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26 chapters
Capítulo 11
En primera línea se encontraban el alcalde, los periodistas y algunas figuras públicas junto a escritores y editores. Después se situaban los que vinieron a cualquier cosa, menos a comprar el libro. Un moderador se quedó al lado de Dallas, pero un poco retirado, casi a sus espaldas. Él fue quien comenzó con el acto.—Ahora el Señor Raymond Dallas responderá algunas preguntas que deseen hacerle en referencia a su libro, cuya firma dará inicio una vez terminadas las preguntas. Por favor, alcen la mano quien quiera tomar la palabra y espere con calma que se le señale para efectuar la pregunta. Gracias a todos.El moderador subrayó con especial énfasis al decir “en referencia a su libro”, para que los presentes no convirtieran el suceso en un circo, aunque todos allí sabían que, tarde o temprano, iba a suceder que alguien hiciera una pregunta relacionada a su
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Capítulo 12
—¿Qué quieres que haga. Recorto este pedazo y me lo llevo a mi casa?—No lo sé, no es mi lugar favorito, es el tuyo. Si fuera el mío, haría algo para que no cambie.—¿Acaso eres la capitana planeta?Ambos rieron y siguieron comiendo. Por primera vez no se sentían extraños y la vergüenza propia que sienten los desconocidos desapareció por completo.—Sabes que es un roble, ¿verdad?—¿Quién es un roble?—Tu olmo. Realmente es un roble.—¿Estás segura? Siempre pensé que era un olmo.—¡Claro que estoy segura! La asignatura que más me gusta es la biología.—¿Entonces por qué estudias sicología y no biología?María pareció avergonzarse un poco. Como si hubiese sido sorprendida en algo ilícito
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Capítulo 13
Entre la gente, las dos chicas Dallas perdieron un poco de protagonismo y se dedicaron principalmente a emborracharse sin casi hablar con su posible futuro marido salvo lo necesario, cosa que él agradeció, pero que a la gente que les rodeaba les resultó extraño al verlas muy animadas e incluso bailando entre sí, pero nunca con su galán. Ya se estaba corriendo la voz de que otra vez lo iban a dejar plantado como hicieron en la galería de arte y todos se preparaban para no perderse ni un ápice de la trama que se desarrollaba entre ellos.Sin embargo, a pesar de la evidente apatía entre Raymond y las chicas, parecía que esta vez la cita iba a decepcionar a los amarillistas, porque todo marchaba sin ningún tipo de problemas. Los pocos hombres que se acercaban a ellas eran rápidamente despachados y siempre se mantuvieron cerca los tres. Ya al final de la tertulia, fueron llamadas las chicas que mod
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Capítulo 14
—Yo soy ciudadana británica igual que usted y si no durmiera tanto no lo tendría que sacudir. ¡Si casi no puede con una mujer y quiere estar con dos! ¡Se ha visto semejante cosa!—¡Lupe! Esas son cosas que una mujer mayor no debería decir. ¿De dónde sacas esas ideas?—Del periódico, hijo, del periódico. ¡Vístase que le esperan! Y prepárese para un buen golpe. ¡No me quiero perder esto por nada del mundo!Dallas se vistió sin poder arrancarle a su empleada de lo que se trataba la sorpresa de la que hablaba. Pensaba que ya nada en este mundo le iba a sorprender y no podía presagiar que su vida daría un giro sorprendente en solo minutos. Una mujer de aspecto extranjero le esperaba sentada leyendo un periódico y un niño de unos nueve años estaba a su lado jugando con un spiner. Al acercarse, ella se puso de pie y de
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Capítulo 15
—¡Claro que voy a querer! ¿Dónde se están quedando?—En un hotel de  las afueras, los de la ciudad son muy caros…—Se quedarán en un apartamento que tengo justo en el centro. Y no discutas conmigo, tiene hasta una pequeña piscina para Jhosua. ¡Lupe! ¡Lupe!—¿Qué gritos son esos, mi hijo? ¡Perdón!... Señor.—¡Te dije que nada de señor! Lupe, te presento a Bárbara O´Donell, la madre de mi hijo Joshua. Ellos van a quedarse unos días en mi apartamento del centro. ¿Podrías ir con ellos y ver en qué les puedes ayudar?—¡No puedo aceptar eso, Dallas! Yo soy una mujer suficiente y no necesito una empleada.—Lupe no es una empleada, es como si fuera mi madre, pero más fea.—¡Eres tremendo, Raymond Dallas! ¡Claro que ir&ea
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Capítulo 16
María quería enterrarse en el suelo por la pena, pero no tenía otra opción que terminar el asunto que había comenzado. Manteniendo la cabeza agachada siguió disculpándose.—No se preocupe, señor Dallas, no asistiré a las próximas citas y ahorraré para pagar por abandonar el concurso. Y tampoco le diré nada a los medios de prensa. Puede estar seguro que no le sacaré ningún provecho.—¡No tienes que prometerme nada! Yo sé que no harás ninguna de esas cosas, ni tampoco quiero que dejes el concurso. Eres la única con la que me lo he pasado bien. Incluyendo la comida picante.—¡Yo le juro que no fue a propósito…!—Sí que fue a propósito, pero no importa, lo tenía bien merecido. Lo que no te voy a perdonar nunca es que me hicieras fregar los calderos, porque he preguntado a
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Capítulo 17
—Luego me cuentas cómo te fue con tu hijo. A propósito, ¿cómo se llama?—¡Joshua! Que conste que yo no lo decidí.—¿De qué hablas? Es un nombre bonito.—¿Quieres hablar un poco de Joshua?—No, ya hemos hablado mucho y tienes que conocerlo primero. Solo te daré un consejo. Ese niño nunca te ha tenido cerca. No le presiones mucho ni trates de imponer tu criterio y carácter demasiado rápido. Dale tiempo a que se exprese para que le conozcas bien antes de hacer valer tu condición de padre. ¿Está bien?—¿Puedo llamarte si surge algo con lo que no sepa lidiar?—¿Lo amas?—Desde el segundo que le vi.—Eso lo supera todo. Lo demás se aprende por el camino. Recuerda que nadie es perfecto, ni siquiera Raymond Dallas. Si lo amas todo saldrá bien.Leer más
Capítulo 18
La joven obedeció refunfuñando y cerró de un golpe la puerta del baño.—Si seguimos así, todo el dinero se va a tener que usar para reparar las puertas.—¡Dices cada cosas, mamá! —dijo riendo María y la madre la secundó—. Los tiempos van cambiando, mamá. Ya es normal que una niña de quince o dieciséis tenga novio.—Lo sé, mi hija, lo sé. Pero si puedo demorarlo un poco lo haré. Todo es culpa de esa maldita internet. Antes bastaba con recoger las revistas y apagar el televisor, pero ahora con un teléfono los niños pueden hacer de todo. Me da miedo.—Y seguramente a los abuelos les daba miedo el televisor. Eso es así. El mundo se transforma y hay que cambiar con él.—Déjame tu hermana a mí y ocúpate de tus problemas que ya tienes bastantes. ¿Más
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Capítulo 19
—Eh…no lo había pensado. Solo pensé en ti…no por algo específico, sino porque… tengo que dejarte, acaban de traer los suministros de la semana…te llamo luego. Que duermas bien.—¿Los suministros de la semana? ¿Un sábado por la noche? —dijo para sí misma María, colgando el teléfono.—¿Los suministros un sábado por la noche? ¿Es que no se me pudo ocurrir otra cosa más estúpida? —dijo en voz alta Dallas mirando con odio el móvil—. Se dará cuenta enseguida que es una mentira. Mejor la llamo de nuevo e invento otra cosa. ¡No, mejor no! Ella es inteligente y me enredará más todavía. Lo que debo hacer es dejarlo todo así y con suerte ella estará con sueño y no se percatará de que me puse nervioso.Dallas caminó unos pasos y se detuvo n
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Capítulo 20
No fue una sola foto, pero al fin terminaron saliendo a tiempo para el teatro. Al llegar esperaban afuera unos cuantos paparazis y dos o tres reporteros junto con algunos curiosos y fans de las celebridades. María pensó que el interés por la trama del concurso se estaba perdiendo y se alegró por ella y por Dallas, pues así tendría más tiempo para la nueva relación con su hijo y reorganizar su vida. Caminó por medio de algunos resplandores de las cámaras y entró en el teatro. Una atenta chica la llevó directamente al parco donde le esperaban Raymond y Lisa, él la saludó cariñosamente y ella le dedicó una linda e hipócrita sonrisa que devolvió sin inmutarse. Tomó asiento a la derecha de Dallas, pareciéndole un poco nerviosa.—¿Tu primera vez?—¿Tanto se me nota?—Un poco, sí. ¿Sabe
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