Libro 1

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Hector Adrian Montes Cervantes  En proceso
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Resumen
Índice

Un a un relato prosa, contado en primera persona un solo tiempo, nos narra la historia sencilla sobre una mujer, que soporta con doloroso heroísmo el escarnio voraz con el trata la homosexualidad una sociedad intolerante, y por eso ella lo enfrenta escondida viviendo el ludibrio sola, ayudada a través del amor a su pareja y sus amigos.

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i
Mi nombre es Lidia. Cuando era una adolescente sentía que era tal como las demás un poquito rebelde, muy soñadora, con altibajos en la escuela, y ya desde entonces la eterna necesidad de la mujer de sentir seguridad y protección, de aquel entonces mi eterna amiga Laura, cómplice de desventuras, la fiel y eterna discreción que acompañaba la malicia y la inocencia, aún recuerdo ese día cuando le decía con tono alegre, que Víctor me había llegado, ella se sonrojaba de envidia, pues era el chavo mas guapo del grupo, y me trataba como una reina, bueno a lo mejor ella no tenía al súper galán, pero si tenía un pretendiente, Daniel, que la rondaba, pero ella se hacía la remolona y abría de tender un cerco de hielo para él, en aquel momento ella y yo vivíamos para el hoy y el ahora, esta sensación de cotidiana comodidad hacia imperceptible los cam
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ii
Mi siguiente recuerdo, es que sollozaba en la sala, con mi calzón en las manos, mientras recordaba una y otra vez esa última mirada de Víctor, me sentía angustiada de saber que mi amor, mi pareja, mi novio, se fue, como no sabía qué hacer, llamé a la única persona en el mundo que me ayudaría sin juzgarme, a la voz de, “hacia el amor con Roberto cuando Víctor se apareció”, y sin mas preguntas Laura me dijo que la alcanzara en el parque de la escuela, apenas la vi me abrace a ella y rompí en llanto, no recuerdo haber llorado tan profunda y amargamente en toda mi vida, Laura trataba de consolarme, con los clásico, “ya pasó”, “tranquila”, que todos sabemos que esas cosas nunca han funcionado, lo que si me tranquilizó fue platicarle lo que pasó ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿con quién?, y ¿a qué Hor
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iii
El placer simplemente me domino y me atuve a las sensaciones, que se alargaron por segundos infinitos, perdida en un cálido momento de placer que junto con la confortable complacencia de la ternura una erótica sensación de entrega me dominaba sin remedio ni escape, pero aquella sutil caricia en mi mejilla lentamente me trajo a la realidad y de repente de un instante a otro, me encontré en mi sala besando a mi amiga, y la realidad se me vino encima, brinque del sofá caminando asía atrás tropezando con la mesa de centro y cayendo de espaldas patalee ligeramente alejándome de aquella visión terrorífica, Laura por un segundo me miró incrédula mientras sacudía la cabeza y trataba de acercarse, pero mi terror pudo mas y comprendiendo que ese no era el momento quiso decir algo, pero terminó por desistir y sin mas tomo su pequeño bolso y se dispuso a salir, comprendí que no pod&ia
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iv
Por un eterno instante Laura en una diáfana mirada serena y calma, lentamente dibujó una sutil sonrisa, y dudando, con miedo en un susurro se entregó a mí.—Si.Mientras nos mirábamos pensé que era una broma, que no era cierto, estaba sentada viendo a mi… ¿novia?, no me asqueaba la idea, pero era confuso, de hecho todos mis sentimientos estaban cruzados, me sentí extraña, irreal, pero finalmente y a pesar de todo me sentía feliz, una felicidad pletórica y transparente, ella igual que yo me miraba distante tal vez preguntándose ¿qué hacer?, aun sollozando no podría distinguir con fidelidad, pero si podría ver su rostro hurgando mi mirada, encontrando mi verdad, y cada vez más cerca, de sorpresa, con arrebato me dio un beso ligero en la boca, me sentí extrañada, todavía dudaba de lo que era correcto, pero estaba ya ah&ia
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v
Hasta ese día logre completar de mi la ansiedad de ser joven, me llené con la vida y me entregué, en un acto rebelde, erótico, obsceno y solitario, ese día crecí un poco mas, tome de Laura mis actos, y sentí en ella mi vida, caminé por primera vez el recorrido completo del placer, yo sé que por ser el primero, también fue el mas satisfactorio, deje de pensar y me limité a ser, a sentir, fue ese día que comprendí que la virginidad era parte del crecer, solo hasta entonces me preocupé por ella, y comprendí, ese que en su momento me pareció el concepto bizarro de “la persona indicada”, sabía que para ella, yo, era esa persona pero no era el tiempo, y me alegré que Roberto no la tomara, pues sin pensar sé la abría dado, como fue, a Laura, que la tomó sin miramientos a cambio como nadie hasta entonces, se dio solo a mí, solo
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vi
Un día abrí los ojos, y mi vida era un recuerdo lejano y triste, al reconocerme me encontré en otro mundo, para los de ahí, venía de lejos, era ese mi primer día del futuro, me sentí sola, pero para entonces aprendí a ser única, a ser una entre hombres, a caminar a su velocidad y enfrentar la vida ya sin miedo, con gente nueva a mi cargo, otra vez, como siempre en mi vida, sin creer lo que había hecho, ¡yo!, ¿directora de programación?, sentía una mescla obscura entre orgullo y miedo, mientras caminó tras el gerente regional, en medio de escritorios y ruido, de lejos se oían sofocados los rumores carroñeros prestos a la podredumbre, maliciosos auguraban mi fin antes de empezar, “es muy joven”, “es mucho departamento para una niña”, “no va a poder”, quizá porque me gustaba, a lo lejos en medio de insolencias lo escuch&
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vii
No recuerdo con fidelidad, solo tengo presente la plácida sensación de la aplacible alegría, se con fe que algún susurro del ayer se deslizó en mis sueños, y como siempre, me abandonaba a él, pero distante un impertinente rechinido, que en lo lejos parecía mi nombre, por fuerza me despertó, interrumpiendo la tibia sensación de serenidad de mi almohada, con la parsimonia de la pereza parpadee y sumida en el sopor del letargo lentamente voltee a la ventana, el brillo segador del sol sobre las cortinas me trajeron a la realidad, y un poco asustada, pero todavía aturdirá lentamente miré el reloj, me di cuenta que ya era tarde, el despertador había fallado de nuevo, la situación prevista no era nueva, así que con calma me senté en la orilla de la cama, y de nuevo el exasperante silbido siseo, pero ahora consiente la forma y fondo eran el mismo, y pude discernir las palab
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