Índice
26 chapters
Capítulo 1
María Inés Montalvo llegó a la casa como todas las tardes, rayando la noche y con más deseos de acostarse a descansar que ponerse a realizar las tareas que tenía asignadas dentro de la familia, para que todo marchara correctamente sin que el trabajo del hogar recayera más en un miembro que en otro.Abrió la puerta y se encaminó directamente al cuarto del hermano menor. Raulito apenas tenía nueve, pero era el más inteligente de todos según los tíos, aunque solo lo veían diez o doce días al año. Inés no sabía bien por qué decían eso, pero sospechaba que era debido a que era el único varón que tuvo su querido hermano, desaparecido en los laberintos de Nueva York hacía ya una década, cuando aún Raulito estaba en el vientre de su mamá.Solo tuvo que empujar la puerta, pues nunca la cerraba por dentro.<
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Capítulo 2
Ahora fueron las dos, madre e hija, las que gritaron y se pusieron de pie, inclinándose sobre la chica, que se ponía cada vez más pequeña, tratando de evitar la furia de su familia. Luego de calmarse ante el llanto de Rebeca, la madre le preguntó en un tono más suave para calmar los ánimos.—¿Se puede saber en qué gastaste los quinientos dólares?Rebeca demoró un poco, pero al final confesó.—El mes que viene —alcanzó a decir entre sollozos—, van a dar un concierto aquí, en Londres, y es la única oportunidad en la vida que tengo para verlos en vivo.La chica no soportó más la presión y echó a llorar a lágrima tendida, con tal sentimiento que las dos acusadoras se miraron arrepentidas de presionarla tanto, ablandándose sus corazones. La madre, luego de consultar con la mirada a su hija ma
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Capítulo 3
—¿Necesita ayuda, señorita?—¡Ay! —le respondió la mujer después de golpearse la cabeza con la parte de debajo de la cama. Arrastrándose hacia atrás logró salir y, con el pelo despeinado y con telarañas colgándole del mismo, miró a la empleada con cara de pocos amigos.—¿No te enseñaron a tocar a la puerta antes de entrar?—Ya estaba abierta, señorita Kelly.—¿De modo que me conoces?—Sí, señorita, su cara está en todas las vidrieras de aquí hasta mi casa.—¡Hmm! Ya eso es algo, quizás no seas un completo desastre después de todo. Ayúdame a encontrar mi uña del medio, es rosada y tiene un diamante verde incrustado.María se inclinó y barrió con la mirada todo el piso de la habitación, mascullando
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Capítulo 4
—Pues deberías ver más televisión, sobre todo los entre tiempos de los partidos, siempre salgo allí con algún que otro comercial. ¿Sabes con quién voy a filmar uno? Pero tienes que prometer que no se lo dirás a nadie —se reclinó sobre la mesa y tapándose la boca, habló en un susurro—. Nada más y nada menos que con la empresa de entregas rápidas “Llamasón”. Saldré pateando cajas de entregas que saldrán volando y caerán en los pórticos de los clientes, pero claro, las cajas estarán vacías, de lo contrario me dolerían mucho los pies y los tengo asegurados por un millón de dólares…cada uno. ¿Entiendes?Ya María se estaba mareando del concierto del astro futbolístico cuando se le ocurrió una idea fenomenal.—¿Por qué no pedimos la c
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Capítulo 5
“No puede terminar una oración sin decir una estupidez”, pensó María mientras se quitaba la cofia y comenzaba a educar al señor en las costumbres de su nación. Ella casi no comió aunque tenía hambre. El temor a ser descubierta y el esfuerzo por recordar correctamente las cosas que sabía solo de oídas por los cuentos de su madre, pues en realidad había salido de su país de origen siendo muy pequeña, no la dejaba concentrarse en la comida. Se disculpó por no tener hambre y se incorporó a los deberes del trabajo.—Cuéntame lo que pasó en el comedor.—Nada, solo quería saber cosas de nuestro país para no hacer más el ridículo con su cita.—Querrás decir contigo.Ambas rieron pícaramente y siguieron su trabajo hablando de lo sucedido. Casi a la hora de irse una idea cruzó
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Capítulo 6
—¡No, no, no, no te preocupes por eso! ¿Sabías que en la Grecia antigua los que se sentaban a comer juntos se consideraban iguales sin importar su procedencia?Ya eso era demasiado para María, los ojos le estallaron en llamas, se paró de la mesa de un tirón con la servilleta en la mano y, luego de arrojarla violentamente, dijo casi gritando y visiblemente ofendida.—¡Sepa que yo soy su igual aunque no comamos juntos! ¡Ahora sé por qué tiene que pedirle a una empleada doméstica que le acompañe! Yo no lo necesito, yo ceno todas las noches rodeada de mi familia.Dio media vuelta y se retiró a grandes pasos, arrancándose la cofia y el delantal en el camino y arrojándolos al piso. Antes de salir por la puerta y sin voltearse le gritó:—¡Y renuncio!Dallas quedó petrificado en su lugar. Durante toda la escena no pudo
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Capítulo 7
—Así que ahora hará citas colectivas. La verdad es que no se le puede negar que se le ocurren grandes ideas, aunque sean estúpidas.—Los abogados de la revista  lo presionaron para que siguiera con lo del sorteo. Él quería salirse del asunto, o por lo menos pasar a la siguiente fase para apurar el final. Dicen que la revista está rompiendo records de venta. Me imagino que cuando estén llegando al final vendan más todavía. Todo un negocio.—¿Y qué ganaría el señor Dallas con todo esto? Yo no veo que esté muy desesperado y menos que interesado por casarse —preguntó María, pensativa.—No lo sé, pero tienes razón en eso. Lo único que hace es llevarse a las chicas a la cama y salir corriendo en la mañana, casi se puede decir que lo hace a propósito, para que ellas desistan del torneo.
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Capítulo 8
—¡Estás despedida! ¡Recoge tus cosas y lárgate! —le gritó al mismo tiempo que subía las escaleras.Después de media hora, la otra empleada le avisó a Guadalupe que el señor quería verla en sus aposentos. Ella enseguida subió a verlo. Lo encontró vestido y con la cabeza entre las manos.—Siéntate aquí, a mi lado —le dijo dulcemente.Ella se aproximó y se sentó donde él le había indicado. Le pasó la mano por la cabellera, como hacía con sus hijos cuando eran pequeños y lo atrajo hacia sí, abrazándolo y meciéndolo. Él la dejó hacer y también la abrazó, respirando profundamente y relajando el cuerpo.—¿Te puedo decir Lupe? María siempre lo hace.—Claro que sí, hijo mío, me puedes decir como quieras.
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Capítulo 9
—¿Le gusta la comida mexicana?A Dallas se le hizo un nudo en la garganta solo de recordar el pasaje en el restaurante donde sufrió el picor más fuerte de toda su vida. Con los ojos salidos de sus órbitas miró a su anfitriona sin saber qué responder, pues tenía pena de rechazar el alimento y causarle un desaire a la mujer.—¡Era una broma! Aquí todos sabemos lo que le pasó con esa cena.Dallas respiró aliviado mientras sonreía, incitado por las risas de todos en la mesa. El truco para romper el hielo funcionó y durante todo el tiempo que duró la comida estuvo respondiendo preguntas de todos y de todo tipo. A los pocos minutos de comenzar ya estaba tan relajado como si los hubiese conocido de toda la vida. Incluso sorprendió a María comiendo con las manos y hablando con la boca llena. Todo lo contrario a lo que estaba acostumbrada a ver cuand
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Capítulo 10
—¡Porque le dije que era una tradición! —respondió detrás de la puerta.La madre rió y se retiró a dormir después de cerrar bien las ventanas.El lugar escogido para la cita de tres fue un evento social. La inauguración de una exposición de obras de arte costosísimas en una de las mejores galerías de Londres. El pintor era australiano y se especializaba en el arte abstracto conceptual de vanguardia. Cuando Dallas llegó ya las chicas estaban allí conversando muy animadamente y tomando champán. Se bajó de auto deportivo y caminó con gracia entre los periodistas e invitados que se aglomeraban a la entrada del recinto hasta llegar al lado de las dos bellezas que le esperaban. A los pocos minutos se apareció el alcalde y el pintor australiano, rubio como el sol y más descuidado que un hippie de los setenta. Se apoyaba en su juventud para s
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