere ir a esa fiesta, van a ir varios chicos que a ella le gustan, sumida en sus pensamientos, no detecta ese aroma dulce y penetrante, el perfume acostumbrado de su amiga, y el suave roce en el hombro la asusta.–¡Izzie!, ¡¿qué estás haciendo?!–¡Pamela!, ¡¿quieres matarme del susto?!, ¿dónde carajos estabas?Gritó Izzie, mas por el enojo que por el susto, Pamela la mira con esa clásica sonrisa malévola, que paradójicamente era su forma de pedir disculpas.–Me costó mucho trabajo convencer
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ii
La fiestaErguidas y ufanas, desde el marco de la puerta miraban departir a los asistentes a la desencajada fiesta, la sonrisa malévola y retorcida de Izzie observa con fascinación los desenfrenados actos, que incluso rayaban en lo impúdico, envueltos por la música estridente, que en un arrítmico compas eufórico invitaba a la desinhibición, entregándose a la anarquía, Izzie tomo por un breve instante la mano de Pamela que jadeando respiraba agitada, mirando sin ver el entorno.–¿¡Quieres bailar!?Se escuchó un joven con la voz disminuida por el atronador ruido de los altavoces, al enfocar sesgada a Izzie un chico tomaba a Pamela por el antebrazo y que con un gesto similar a la alegría impulsaba a su a amiga a la improvisada pista de baile, y sin pensarlo mucho Pamela simplemente se dejó llevar a un delirante conjunto de jóvenes que en co
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iii
La fiesta.Quizá ya sean horas pero las pequeñas apenas han mellado su juventud, y a pesar de esporádicas interrupciones no han descansado, bailando aleatoriamente con uno u otro, acoplando el convulso agitar del cuerpo al asíncrono ritmo de los compases de sonido distorsionado en los altavoces, y que en las pequeñas pausas permitía tomar un respiro para descansar, ingiriendo de aquellas palanganas un líquido obscuro burbujeante, y que con el tiempo, Izzie a base de recapitular, en un nublado recuerdo encontrara ese peculiar sabor amargo y dulce, que Pamela reconoció como alcohol, y a pesar de las advertencias de Izzie, Pamela no dejó de consumir, tomando si bien lentamente de continuo, y que Izzie mas conservadora apenas y daba sorbos pequeños que la enturbiaban y la sumían en una nube de placer, dejándola ser, inhibiendo la vergüenza, pero sin perder el control
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iv
La fiestaAgitada Izzie esta recargada al borde de una puerta, admirando el entorno complacida, una de sus parejas de baile le sonríe mientras hace fila para llenar una vez mas su maltrecho vaso, que lo ha acompañado toda la noche, dispuesto, de sobra, a consumir mas de la mescla negruzca dulce amarga, y que Izzie hábilmente ha depositado en el retrete en dos de tres raciones.–Hola niña.Se escucha la voz femenina tras ella que la llama con altives, Izzie asustada pensando que fuera un adulto, voltea para encontrarse una mirada arrogante en ojos rabiosamente verdes, enmarcados en una cabellera brillante y rubia, profusamente adornada en bisutería que lo mismo era plástico y vidrio que valiosas piedras.–¿Por qué me llamas niña?Respondió Izzie enfadada mirándola con desprecio.–No te enfades cariño –le contes
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v
La FiestaLeticia le sostuvo la mirada a Izzie, que en realidad se encontraba confundida, y ahora además temerosa, no solo por si, Pamela ya no guardaba control, Izzie con una mueca similar una sonrisa, lentamente volteó y caminó sin ápice de duda al desenfrenado grupo, donde al centro estaba su amiga, que rodeada de concupiscente lascivia reía sin control, ya a unos pasos en medio de un denso olor a cigarro y alcohol se detuvo por un instante, rastreando asqueada la situación, sin mas alzó la voz y de un tirón jaló a Pamela, que no se había percatado de Izzie.—¡Izzie!, ¿Qué pasó?Dijo Pamela gangosa arrastrando las palabras, tratando de fijar la vista y columpiando la cabeza, esperó pasivamente la respuesta de Izzie, que apenas y podía creer lo que veía.—Tienes que ir al baño.Pamela q
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vi
La fiestaIzzie tomo a Pamela por la muñeca, que en precario equilibrio era conducida entre los comensales, distante notó que algo no parecía lógico y señaló con extrañeza.—El baño.Inquirió perturbada mientras señala asía atrás, sacudiendo la cabeza y empezó a jalonear la férrea mano de Izzie que entre disculpas y medias sonrisa se habría paso para continuar sin prestar mayor atención a Pamela, que a pesar de entender nubladamente que su destino no era ya el baño, no terminaba por comprender que pasaba, hasta que un golpe de aire frio invadió su respiración y fue que vislumbro un poco la intención de Izzie, salían de la casa y en consecuencia salían de la fiesta, pero intoxicada sus reflejos que otrora fueran agiles, se tornaron lentos, pero aun así firme, Pamela retorció
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vii
La fiestaIzzie asombrada, miró la puerta, que ajena a la trivial discusión de las amigas, simplemente se agitaba a tenor de las estridentes ráfagas de sonido que salían del interior, medianamente sostenida por el orgullo Izzie mantuvo la vertical, y bañada en petulancia se irguió, y con arrogancia dio la espalda a la puerta, a la fiesta y su amiga, y con parsimonia empezó a caminar lentamente dirigiéndose a su casa, mientras a sus adentros compulsiva se exculpaba, diciéndose que de ninguna manera tendría injerencia en la suerte de Pamela, ofreciendo excusas absurdas, entonando verdades que aun que ciertas eran indiferentes a su egoísmo, tal es la forma inmoderada de beber de Pamela, que varias veces fue advertida por Izzie o la insignificante excusa de ser menos bella que ella, embebida en sus cavilaciones no cobró conciencia de su camino, hasta que un automóv
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viii
La fiestaPor un instante Izzie no supo que hacer, encrucijada se debatía entre regresar por su amiga, o en la posición mas egoísta, dejarla, pero al igual que comprendió la facilidad que le tomaría hacerlo, entendió que esa misma facilidad fue explícitamente planeada, por si acaso alguna de las dos estuviere la posición en que estaba, implícitamente cada una había confiado su integridad a la otra, más allá de que Pamela en un futuro perdonará a Izzie, ella no podría vivir con eso en su conciencia, con rabia, odiando Pamela por haberla puesto en el dilema, regresó literalmente corriendo a la fiesta, enrarecida por la furia entró empujando cuanto objeto se le interpuso, sin pensar si acaso fueran personas o tan sólo muebles, jadeando y escupiendo maldiciones finalmente en el fondo la encontró, tambaleante y pálida, Pamel
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ix
La fiestaIncrédula Izzie mira atónita la silueta en medio de la penumbra de las luminarias, se escuchan jadeos que de inmediato intuye que no son solo suyos, sin saber o comprender, ¿por qué?, el hombre acerca ligeramente el rostro a Pamela, que mareada trata de ubicar y tomar sentido a su entorno, y en un precario destello de lucidez alcanza vislumbrar al menos en parte que pasa.—Joshua —dijo entrecortada mirando a los ojos al hombre que la sostenía —me siento mal.—¡Déjala en paz!Gritó Izzie recompuesta e indignada, empuñando las manos, pero lejos de escucharla el hombre que solo atendía a Pamela le acarició la mejilla.—Me siento mal.Insistió Pamela que parecía desmoronarse, dejando caer la cabeza hacia atrás al tiempo que Izzie repetía desesperada.—¡Que la
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Epílogo
La fiestaInmersa en la obscuridad, volteaba desesperada, abriendo todos sus sentidos al máximo rastreando el mínimo indicio de su amiga, pero tan solo le respondía una tenue emisión de los luminarios, pero entonces, ahí amortiguado un pequeño sonido, tan solo fue un rumor perdido, y sin otra prueba que la esperanza, lo supo, la encontró.—Izzie.De algún lugar una voz apagada la llamaba, caminó serrando los ojos tan solo con esperanza rumbo a él, suspiró, al igual que el coche donde fue abandonada estacionada en la penumbra a unos pocos metros vio una camioneta con redilas, y una sombra tenue se columpió sesgada en su entorno, una vez mas, armada únicamente con una fe ciega, corrió, y ahí tras la camioneta en un pequeño jardín los encontró, Pamela tendida en el prado la pudo ver, su mirada vacía que
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